JIMMY
XXX
Entré a
militar en el PST en el año 73, mejor dicho, a fines del 72, al final del PRT
La Verdad en el local de Donato. Me incorporé estando en el secundario, turno
noche en el Colegio 29 de Caballito. Yo recibía el periódico, me lo pasaba un
compañero.
Había un
conflicto. En ese conflicto yo me pliego a la lucha de los compañeros que
querían desplazar a una docente de inglés. Yo estaba en francés, pero igual me
sumé. Fue una sentada en el patio de todo el colegio. En un momento vienen los
preceptores, nos corren y yo me quedé preso del preceptor que me agarró.
Después de una serie de trámites quedé fuera del colegio, en agosto. Eso me
define claramente que el capitalismo para mí ya había terminado. No concebía
que faltando tan poco me quedara afuera. De ahí en más entré directamente al
partido.
Me acuerdo
de un compañero, Malek, el que me captó. Yo le decía que estaba
estudiando, que hacía bongó, que hacía música. Él me decía; “Bueno, en
el local vas a poder hacer todo tipo de música” Dije: “yo hago decoración
de interiores”. Yo estaba estudiando eso también. Me dice: “bueno vas a
decorar”, Todo me venía como anillo al dedo, así que me metí directamente y
empecé a militar de ahí sin parar.
A partir
de ahí ingresé, antes del golpe, a otro colegio secundario. Me fui a Luján
donde estaba un compañero socialista, Sacablia. Me acuerdo de un grupito
de jóvenes, no me pude acoplar bien con ellos. Estaba la juventud guevarista
que me vino a pedir solidaridad para que les pudiera dar vivienda. Yo no solamente
era recién llegado a Luján, sino que era de otro partido. Lamentablemente a
estos compañeritos, que eran tres o cuatro jovencitos, los terminó matando la
Triple A.
Proletarización:
fundición Italveneta
Yo me
proletarizo, me voy a una fundición que se llamaba Italveneta.
Previamente estuve trabajando en un aserradero. Había unos compañeros cuyos
nombres no recuerdo hacían cabos para mandar a Cuba, ligados a la guerrilla
también. En la fábrica, trabajaba 12 horas, me fundía quedaba muerto. Así
que, llegaba a mi casa a comer y a dormir. Me acuerdo que la fábrica tenía la
puerta cortada por la mitad y letrina así que no podía estar en forma hincada
mucho tiempo. Era una fábrica bastante atrasada y con un sistema bastante
atrasado también, mucha esclavitud. Bueno, ahí decidí volverme.
Andando
por Ramos lo vi a un compañero al que llamaban “el Mujik” Era difícil encontrar
a alguien, estaba todo tabicado. El Mujik me dice: ¿Qué haces acá? Le
digo: “¿Qué quieres que me maten? por eso me vine para acá, están matando a
todos, me salvé por haber entrado a la fábrica”.
La
salteña. Primera experiencia sindical
A partir
de ahí me vuelvo a reincorporar al partido, a la actividad. Buscando trabajo
logré entrar en La Salteña porque había un compañero que no quería proletarizarse,
así que me pasó el dato a mí y fui a La Salteña, la fábrica de tapas de
empanadas. Recién habían inaugurado una fábrica cerca de Canning y
Corrientes.
Me acuerdo
que era una fábrica que a un delegado le decían “Político”. Después me
enteré que era del MR17, ligado a la guerrilla, un tipo muy muy político, muy
abierto con los compañeros, discutía de Lenin, de Marx con los proles. Los
proles en un momento lo cargaban también.
Traté de
ponerme en contacto con él. Logramos formar una célula de cinco compañeros. Ahí
estaba Pajarito Laucha, el Japonés, este compañero Político, un gran compañero.
Realizamos un montón de actividades porque empecé a organizar a los
compañeros. Llevaba 100 periódicos y vendía 90. Venían conmigo al
sindicato de pasteleros. Logré ponerme en la cabeza de todo. Esa cantidad
de compañeros, hermosos luchadores, en pleno golpe militar se acoplaron.
Yo era representante porque no se elegían delegados, así que era
representante.
A los
pocos meses logré que pusieran comedor, que se paguen viáticos, den aumento, es
decir, una serie de conquistas. La verdad, impresionante. Entonces
los compañeros me seguían a todos lados.
En
un 1ero de Mayo propongo que hagamos un acto, me plantean que estaban de
acuerdo. Como muchos de ellos vivían en un barrio, La Cabaña de Morón, y eran
carniceros, me proponen que compremos una vaca viva y que ahí la íbamos a
despostar. Acordamos hacer la actividad, al acto fueron como 300
compañeros, un desborde total. Después me costó mucho porque tuve que justificar
quién había comprado la milanesa, el cuero, cada una de las partes. Las proles
son muy hijos de su madre algunas veces, me habían tomado, me habían agarrado
ya para la chacota como decíamos nosotros. Todos los días me pedían justificar,
tenía que escribir en el baño, el gasto que había tenido en ese 1ero de Mayo.
Desde
luego los periódicos se pasaban de a uno en cajas de arroz, en paquetes de
cigarrillos. Había toda una logística para poder pasar el periódico. Yo metía
volantes también y había un paraguayo que no quería o el jefe de personal que
era uruguayo, lo odiaba. Después me enteré que, cuando al mediodía parábamos,
él agarraba los volantes y los iba a tirar debajo de la oficina de personal que
estaba en un altillo. Es decir que corría por las escaleras, subía las
escaleras corriendo, los tiraba y volvía. Después lo ganamos a este compañero
paraguayo, hacíamos las reuniones en la casa de él, en Ferrari, muy, muy
compañero, muy abnegado que salió de ahí, de la experiencia de La Salteña que fue
bastante buena.
Al año,
bueno, llegó un día, no me dejan entrar. Les digo, bueno, voy a sacar la ropa,
no, no, no. Me dijeron, acá tenemos la plata, vamos a la vuelta, al correo,
firmas y te damos toda la plata para vos. Así que bueno, después al mediodía
traté de ver si se podía hacer algo con los compañeros que estaban adentro,
pero había sido bastante complicado.
Fuimos a
hacer un piqueteo a la semana, un turno tarde, ya era de noche, a las siete y
media, ocho. El que estaba de guardia nos ve, yo me di cuenta enseguida que nos
había visto, entonces preparamos un minuto con Laucha. Íbamos caminando cuando
nos para y el pibe que me para era custodia de ahí. Llama al tipo que tenía más
antigüedad, un tipo más grande y me dice yo sé quién sos vos, Barrientos, te
voy a llevar a la comisaría. Y bueno, empezamos a caminar a la comisaría y en
la mitad de la cuadra dice bueno, mirá, a mí no me toca hacer esto, tomátela,
tómensela de acá, no los quiero ver más por acá. Y bueno corrimos, en un punto
paramos de la corrida que tuvimos, pero nos salvamos.
Ahí
termina la historia con esta fábrica que fue una experiencia, la primera
experiencia sindical obrera, con la clase trabajadora, en plena
dictadura.
(ENTEL – SEGURIDAD DURANTE LA TRIPLE A)
Bueno
después recuerdo que me encomendaron hacer un plenario de 30 compañeros
conseguimos el campo recreativo de Entel, a través de otro compañero. Tuvimos
que preparar la llegada de todos los compañeros en distintas zonas. Preparar un
asado, que era típico en estas reuniones amplias. Una vez que preparamos el
asado, se acercó una persona que trabajaba ahí, se quedó hablando, se quedaba
hablando, siguió hablando y seguían viniendo los compañeros. Lo que pasó es que
no se fue, no se fue. Se quedó, aunque tratábamos de que se vaya. Es un prole
que estaba ahí. No sabíamos si quería comer asado o qué quería hacer.
Pero, ante
la duda, tuvimos que levantar toda esa actividad que significaba no solamente
hacer un operativo de encontrar el lugar, juntar a los compañeros, hacer que
entren al lugar. Bueno, fue una experiencia que salió mal y bueno, tuvimos que
levantar la actividad. Teníamos que pensar en la seguridad, la experiencia que
tuvimos.
Y eso me
hizo acordar cuando el compañero que me captó me decía: voy a decorar el local.
Lo que realizábamos para cuidar los locales de la triple A era hacer troneras
que eran cerrar los balcones y dejar una mirilla para poder utilizarla como
forma de mirar y de tirar. Eso fue una actividad que hacíamos frecuentemente,
teníamos horarios. Me acuerdo que eran horarios de 4 o 5 horas. Los que
trabajábamos hacíamos la primera guardia y a las 12 nos íbamos. A las 10, 12
nos íbamos a acostar y nos reemplazaba la otra guardia. lo hacíamos con 38 y
también con rifle, eso teníamos para cuidar.
Bueno, fue
una experiencia interesante de mucha audacia política de parte de la dirección
y una forma de cuidar y enfrentarnos a estos grupos que nos venían hostigando y
matando compañeros. En algún momento yo también fui a comprar armas, así que
tuve bastante actividad y una actividad que me gustaba mucho.
Para
repartir los periódicos, bueno, era una actividad donde se utilizaban todos los
medios que teníamos a nuestro alcance. Nosotros teníamos a Carolina que era
bebé y debajo de ella, en medio de los pañales, llevábamos los periódicos.
varias veces nos pararon, pero bueno, era un bebé y eso ayudaba a que la
policía o el que hacía la revisación, nos perdonaba y nos dejaba seguir.
Llevábamos 20, 30 periódicos por cada bebé.
El otro
momento muy tenso, muy difícil que pasamos, fue una noche que estábamos
durmiendo en casa, yo estaba trabajando en CAMEA, esa foto que ustedes ven ahí,
era un campeonato de la UO en que participábamos y la camiseta
que teníamos era esa porque yo siempre fui de Newell’s y bueno usábamos esa
camiseta. Así una noche, estábamos mi compañera y yo, teníamos también a
Carolina que era un bebé, habíamos tenido una reunión con un compañero de la
dirección de la regional que se quedó a dormir. Bueno a las 2 de la mañana más
o menos nos golpean la puerta, era el ejército, todo rodeado estaba la casa, me
acuerdo que era en Morón, estaba todo rodeado por el ejército. Era un
suboficial el que nos vino a preguntar quiénes éramos, bueno, teníamos
preparado un minuto, lo que nos salvó, me parece, de esa situación. Es que
tanto yo como mi compañera trabajábamos en fábrica y teníamos también a
Carolina, en un momento le dije que si quiere la voy a buscar al bebé y me dijo
no, no, no. Le traje los recibos de sueldo de los dos, fabes de los lugares en que trabajábamos, yo trabajaba
en CAMEA y mi compañera en Ciccone que hacían las monedas y la plata. Estaba
Cacho, este compañero estaba durmiendo. Lo desperté y le dije mira Cacho está
el ejército y recién se despertó al mediodía. Así que logramos zafar de esa por
tener una experiencia, por tener una coherencia laboral. Pasamos unos minutos
bastante difíciles y rodeados, rodeada totalmente la casa por el ejército,
zafamos.
(CURTIEMBRE
CIDEC)
Mi otra
gran experiencia en la clase obrera ha sido en el 79 donde fui partícipe de la
lucha que se desarrolló en la curtiembre CIDEC que está en un cordón industrial
muy importante sobre la Vergara. Estaba la textil, estaba la fábrica
CIDEC que era una curtiembre donde había unos mil compañeros. Yo logro ingresar
y a los seis meses empieza un conflicto de esos que el partido decía que eran
huelgas salvajes. empieza por aumento de salarios, un quite de colaboración, lo
que significaba que no se producía, no se producía nada porque el cuero una vez
que entra al Salado que es el primer sector donde se empezaba a dividir, el
cuero tenía que seguir un proceso hasta que se terminaba, no podía pararse ese
proceso porque se arruinaba. Así que ese proceso pasaba. De ahí iba a un sector
donde se secaba el cuero (que
era el pastique), después
estaba un sector que era el planchado, donde pasaba ahí a un segundo piso.
Yo
trabajaba en una máquina que se llamaba Twinback que era un secadero que tenía
dos placas, una de cada lado y vos pegabas el cuero sobre la placa, se cerraba
automáticamente, lo secaba e iba a la otra placa y pegaba. Bueno, hacíamos ahí
todo un caballete que eran unos 100 cueros o la mitad de cada res
digamos.
Y empieza
un conflicto producto de que nosotros queríamos aumento de salarios y empezamos
a organizarnos. Me conecto con algunos compañeros. Había 11 sectores en los
cuales empezamos a elegir dos representantes por sector. Tampoco se podían
elegir delegados, elegimos dos representantes por sector, en total éramos
22. Estos 22 eran representantes de toda la fábrica y tuvimos una primera
reunión con la patronal que tuvieron que abrir un salón con una mesa muy
grande, me acuerdo, y la patronal nos recibió. Era un conflicto muy duro, el
jefe de personal venía a la máquina mía y me decía: Barrientos, cómo
arreglamos, tiene casa, tiene coche y yo le decía mire, hay que arreglar con
los muchachos, acá yo no puedo arreglar nada. Pero casi todos los días venía a
verme a la máquina para tratar de convencerme de que cambie la orientación del
conflicto que era muy, muy duro, muy difícil de levantar, muy difícil. Me
acuerdo que Pedro era el que me orientaba y me decía, bueno mirá hagamos esto,
si ves que no hay salida tirala afuera, como en un partido de fútbol, tirar
afuera o tirar al corner. Estuvimos como dos o tres meses de quite de
colaboración, no se trabajaba nada, en la fábrica no se podía terminar los cueros.
Eso dio
lugar a que el PC en determinado momento levantara a los contactos, a los
delegados que tenía, representantes que tenía y queda la mitad de la fábrica
dividida porque ellos tenían compañeros en varios sectores. Era el momento en
que el PCR publicaba un periódico, Nuestra Palabra, me parece, y en la página
central decía: estamos con la dictadura militar progresista, con una política
siniestra del Partido Comunista. El eje fue un quite de colaboración total.
Esto llevó a que yo hacía unidad de acción con la burocracia, con el sector del
sindicato del Cuero, de Morón. No eran queridos, un día los llevé a la a la
fábrica y muchos compañeros los quisieron atacar con cuchillos, los quisieron
pasar por las armas, así que los tuve que sacar a los dirigentes del Cuero, y
yo les había garantizado que no les iba a pasar nada.
CGT.
Militancia en la clandestinidad.
En esa
situación, yo paso a ser parte de la CGT en la clandestinidad que era la Cuta, donde me acuerdo que había dirigentes como Molina
de 3M, Ruiz Díaz de la papelera Scolni, había otro dirigente de Lavon que
caminaba todas las fábricas. Era un bastión muy importante porque en esa época
en esta zona de Moron y Haedo, estaba todo un cordón importantísimo de
fábricas. Cerca por Gaona estaba la Cantábrica, la fundición San Gabriel,
fábricas como Eternit, una cantidad de fábricas muy importantes, estaba Tres
Cruces y textiles también muy importantes, una concentración obrera muy
grande.
Yo
participaba en las reuniones clandestinas de la CGT, se hacían las reuniones en
escuelas, me invitaban y me llevaban y al ser el representante legal de la
fábrica tenía reuniones en el Ministerio de Trabajo donde me llamaba el coronel
o teniente coronel, no recuerdo bien. Si iba al Ministerio de Trabajo, yo tenía
que ir y dejar informados a los compañeros, porque era para convencerme de que
había que levantar el quite de colaboración. Se hacían asambleas muy grandes de
500 o 600 compañeros donde subían a una tarima y consultaba qué opinaban, si
levantábamos o no; y era no, estaban muy muy firmes. Así que seguimos hasta las
últimas consecuencias, digamos.
Y en ese
ínterin también me acuerdo que viene un capataz muy, muy hijo de **** que venía
de Citroën y me empieza a perseguir en el sector. Yo estaba en un sector de
secado, iba al baño y me seguía, me movía y me seguía, y yo era representante,
era delegado del sector y tenía que hacer actividades. Entonces le digo a un a
un compañero, un correntino, bravo el correntino, un tipo que iba de frente, no
tenía ningún tipo de problema y le digo mira, me está siguiendo para todos
lados este y dice bueno para, empieza a golpear las manos, era un sector que
tenía como un cuarto de cuadra, un galpón grandísimo y empieza a parar las
máquinas. Imagínate que estábamos en la mitad del proceso de proceso del cuero,
la mitad, es decir, que tenía que continuar de ahí por dos o tres sectores más
para poder terminarlo. Al pararse ahí se paraba toda la producción y se paraba
toda la línea de secado y terminación del cuero. Y paramos las máquinas, fue
máquina por máquina, las paró. Hicimos una asamblea, había unos 50 compañeros
en ese sector, ese turno; teníamos tres turnos, mañana, tarde y noche. Teníamos
comedor, recuerdo, nos daban un cuarto de vino y a las cinco de la mañana
podías desayunar o comer un asado. Era muy, muy lindo en ese sentido.
Y este
capataz nuevo me decía a mí que no, que tratemos de no parar. Le digo mira, acá
yo soy delegado y vos me estás siguiendo, no puede ser que hagas esto. El tipo
sudaba, transpiraba una gota que era grande como una cabeza de ajo, terrible.
Entonces hacemos una asamblea y le pedimos de reunirnos, nos reunimos con él y
otro capataz más, el otro capataz más vivo, más canchero, nos pide por
favor. Bueno, a partir de ahí seguimos trabajando, ya eran como las 7 u 8
de la tarde, nosotros salíamos a las 9. Pero a partir de ahí nos volvimos
locos, porque los tipos tenían una oficinita, los compañeros le sacaban el tubo
de luz, le ponían materia fecal en el picaporte, le gritaban en un lado, el
tipo iba y gritaban en otro, bueno lo volvían loco. Bueno ese proceso fue un
proceso muy interesante de lucha, una lucha con las características que
planteábamos en ese momento, lucha salvaje, nos terminan echando a 22.
Me acuerdo
que muchos activistas me invitaban a comer a la casa porque habían arreglado
con el capataz que lo pongan en un listado que eran los que iban a echar.
Ganamos compañeros, formamos algunos militantes. Después, a raíz de eso, yo
dirigía también la Regional Oeste junto con Beto Opinión y también
fui parte de la delegación que viaja a Colombia. Hicimos una asamblea, hicimos
un plenario en una quinta que teníamos cerca de La Serenísima. Unos 50, 60
compañeros, éramos muchísimos. Y bueno, me eligen como el primer delegado con
más votos, precisamente por todo el proceso de lucha que había tenido y había
encarado en la fábrica CIDEC.
Me echan,
bueno al año me echan. No tenía fuero sindical, no tenía nada, entonces para la
patronal era más fácil que me eche y me pague y a partir de ahí no pude entrar
en ninguna fábrica de la zona porque a cada fábrica que iba estaba el listado
ese, estaba totalmente crucificado para poder entrar en una fábrica de la zona.
Bueno, esa fue la segunda gran experiencia que tuve.
En el
ínterin que hacemos, el partido hace una misa en San Justo con la burocracia
del sindicato municipal. Recuerdo que estábamos adentro y los compañeros
plantean que íbamos a salir y cuando salgamos íbamos a cantar la consigna “se
va a acabar, se va a acabar la dictadura militar” y el peronismo cantaría las
marchas peronistas También estaban las madres de Plaza de Mayo. Bueno, salimos
y nos enfrentamos a piñas, nos agarramos a piña con la burocracia, yo me
peleo, le pego a uno una trompada y resulta que era un policía y salgo
corriendo, en vez de meterme con el grupo salgo corriendo y a la media cuadra
me paran como 200 policías y digo acá me matan, me tiré al piso que me lo
decían "tírate al piso" y digo me tapo la cabeza porque acá me
revientan y justo estaba la televisión y medios gráficos, estaba Crónica,
Diario Popular, entonces el policía que mandaba dice no, no le pegue, no le
pegue, así que no me pegaron. Me encerraron en la comisaría y bueno ahí estuve
unas cuatro horas más o menos, con el Toti Flores, me acuerdo que cayó después.
Y la verdad es que, a las 12 de la noche me dicen que bueno, que me vaya. Y no
sabía qué hacer porque estaba más seguro ahí, dentro de la comisaría, pero
bueno, me fui. Después me enteré que levantaron varias casas, la mía también,
que fue otro de los hechos que tuve en la dictadura, por suerte la saqué barata
porque intervino el partido, la
burocracia y me
liberaron rápido.
Pero
bueno, fue la segunda experiencia en el movimiento obrero que tuve y con el
partido. El partido tenía, como cuentan los otros compañeros, tenía una
inserción en el movimiento obrero muy importante, todos los compañeros nos
proletarizábamos. Eso era uno de los hechos que tenían las características de
la construcción partidaria, desde luego. También es otra cuestión, otro
factor importante de la construcción era que, cuando a nosotros nos echaban de
la fábrica, la mitad de la indemnización iba para el partido. Y nosotros
orgullosos dábamos esa plata, ya que valorábamos la construcción del partido
como un hecho muy arraigado en nuestra persona y nuestra personalidad y nuestra
abnegación por la construcción del partido. Desde luego que, cuando pasa lo de
Nicaragua yo le planteo a los compañeros, en ese momento me atendía, Mariano o
Aldo, que quería enrolarme en la Brigada Simón Bolívar, ya que estaban en ese
proceso de lucha. Ellos me plantearon que, bueno, que eso era una brigada que
se hacía con los compañeros centroamericanos.
Bueno, así
que fue una experiencia en el movimiento obrero, vuelvo a repetir, muy, muy,
muy interesante y muy importante en mi vida que me formó en la clase obrera y
me formó en cuáles eran sus principios y por la cual nosotros como morenistas
reivindicamos que sí sigue siendo el sujeto social para hacer la
revolución.
Bueno,
esto es la foto que les mostré ahí, es una foto de cuando trabajaba en CAMEA,
que tuvimos a Carolina, CAMEA Palomar, estaba en Avon y era un
campeonato de fútbol ahí con la camiseta de mi querido NOB.
Otro hecho
importante estando en la fábrica que fue el fondo de lucha en el cual se
organiza una peña que la hacemos en Bergara y Gaona, en un centro de jubilados
que había ahí, muy muy grande, lo habíamos pedido y nos lo prestaron o
alquilaron, no recuerdo. Intervinieron muchos compañeros y familiares porque
bueno, el eje era juntar plata para poder seguir ese conflicto que era bastante
difícil. Lo hicimos junto a la burocracia con la CGT en la clandestinidad, como
Lina, Ruiz Vía y otros compañeros, peronistas de la
CGT de Morón en la clandestinidad, que era la CUTA, ya se los dije y fue un
hecho muy, muy, muy importante. Porque estábamos todavía en el 79 y llegamos a
juntar 500 personas. La peña fue un éxito total, se juntó plata, muchos
compañeros participaron. Me acuerdo de un hecho que hubo a la tarde cuando
estaban preparando el tuco para las empanadas le pusieron mucha sal; el
cocinero reaccionó rápido. Eso es lo que tiene el movimiento obrero, cuando
interviene sabe responder ante cada hecho de la realidad y lo resuelve con su
experiencia, rápidamente. Ahí, el cocinero manda a comprar papas y claro,
entonces nos pusimos a pelar papas, se pusieron todos a pelar papas y, como la
papa absorbe la sal, resolvió el problema rápidamente. Por suerte él ya tenía
experiencia y conocía.
Así que
bueno, vinieron trabajadores de distintos lugares, de distintas fábricas, así
que como parte de la pelea y la lucha que tuvimos en CIE, logramos, desde luego una presencia importante en
la zona.
Con
respecto al último punto de cómo viví la caída de la dictadura y cómo. Bueno,
yo sufrí mucho el poder reestructurarme en lo que es la parte democrática
después del proceso de la dictadura porque estaba muy acostumbrado a militar en
la clandestinidad. Fueron varios años de mi vida, fueron como cinco o seis años
de mi vida militando en el proceso de la dictadura, me había adaptado, me movía
digamos con cierta tranquilidad en la clandestinidad. Cuando aparece el proceso
democrático me desubico totalmente, no veía la democracia, las luchas, no lo
lograba. Pasaron varios años, sufrí mucho, me llevó varios años de no poder
reinsertarme en el trabajo de la construcción del partido. Estuve volviendo a
entrar a fábricas, pero no logro digamos, entrar en ese proceso como entraron
otros compañeros, como fue todo el proceso del MAS. Así que bueno, me costó
mucho, mucho reinsertarme. Me costó mucho.
Vicente
López-Prov. de Bs As, 8 de marzo de 2026

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