TESTIMONIO DE COLO MENCHACA (Somizaso, Villa Constitución, Coordinadora de oeste, Malvinas)
Después de los Cordobazos, cuando había una ofensiva de la clase obrera, se dio el fenómeno de la Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina (Somisa). Era una planta de alrededor de 4.000 trabajadores. Un sector de la planta muy importante, que era mayoría absoluta reclamaba ser parte de industria pesada, como ocurría con Altos Hornos de Zapla. Así pretendían un convenio mejor. Esto era muy sentido y el sindicato no los atendía. Eligieron una comisión y fueron a inscribir un nuevo gremio en el ministerio de Trabajo de San Nicolás. Viendo estos movimientos el Partido envió al compañero Calaos de la Plata para establecer relaciones con los compañeros que estaban haciendo asambleas extraordinarias fuera del gremio. El Partido les propuso que no se fueran de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y que trataran de discutir con el sindicato crear una nueva rama. Esto les permitía estar dentro, no dividir, y ser más fuertes. Existían ejemplos como el de la Asociación Obrera Textil (AOTRA), que tenía rama de hilados, de lana, de poliéster, ya que la tecnología iba avanzando y se creaban nuevas ramas adaptadas a nuevas tecnologías con nuevos convenios.
La
mayoría seguía adelante con crear un nuevo sindicato. Nos escuchaban, pero muy
poco. No teníamos compañeros dentro de en Somisa. La regional Capital mandó a
otro compañero que empezó a trabajar en la parte administrativa. Empezamos a
actuar en San Nicolás, a reunir a los primeros contactos. Era 1972, ya
teníamos la propuesta de formar un Frente de Trabajadores, para enfrentar al Gran Acuerdo Nacional (GAN) de Perón con los militares y las patronales. Les ofrecimos
la legalidad para que fueran candidatos. Así lo hicimos con Agustín Tosco, para que usaran
la legalidad del Partido Socialista de los Trabajadores (PST).
Se
inicia un enfrentamiento con la burocracia del gremio. José Ignacio Rucci, secretario
general de la Confederación General del Trabajo (CGT) desconfiaba de los que se organizaban por fuera del
sindicato. Él había salido de la fábrica Proto de San Nicolás. Iba los fines de semanas a visitar a su
familia con una flota de 10 o 12 coches. En ese período tenía tanto peso la
burocracia que movía su aparato con metralletas por las ventanillas. Daba
miedo verlos cuando entraban a la noche. Paraban en los prostíbulos de la zona.
Nosotros teníamos mucha venta de periódicos en esa fábrica y no veíamos que lo
quisieran. Una vez estábamos volanteábamos en una esquina a los camiones que
entraban a la fábrica, con los volantes donde denunciábamos a Perón y el pacto
social cuando una patota nos agarraron a Pepe y a mí contra un portón y nos
amenazaron. Nos gatillaban en la cabeza.
Ese
enfrentamiento con la burocracia de la UOM derivó en un episodio: una patota encontró a uno de los activistas en un teléfono público, antes de subirse a los camiones en el turno noche. Le dieron una
paliza tremenda y lo dejaron tirado sangrando. Otro gran dirigente de la
oposición que se estaba formando llamó a una ambulancia y a otros
compañeros. Quitándole la camisa
ensangrentada, la agitaba como bandera mientras se subió a los camiones que
iban a la fábrica. Allí el compañero fue pasando por las distintas secciones
agitando la ocupación de la planta. Eso se dio de hecho. Hubo una gran
ocupación. La indignación era muy grande.
El
partido envía a Juan Carlos Coral, candidato a presidente, y a Jorge Mera,
candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, a sumarse a los
trabajadores a la ocupación. Estábamos en plena campaña electoral de marzo del
73. La ocupación duró hasta que intervino el Ejército. Terminó en derrota.
Fueron despedidos los principales activistas del conflicto. El gobierno de Alejandro Agustín Lanusse se había fortalecido. Tenía el apoyo del imperialismo y el acuerdo con
Perón para las elecciones.
Lo
despidieron a Luis Gómez. y a los hermanos Ramos, muy activistas y reconocidos.
Muchos de esos compañeros escucharon con atención la propuesta de presentarse
en las listas locales del PST. Encabezó la lista como candidato a intendente Gómez, un hombre que venía del campo a la industria. Era un gran activista
que arrastró un montón de compañeros para que se formara el Frente de los
Trabajadores, un frente auténticamente obrero. Componían la lista despedidos de Somisa, de la construcción y de Luz y Fuerza.
Esa
experiencia fue fantástica. El Frente de los Trabajadores se hizo muy famoso.
Se extendió a Villa Constitución, donde había una gran concentración obrera. Yo
fui con contactos de un médico socialista. Alquilamos un local y todos los días
nos iban a reportear de los medios de prensa. El diario Norte de San Nicolás
nos hacía notas todas las semanas. A Luis lo iban a reportear. Tiempo después al periodista que lo
reporteaba lo acribillaron a balazos una patota que entró al diario. Nunca se
supo ni se investigó.
La
influencia que tenía el Frente de los Trabajadores hacía, por ejemplo, que un
dirigente de la fábrica Fiplasto de Ramallo, que hacían chapadur que se usaba
como revestimiento, fuera al local. Buscaba el periódico y nos invitaba a ir a la
fábrica, a recorrerla y hablar con los obreros. A mí no me daba el cuero para
aprovechar todo esto y organizar Ramallo. La importancia que tuvo el Frente de
los Trabajadores nos permitía construir un gran equipo, pero no lo logramos.
Con Pipo construimos un equipo de jóvenes.
Yo
tenía que formar un equipo y no tenía fuerzas para atender Ramallo. Lo mismo
ocurrió con el médico socialista, el doctor Levato de General Rojo, y tampoco pude
atender esa punta. Hicimos un acto en esa localidad donde habló un cura obrero
que había estado en Tucumán.
La
influencia también llegó al escritor Abelardo Castillo, quien vivía en
Ramallo. En una de las volanteadas me
invitó a verlo a su casa. Lo vi varias veces en su casa pero yo no tenía nivel
para discutir con él, que tenía interés en conocernos. Le interesaba lo que estábamos construyendo,
un partido obrero. El escribía y cuando yo llegaba dejaba de escribir: "Pase, compañero", me decía.
Una
tarde golpearon la puerta del local. No teníamos guardia. Entró la comisión
interna de Acindar con Alberto José Piccinini de Villa Constitución, de Santa Fe. Nos
pidieron papeles para ser fiscales. Nos decían que en la planta no había
compañeros nuestros y nos invitaban a trabajar con ellos. En ese momento tenían
enfrentamiento con Ricardo Otero, que era el ministro de Trabajo. Ellos reclamaban
elecciones libres y nunca les daban. La UOM de Villa estaba intervenida.
Piccinini era socialista, muy querido. Influenciaba a todo el cuerpo de delegados
y el hecho de no ser peronista lo ponía en la mira de los burócratas. Ellos
influenciaban sobre otros cuerpos de delegados y comisiones internas de Villa,
Metcon y Maraton. También sobre fábricas camino a Rosario como la heladera
Vilver. Rabino, que era el compañero de la dirección nacional que atendía
Rosario junto con otros compañeros de esa regional nos ayudaron a hacer un gran
acto en San Nicolás. En el acto de cierre de campaña hablaron Coral, Nora
Ciapponi y Luis. Fue muy grande. Llenamos una plaza con casi 1.000 compañeros.
Luego Rabino nos empezó a ayudar a atender Villa Constitución. Así le ayudamos
a Piccinini a hacer la lista Marrón, que le permitió recuperar la UOM de Villa
Constitución. Hubo un paro fantástico que le permitió obtener el derecho a
elecciones libres. La comisión interna nos dio brazaletes para ordenar el
tránsito de la Villa para garantizar el paro.
La
Coordinadora de Oeste. El Rodrigazo
El
Partido me pidió que fuera a trabajar en la zona oeste. Había un conflicto en
la empresa telefónica de Ciudadela donde trabajaba Beto Piñón. El compañero
empezó a venir a las reuniones. Presentó a su hermano Tito, que trabajaba en
una papelera Adamás. Era una época donde había mucho trabajo, mucho mercado
interno. Me presentó a su familia. Su padre era de una fábrica, la Cantábrica de maquinarias agrícolas. Hicimos buenas reuniones metalúrgicas donde
participaron los hermanos Piñón, su padre y compañeros del padre. También
conocimos compañeros de la fábrica Deutz, del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor de la República Argentina (SMATA), donde construimos un
equipo. Nos tenía muy calado el burócrata José Rodríguez. Nos pusieron una
bomba en el local de Morón. La bomba estropeó la puerta y el living. La dueña
lamentaba la destrucción de puerta que había hecho un ebanista. Sospechamos que
la puso la burocracia del SMATA.
Ya
estamos en el reino de Perón. Nos empezamos a hacer fuerte en Martín Amato, donde había una comisión interna que nos daba mucha bola. Ellos mandaban en la
fábrica, como si fueran parte de la gerencia. Un día estábamos volanteando con
Mirta Díaz. Vino una patota de la policía a desalojarnos y la comisión interna
nos hizo pasar a la fábrica para protegernos. Y nos invitaron a visitarla.
Tomassini era el secretario de la comisión interna.
Estábamos
en la etapa de las coordinadoras barriales. Empezaron las fábricas a pedir
aumento. Me dejaban participar a mí y a un muchacho de la Juventud Peronista (JP) Montoneros. Él
ponía en discusión las pautas programáticas del 11 de marzo. Yo lo cortaba y le
decía que era una reunión para discutir cómo pelear el salario.
El
desarrollo de la coordinadora metalúrgica barrial fue muy importante. Nosotros
teníamos trabajo en la fábrica Motores Man, en Metalúrgica San Javier de Morón,
la Cantábrica que fabricaba máquinas agrícolas, delegados en FAPESA -sucursal
de la Philips-, en la fábrica Santa Rosa y en la Yelmo, donde estaba el compañero
al que llamábamos Leche Fría, en una fábrica sueca que fabricaba tanques para
medicina.
En
aquella época era muy fácil la solidaridad entre las fábricas cuando había un
conflicto. Entonces me sugirieron que le
diéramos bola a las más pequeñas. Por ejemplo las fábricas de perfiles de
ventana. Esas se reunieron en las coordinadoras y nosotros teníamos
peso en ellas. También en las fábricas de automóviles nucleados en SMATA.
Charles Grossi de la Mercedes, en la Deutz, en la Chrysler donde trabajaba Rolo
Garmendia. Había sido del Partido Obrero (PO) y lo habíamos ganado para el Partido. Cuando sucedió el
Rodrigazo, él fue orador nuestro cuando se juntaba la gente para marchar a
Plaza de Mayo. Estábamos ya en la semiclandestinidad. Luego, durante la
dictadura, lo secuestraron pero no lo
mataron.
Charles
Grossi buscaba 50 periódicos para repartir en su fábrica Mercedes Benz donde
fue dirigente. Era un gran activista. Durante la dictadura lo secuestraron.
Está desaparecido.
Nosotros
seguíamos en la semiclandestinidad en el marco de que estábamos en la gran
movilización. Isabel había suspendido las paritarias en un mensaje por los
canales televisivos anunciando que iba a laudar sin paritarias una
recomposición salarial. Vimer, que era el secretario general de Luz y fuerza,
salió con un comunicado de prensa diciendo que lamentaba la postura de la
presidente y anunció el llamado al paro general de 36 horas de la CGT.
En
esos momentos había ocupación plena y la medida atentaba contra el mercado
interno. En el Congreso los diputados peronistas salieron a aplaudir la marcha
obrera. El Partido analizó que había un acuerdo entre los empresarios que
dependían del mercado interno y la CGT. Todos luchábamos contra la burocracia
sindical, peleábamos por $100 de aumento. Pero en ese momento hubo que dar un
volantazo para acudir al paro de 36 horas con la CGT. Costó que los compañeros
vieran que había que ir con la CGT. La interna de Yelmo, que nos esperaba con
armas en la mesa, nos escuchó y al final también salieron. Pero costó, veníamos
de decir: “Se va a acabar, la burocracia sindical” y ahora decíamos que
había que ir al paro y a la marcha con la CGT. Los Montoneros no se ubicaron en
la unidad de acción que se estaba dando con la CGT, seguían pintando contra la
burocracia. Seguían con Piñón Fijo. La
gente no les dio pelota y marchó con la CGT.
La
experiencia del Rodrigazo fue apoteótica. En la famosa esquina donde estaba la UOM, que en alguna época la dirigía
Palabra Obrera con el compañero Masmud, se juntaron muchos gremios y ahí
tuvimos como orador a Rolo Astarita, que era muy audaz. Se subió a un pilar a
hacerse escuchar. El ambiente de desborde era total y las ganas de ir a la
concentración a la que llamaba la CGT luego del paro de 36 horas era brutal. La
gente paraba los colectivos y les decía:
“Vamos a Plaza de Mayo”. Muchos iban caminando. Fue una gran
experiencia.
Finalmente
cayó López Rega y Rodrigo, pero de todos modos el gobierno ya había empezado a
girar a la derecha. El famoso volante con letras rojas de Nahuel Moreno, la
deja muy cuestionada a Isabel. Denunciamos el rumbo hacia la derecha de Isabel,
de entrega y corrupción a los planes del FMI.
En
un plenario de delegados metalúrgicos en la sede de la Asociación Obrera Textil
advertimos al activismo del giro del gobierno. Entonces habían venido algunas
tropas del Ejército a suspender y a gasear al plenario que discutía un plan de
lucha. Una carcaza de gas lacrimógeno le dio en la cabeza a la compañera Isabel, que trabajaba en Fapesa. Isabel luego cayó presa en dictadura. Cuando salió la sacamos del país y se fue a
Colombia.
El
golpe de Estado y la clandestinidad
En
el golpe de marzo del 76 estábamos preparados para que los compañeros
dirigentes se fueran de sus lugares de trabajo. Fui a hablar con Leche Fría de Yelmo, pero él
consideró que se podía quedar con sus compañeros un tiempito más. Llegó el
Ejército y se llevó a todos los delegados detenidos a la comisaría de San
Justo. Después de pasarse varios días adentro los liberaron. Lo mismo pasó con
los compañeros de Santa Rosa, en las papeleras Scolnik y demás. La mayoría nos
hicieron caso y salieron a tiempo. Teníamos un delegado chaqueño en la papelera Adamás, renunció y se fue a su provincia. Teníamos delegados en la Deutz, que renunciaron y retrocedieron en la militancia. Acusaron el golpe.
Al interior de nuestro partido se decidió que todos los rentados volviéramos a trabajar y todos los fondos iban a ir al trabajo internacional, que pasaba a ser el centro del esfuerzo militante. Había que pagar el viaje de los compañeros al exterior, instalar la dirección afuera. Yo empecé a buscar trabajo. En ese período quedaron tres gremios pataleando: Guillán de telefónicos -con paros contra el golpe-, Smith de Luz y Fuerza y Ferroviarios, con Pedraza a la cabeza. Mientras se mantuvieron estos paros no podíamos decir que ya había sido derrotado el movimiento obrero porque había resistencia en varios gremios. Pero al tiempo, Smith fue secuestrado y asesinado, y Guillán y Pedraza fueron presos.
La
línea del Partido en ese momento fue unidad de acción con la burocracia en
defensa de los sindicatos. Yo conseguí trabajo en una empresa de cartelería de
la vía pública que pertenecía al sindicato de publicidad. El sindicato estaba
dirigido por el Partido Comunistas (PC). Los militares no intervinieron ese sindicato. Yo siempre
entendí que aquel acuerdo de la cúpula del PC y la Junta Militar, por el cual
Rusia compraba el trigo de Argentina y el dirigente Fernando Nadra viajaba a Rusia, facilitó que
nuestro sindicato siguiera abierto. Había un acuerdo por arriba del PC con los
militares. Entonces me presenté a mi delegado del PC y le dije: "afiliame y
llevame al gremio". Al tiempo me permitieron participar. El trabajo fue de
sostén de varias ramas. La rama de la vía pública era la más proletaria, la
otra era la gráfica para diarios y revistas, que eran los que más ganaban.
Tenía los grandes clientes. Otra rama era la de encuestadores. Era una época
de mucha competencia entre empresas. Mi trabajo fue centralmente de
construcción. Yo construí un equipo del Partido. Los compañeros del
PC que dirigían me ubicaron en un sector donde no jodiera, en deportes.
Hicimos unos campeonatos bárbaros en el Parque Sarmiento y así manteníamos a la
gente unida al gremio. Teníamos una obra social muy buena. Luego el sindicato fue intervenido. Me
eligieron para presentar un reclamo y la patronal me avisó que me despedían. Le
pedí al sindicato que hicieran algo y no dio ni para un petitorio.
Empecé
a trabajar por mi cuenta. Estaba de moda compra y vender oro. Me pedían un
montón de carteles para anunciar ese comercio y me las arreglé. Cuando pidieron
un letrista en Aerolíneas Argentinas rendí la prueba y me tomaron. En
Aeroparque estuve casi un año y medio, pero saltaron mis antecedentes. Yo había
tenido caídas en La Plata. Fue a buscarme la policía militar. Los jefes me
dijeron que tenían buen concepto mío. Me dijeron: "Tenemos que despedirlo
porque vino orden de arriba, pero en la puerta están esperándolo la policía
militar. Vamos a decirles que usted viene al turno tarde y usted váyase luego
por atrás". Me salvaron.
La
Brigada Simón Bolívar y Malvinas
En
1979 el Partido se preparó para la Brigada internacional Simón Bolívar, para ir
a pelear en Nicaragua. Las noticias salían en los diarios con dibujos de Hermenegildo Sábat
mostrando la caída de Anastasio Somoza. Caído el dictador, hubo artículos de prensa que
decían que la conducción del Frente Sandinista opinaba que la Brigada estaba
dando pasos adelantados. En 100 días la Brigada había conformado 90 sindicatos.
Éramos una potencia. Yo me había anotado como reservista de la Brigada. Toda la
militancia se preparó para fortalecerla. Luego la Brigada fue
expulsada.
En
1982 yo trabajaba en Macabi, una asociación hebrea que tenía un campo de
deportes en zona norte y un equipo de fútbol que lo dirigía Bernaza. Ganaba muy
bien y me quedaba tiempo para militar.
Cuando llegó la guerra de Malvinas había que explicar la defensa de lo
nacional, pero al mismo tiempo reclamábamos que la conducción bélica era
un peligro y llamábamos a una conducción civil. Fue un impacto muy grande. La
gente se anotaba para ir a pelear. Yo también me anoté, como todo mi equipo, con
Piqueta. Yo vivía en Once donde había un centro municipal de aprovisionamiento.
Comprábamos galletitas para enviar a Malvinas. Una de las vendedoras que había
ahí, que era peronista y odiaba a los militares, nos ofreció el local pegado a
su casa que había sido una unidad básica peronista para reunirnos. Pusimos un
cartel: Solidaridad con Malvinas. Se reunieron muchas personas. Reuníamos a
compañeros de Luz y Fuerza de la zona, a la dueña de casa y a sus dos de sus
hijos que terminaron entrando al Partido. Hicimos pintadas contra la venida del
Papa, que venía a promover la derrota del país. Fueron famosas las pintadas que
hicimos en Capital y en toda el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). El marido era peronista, pero aceptaba que ocupáramos su unidad básica.
En
este contexto de 1982 mataron a nuestra compañera Ana María Martínez. Leopoldo Fortunato Galtieri había dicho que las urnas estaban bien guardadas. Un patrullero se
acercó a un colectivo donde yo viajaba. Se bajó un oficial con otro para
revisar los bolsos y pedirnos los documentos. Observé por primera vez que los
policías manejaban un digicom, un teléfono con conexión a una central de
inteligencia. Una novedad. Fueron dejando en libertad a los que estaban ahí a
medida que revisaban sus antecedentes. Yo venía de hacer campaña
financiera. Tenía una lista de aportantes que alcancé a triturar y tirar a un
costado. Cuando el policía consultó el digicom saltaron mis antecedentes. y me
subieron al patrullero. En un momento de distracción aproveché para escapar
corriendo. Me fui corriendo a mi casa. Pude haber sido un desaparecido
más. Punto.
Ciudad de Buenos Aires, febrero de 2026

Excelente relato de una historia que todos tendríamos que conocer ,te felicito por tu militancia y entereza
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