TESTIMONIO DE CARLITOS “CABEZÓN” (Córdoba: Juventud secundaria, Allanamiento local, detención, guardias en el local, persecusión, militancia fabrica Renault, exilio en Suecia)
1)
En una clase de historia del colegio secundario, la profesora -de Vanguardia Comunista- nos propone hacer trabajos grupales de hechos históricos de nuestro siglo, y con cuatro compañeros decidimos hacer un trabajo sobre el Cordobazo. A los pocos días, la profesora y el celador de la JTP, nos invitan a hacer un curso de historia. Fue la primera vez que hice un curso de Materialismo Histórico.
Por otra parte, producto de una arenga que realicé en la formación antes de ingresar a clases contra el aumento de las cuotas y por la formación de un cuerpo de delegados para hablar con el Rector, es que a la salida una compañera me esperó y me citó a la tarde para hablar de política. Esta compañera era del LAR, (Línea de Acción Revolucionaria), una organización netamente secundaria con orientación guevarista y con un funcionamiento clandestino.
Es así que con 15 años comencé a militar en el LAR, que llegó a ser la agrupación secundaria más grande del país. Realizábamos pintadas con aerosol, volanteadas en los colegios mediante bombas lanza panfletos y actos relámpagos en el centro de Córdoba con quemas de cubiertas, volanteadas y bombas molotov, pidiendo la libertad de los presos o gritando "ni golpe ni elección, revolución". Nuestros volantes eran impresos en el Sitrac-Sitram, y luego en el Sindicato de Luz y Fuerza, dirigido por Agustín. Tosco. No nos conocíamos nuestros domicilios, todos teníamos pseudónimos. Para cada reunión, cita o encuentro, era obligación tener un ‘minuto’ o excusa en común; todas las células estaban totalmente tabicadas. Estudiábamos los clásicos dos veces por semana y determinábamos un tercer día para discutir situación política y actividades.
Ésta formación en lo que respecta a seguridad me va servir más adelante, ya que el que fue nuestro partido también se nutrió de las experiencias históricas del movimiento obrero a nivel internacional y nacional, como así también de cada una de las corrientes que militaban en el movimiento obrero.
La profesora de historia se tuvo que exiliar en México. El celador, Humberto Annone, se recibió de politólogo (UCC), fue profesor universitario de la UNC y organizó el sindicato de no docentes secundarios. Fue secuestrado y desaparecido en 1976. La compañera que me captó para el LAR fue presa política y declaró contra Luciano Benjamín Menéndez y todos los represores en la Megacausa.
Mi padre era tornero fresador y trabajaba en una fábrica del gremio del vidrio. Un domingo al mediodía vino a casa una compañera de su trabajo trayendo unos volantes de una lista de oposición a la burocracia del gremio -que, entre otras cosas, felicitaba el triunfo de la lista marrón del SMATA de René Salamanca- y le pidió a mi padre que los ingresara a la fábrica. Él aceptó y el lunes me llevó con. En el colectivo me iba explicando que nos bajaríamos separados, que lo siguiera hasta la puerta de la fábrica y repartiera los volantes a todos los que ingresaban y que luego me tomara el colectivo de vuelta; que él me estaría viendo, aunque yo no lo iba a ver.
En una reunión del LAR yo planteé por qué no íbamos a volantear las fábricas, a lo que se me respondieron que a eso lo hacían los trotskistas.
Debido a la persecuciones y detenciones de gran parte de la dirección, muchas células quedaron aisladas y sin atención. Entre ellas la nuestra. Es por esto que decidí hacer una minuta, muy débil políticamente, pero con muchas citas de Marx y de Lenin, criticando nuestra parálisis y la nula política hacia el movimiento obrero. Se venían las elecciones y nosotros seguíamos con la consigna "Ni golpe ni elección, revolución". El LAR prácticamente se disolvió y la mayoría de los compañeros se empezaron a sumar a las organizaciones armadas.
La historia del LAR está contada en el libro ‘Los niños del Cordobazo’ de Juan Ignacio González.
Yo quedé boyando y, junto con dos amigos que venían de un proceso similar con sus organizaciones -uno había roto con la Tendencia Estudiantil Revolucionaria Socialista (TERS) y el otro con el Partido Comunista Revolucionario (PCR)-, empezamos a discutir y buscar dónde organizarnos. Estos dos habían sido los máximos dirigentes del Centro de Estudiantes del Colegio Manuel Belgrano (UNC) y a los tres nos unía: "Ni golpe ni elección...".
La mamá de uno de ellos era pareja de Luis Jaroslavsky, un compañero que era del PRT (La Verdad), enviado desde Buenos Aires a ayudar a abrir la regional Córdoba. Éste nos invitó al Partido, nos llegamos los tres y nos atendió "el Negro" César Robles Urquiza. Le pedimos el programa del Partido, planteándole nuestras diferencias con la política de participar en las elecciones. El Negro, sabiendo quienes éramos, nos entregó una hoja. Él sábado, mientras el ex PCR leía a Oscar Wilde y el ex PO leía la Liberación de la mujer de Trotsky, yo me puse a leer esa hojita. Esa hojita, con once párrafos en números romanos y un título que era difícil de pronunciar, eran ‘Las Tesis de Feuerbach’. Entre los tres resolvimos volver a decirle que no entendíamos.
Nuevamente frente a César, nos explicó que esa era la política del Partido. Que la teoría había que bajar a la práctica. Que si nuestra intención era militar, podíamos discutir; pero si llegábamos a un acuerdo político y programático teníamos, que llevarlo a la práctica. Si nuestra intención era solo discutir con cada partido, ese no era el lugar. Yo acepté la propuesta, con la condición de que el Partido me explicara los fundamentos desde el marxismo-leninismo de por qué había que participar en las elecciones. El partido invirtió un enorme esfuerzo en formarme. Designó un compañero (Besti) durante tres meses para que estudiáramos juntos La Revolución Rusa, hasta que llegamos a las elecciones de la Duma y la posición bolchevique ante ella.
Una vez terminado el estudio y habiendo acordado, se organizó una charla para los jóvenes en torno a por qué debíamos participar en las elecciones. Y fui yo quien expuso y argumentó dicha política.
En 1972 me incorporé como simpatizante a la juventud secundaria del PRT (La Verdad) y posteriormente participé en el Congreso de fundación del PST, ya como militante secundario de la Juventud Socialista de Avanzada (JSA).
Me sumé a un partido con una tradición enorme en el movimiento obrero, que tenía como dirigentes a quienes habían luchado contra el golpe del 1955 editando Palabra Obrera y organizando en la clandestinidad a la vanguardia obrera contra la dictadura. Que tenía en su haber la lucha campesina de Perú con Hugo Blanco. Un partido de militantes y cuadros que había sufrido la persecución no solo de la patronales, burocracias y fuerzas represivas, sino también del stalinismo; con cuadros que se habían fogueado en el trabajo legal e ilegal.
Alrededor de julio o agosto de 1973, luego de un plenario del Frente de los Trabajadores en el que la juventud de nuestro partido fue invitada a participar como parte de su formación, marchamos hacia el centro de Córdoba, junto con los dirigentes obreros, fundamentalmente del Sitrac-Sitram, y con delegados de la fábrica de fideos Tampieri de San Francisco, que venían de realizar una pueblada por sueldos adeudados, con el saldo de cuatro muertos. Marchamos por avenida Colón hasta el diario La Voz del Interior y, cuando íbamos a comenzar un acto allí, con las palabras del Petizo Páez y los delegados de Tampieri, civiles armados comenzaron a disparar contra nosotros. Suponemos que eran de la burocracia del Gremio de la Alimentación. Yo tomé del brazo a una simpatizante que se llamaba Zulema que luego fue mi compañera. Corrimos hasta meternos en una galería y, antes de doblar para salir por otra calle, nos relajamos y empezamos a caminar despacio. Entramos a un cine y esperamos en la fila para entrar, mientras notábamos como todo se calmaba y veíamos pasar algunos compañeros. En ese momento puse en práctica lo aprendido en los años anteriores en el LAR.
2)
El 9 de octubre de 1974 fui detenido junto con el resto de compañeros que estábamos en el local partidario, por bandas de civiles y policías que allanaron el local. También fue allanado el local del Partido Comunista (PC) y del Sindicato de luz y Fuerza. Éramos más de 250 personas detenidas, golpeadas, torturadas y vejadas. Producto de esto, murió en la tortura la compañera Tita Hidalgo, delegada de comercio y militante del PC.
Durante la detención estuvimos más de 18 horas parados y, cada tanto, nos llevaban a declarar, lo que consistía en responder nuestro nombre y apellido y comenzar a recibir golpes hasta caernos en el suelo, donde éramos pateados y pisoteados.
En todo momento estuvimos vendados con pedazos o jirones de nuestras propias banderas. Al estar vendados, nos hacían caminar hasta que nos golpeábamos entre nosotros o contra las paredes. Es en esa situación que escuché al Negro César -miembro del Comité Ejecutivo del Partido-, quien me dijo cómo acomodarme el trapo que tenía en los ojos para poder ver. Si bien esto era muy beneficioso, en el momento de recibir los golpes los veías venir y te atajabas o te movías, por lo que nos golpeaban más.
Una vez puesto en libertad y con una causa penal por asociación ilícita y tenencia y portación de arma de guerra, seguimos militando.
Debido a dos bombas que nos habían puesto en el local partidario decidimos hacer guardias, aunque las mismas fueron levantadas cuando el 9 de octubre nos allanaron. Fue una confusión al principio ya que no sabíamos si eran civiles armados de la Triple A o policías de civil. A raíz de esto, el local se cerró y pasamos a la semiclandestinidad. Al mes, fue asesinado César Robles.
El 20 de febrero de 1975 entraron a la casa en que vivíamos con Zulema y otra compañera. Eran cinco civiles armados, uno con metralleta Halcón, otro con Ithaca recortada y el resto con pistolas 9 mm. En esa casa teníamos el archivo del Partido. Al notar que era inminente el ingreso, les indiqué a las compañeras que dijeran que no sabían nada y que yo me haría responsable de todo. Las compañeras sufrieron simulacro de fusilamiento mientras que yo, en otra habitación, era golpeado y obligado a explicar qué hacían allí cada libro, documentos, minutas y periódicos del Partido. Buscaban armas y preguntaban dónde las teníamos. En el LAR había aprendido que debía mantenerme firme desde un principio con que no sabía nada y dar las respuestas más ingenuas posibles. Ante cada golpe, gritaba y lloraba. Cuando me decían que yo era guerrillero, respondía que era suscripto al periódico y quien me traía el periódico era un tal Cesar Robles, quien me pidió que le guardara esas cajas porque se mudaba. Ante la insistencia que querían más datos, les dije que vivía en Barrio Empalme, y les di la dirección de un local que ya habíamos levantado. Para que me dejaran de pegar y torturar mediante el ‘submarino’, llorando, les dije que Robles tenía otro apellido: Robles Urquiza.
Evidentemente no tenían la información centralizada, ya que no sabían que Zulema y yo habíamos estado detenidos hacía tres meses.
Se fueron casi al amanecer, diciéndonos que éramos usados, y que dejáramos la casa. Lo que había aprendido hacía tres años me había servido. Pero la situación iba cambiando. A lo mejor podría haberme hecho el ingenuo e inocente como me hice y me hubiesen llevado igual, pero lo seguro era que yo no llevaba a nadie conmigo.
Y de allí en más comencé a aplicar todas las medidas de seguridad con las que me había formado entre los 15 y 16 años. Caminaba en contra mano, me metía por galerías, miraba por los reflejos en las vidrieras si alguien me seguía; si un bar me gustaba para una cita, lo estudiaba antes, pasaba en diferentes horarios para ver quiénes iban y me sentaba siempre mirando la puerta; en ocasiones, antes de una cita hacía cola en un cine y antes de pagar me retiraba y así me daba cuenta de quién lo hacía conmigo; cuando veía control policial o autos con policías de civil, actuaba con total naturalidad, me peinaba, me metía un dedo en la oreja, me sonaba la nariz o me paraba a verme la suela de los zapatos, pero nunca mirarlos a los ojos, ni prestar atención al auto o a ellos.
Durante el entierro de Agustín Tosco, en el cementerio, la policía y los fachos comenzaron a dispararnos, todos corríamos tratando de escapar del lugar, algunos buscaron refugios en casas o garajes de los vecinos, otros buscamos calles que nos sacaran de allí; corrí dos cuadras derecho y, antes de doblar por otra calle, sabía que tenía que relajarme y entrar a ella totalmente tranquilo, relajado, sin susto en la cara y sin el pecho agitado, ya que la policía te paraba, te miraba las manos para ver si las tenías pintadas por el aerosol o te ponía la mano en el cuello para sentir los latidos tocándote la yugular y así sabían si venias corriendo.
Para terminar con este punto, debido a la causa penal por el allanamiento del local y detención en octubre 1974, tuve que ir al Juzgado Federal Nº2 y al primero que vi en la barandilla como empleado fue a uno de los civiles armados que había entrado a nuestra casa el 20 de febrero. Ahí nomás, sin hacer ninguna pregunta y sin mirarlo mucho, me fui. Es decir, ese civil que trabajaba en Tribunales y probablemente formara parte de la familia judicial, era de los grupos de tareas.
3)
Hacia fines de 1975 y comienzos de 1976 decidimos dejar una casa en la que vivíamos con Zulema y un compañero paraguayo. Avisamos a la dirección que nos íbamos, ya que al frente de nuestra casa nos dimos cuenta que vivía la dirección de Poder Obrero y hacían reuniones con frecuencia. El partido nos propuso que nos quedáramos 15 días mas y que, como nos íbamos a ir, la casa sería usada para hacer una escuela de cuadros. Recién una vez finalizada, nos teníamos que ir.
Días antes de irnos, cuando ya era inminente el golpe, la compañera María de dirección nos trajo un libro de regalo. Era "Reportaje al pie de la horca" de Julius Fucík. Y estaba subrayada esa frase que le dice Josef, ya torturado, al miembro del Comité Central (CC) checo Julius Fucík: "Cuando la cabeza no quiere, no hablan ni la boca ni el culo".
Aparte de indicaciones de algunos lugares o bares donde no ir, de respetar los horarios, de lugares para citas de control y de limpiar las casas, muchas más indicaciones del orden de seguridad no tuvimos.
El golpe nos encontró a mi compañera y a mí viviendo en un departamento muy poco seguro, ya que por él había pasado media regional. La modalidad de alquiler era cada seis meses. Se sacaba un aviso en el diario y se lo alquilaba a un compañero ya asignado. De esa manera solo se cubría la compañera que era la dueña bajo el argumento de que ella no conocía ni tenía relación con los inquilinos, más que por ese aviso.
En ese mono ambiente tuvimos guardado a un compañero chileno que era perseguido y el Partido le daba protección. No podíamos preguntar nada y él tenía órdenes de no responder, no hacer ningún tipo de ruido, ni abrir ventanas mientras nosotros no estábamos.
Esa mañana del 24 de marzo nos teníamos que levantar temprano para ir a volantear Renault, llamando a "frenar el golpe con la movilización". Al prender la radio, nos enteramos que el golpe se había concretado. Entonces, camino a nuestros trabajos, fuimos dejando volantes y periódicos que teníamos para la actividad. Zulema trabajaba en el comercio y yo en una fábrica de plástico.
Debido a la caracterización del Partido de que el ascenso y la lucha contra la dictadura iba a ser diferente a los golpes anteriores y que las cúpulas sindicales encabezarían las luchas, tomamos la política de Unidad de Acción con la burocracia. La política era llenar los sindicatos con gente, ya sea por cuestiones gremiales o sindicales.
Yo comencé a activar en el Sindicato del Plástico junto con los delegados, por la modificación del convenio.
Nos fuimos de ese departamento, no solo porque ya habían pasado más de seis meses, sino que encontramos un informe de la muerte de Santucho en las escaleras. Esto nos indicaba que alguien ligado al PRT-ERP vivía allí.
Junto a la compañera dueña del departamento anterior y Zulema, que estaba embarazada, nos mudamos a un barrio nuevo, bien de clase media. Yo me levantaba y salía de casa con saco y corbata e iba haciendo la metamorfosis en el colectivo hasta llegar a fabrica. Y a la salida me sacaba el mameluco y me ponía el saco y la corbata para llegar a casa.
Comencé a estudiar tornería y al poco tiempo me fui de la fábrica de plástico y comencé a trabajar en una metalúrgica. Como lo hacía turno tarde, me permitía militar por la mañana.
Al poco tiempo dejamos esa casa y con Zulema, que ya tenía un embarazo avanzado, nos fuimos a vivir cerca de la casa de mis suegros.
Por ese entonces fue que implementamos y tratamos de copiar la experiencia de Marcelino Camacho de las Comisiones Obreras (CCOO) de España. Él, durante la época del franquismo, había recorrido todo el país, organizando campeonatos de futbol inter fábricas y de esa manera fue conociendo a los delegados y activistas, y la situación de cada lugar de trabajo; así formó las CCOO.
Tomé la tarea de ir sondeando clubes de barrios desde donde comenzar a implementar esta política. Encontré uno con su sede y personería, en el que solo había cuatro personas mayores jugando a las cartas, y les propuse si podíamos organizar los campeonatos inter fábricas con el sello de ese Club, y acordamos un porcentaje de las inscripciones. Necesitábamos la sede para las reuniones de organización y con los representantes de cada equipo de futbol, y a su vez nos servía para algunas reuniones nuestras. Ellos aceptaron y comenzamos a ir a puertas de fábricas a tomar contacto con los delegados para proponerles los campeonatos. En ese lugar llegamos hacer hasta un festival musical al que invitamos a jóvenes contactos.
Los antecedentes penales que teníamos nos obligaban a movernos con mucha discreción, aparentando llevar una vida normal o similar a la de cualquier vecino, y tomando la precaución de mudarnos constantemente. Siempre siendo muy celosos de los hábitos que habíamos adquirido en cuanto a seguridad, tanto por nosotros como por el resto. Ese tiempo lo vivíamos con mucho temor, ya que todos los días nos enterábamos de detenidos, de muertos o de desaparecidos. Y siempre con el miedo de que cualquier noche nos vinieran a buscar o que, por un descuido, fuéramos identificados. Nunca volvíamos a nuestras casas por el mismo lugar, fijándonos en cada auto estacionado de nuestra cuadra si era habitual o no.
Renault había comenzado a incorporar gente y, gracias a la experiencia adquirida en la metalúrgica, rendí para mecanizado e ingresé a la fábrica. Previo a eso, debía sortear otro problema: el de mi columna; precisamente me había exceptuado del servicio militar por problemas en la columna. Por eso, el día del examen físico que se hacía en fabrica, fue un compañero que se hizo pasar por mí.
La compañera de Mario Díaz, que trabajaba en RRHH de Renault, me avisó que en la camada de nuevos operarios para esa sección habían ingresado dos servicios. En los tres años que estuve en la fábrica, solo detecté uno que pertenecía a la Fuerza Aérea (FAA). Esto ocurrió en 1978.
Víctor, un compañero bancario, ya nos había advertido de que les pagaba la nómina a los policías y algunos cobraban dos nóminas: la de policía y la de una fábrica.
Muchos recordaran el Libro Azul, un documento de ruptura de toda la célula sindical de PO sumándose al Partido. Tal ruptura fue dirigida por Mario Díaz, quien trabajaba como operario en Renault y estudiaba física.
Mario Díaz se recibió de físico y se fue a EEUU. En 2015 fue parte del equipo (proyecto LIGO) que detectó la primera onda gravitacional, una de las teorías de Albert Einstein no demostrada. El premio Nobel de Física del 2017 fue en base a este descubrimiento.
Una vez en Renault, junto con otro compañero que también había ingresado, comenzamos a constituir una célula totalmente tabicada del resto. Todavía seguíamos con la política de unidad de acción con la burocracia, a pesar de que ya nos habían detenido toda una célula que militaba con esta política en el Sindicato de Sanidad. Fue la burocracia de este gremio, colaboracionistas de Menéndez y del III Cuerpo de Ejército, que entregó a los compañeros.
En el año 80 comencé a activar en mi sección. Organizaba campeonatos de futbol, colectas, rifas; todo tipo de actividad que me permitiera ir conociendo cada compañero. En mi sección no teníamos delegado. Para esa fecha se hace un encuentro de delegados y activistas en San Luis, con la presencia de José Rodríguez, y soy invitado. Yo participé planteando la necesidad de llevar compañeros al sindicato, y él me responde que de ninguna manera había que molestar a los compañeros.
A comienzos de 1981 la burocracia me citó en el Sindicato y me propuso ser delegado. Les dije que lo iba a pensar, que tenía otros planes, pero que me dijeran cuándo iba a ser la fecha de la asamblea para la elección del delegado. A lo cual me respondieron que no era con asamblea, sino con tres formularios. Uno para la fábrica, otro para el Ministerio de Trabajo y otro para la SIDE. Si los tres estaban de acuerdo, yo era nombrado delegado. Cuento esto para graficar qué lejos estaban de hacer unidad de acción. Por supuesto mi respuesta fue que no aceptaba.
Durante 1980 terminé el año que me faltaba de la secundaria, mientras trabajaba en la fábrica.
Antes del golpe en nuestras células votábamos quién era el responsable de conseguir una casa para la próxima reunión. En esta actividad siempre se destacó la compañera Zulema. Conseguía hacer reuniones hasta en talleres mecánicos. Llegamos hacer varias reuniones dentro de una importante iglesia de la ciudad. Creo que esa locación la había garantizado María de la Dirección Regional. Esta era una tarea muy importante en la semiclandestinidad y mucho más durante la dictadura.
Ya en el golpe era muy difícil saber cuáles eran los planes o la política a seguir de Menéndez. Hasta que descubrimos que mucha de la política a seguir era expresada en las homilías los domingos en dos iglesias, en los Capuchinos y en La Compañía de Jesús. Por un tiempo íbamos a escucharlas y hasta llegamos a ir a las reuniones de los jóvenes de esas iglesias para saber si la dictadura tenía política para organizarlos.
También recuerdo que alquilamos un salón en un importante hotel de la ciudad de Córdoba donde realizamos un plenario regional para elegir delegado para un congreso partidario, que se realizaba en Colombia. La fachada que usamos era que se trataba de una convención de ventas de un curso de inglés.
4)
La causa que ya parecía olvidada de octubre de 1974 por asociación ilícita, tenencia y portación de armas de guerra, que nos pesaba a todos los detenidos por el allanamiento del local, comenzó a moverse. La primera alarma fue al enterarme que fueron a la casa de una de las compañeras del Partido detenida junto a nosotros y no se la llevaron porque cayeron justo en pleno velatorio de un familiar.
La segunda fue cuando le hago una cita a mi hermano, que todavía vivía con mis padres, para preguntarle si había notado algo raro cerca de la casa de ellos. Me cuenta que había ido una mañana personal de civil haciéndose pasar por personal de migraciones, diciendo que había ingresado un chileno con mi nombre y apellido y esa dirección. Recordemos que continuaba el conflicto con Chile-Beagle. Preguntaron si vivía allí y mi madre dijo que no, pero que no se acordaba la dirección. Mi familia en todo ese tiempo no conocía mi domicilio, ni mi trabajo. Yo los visitaba de vez en cuando sin decirles cuándo volvería.
La tercera, cuando fui al colegio a buscar un certificado y una docente con muy buena actitud me llamó y me dijo que habían ido gente de civil a preguntar por mí. Si habían ido ahí, ya sabían mi domicilio.
Hubo dos alarmas más: fueron a la clínica donde trabajaba Zulema a pedir la dirección diciendo que eran primos que venían de lejos y que querían visitarla, pero se la negaron y le avisaron; y cuando llegaron a la casa de mis suegros y en la puerta interrogaron a un sobrino, hasta que se acercó un vecino y les dijo que no podían estar haciéndole preguntas a un menor.
Al poco tiempo teníamos un auto estacionado frente de casa con dos tipos adentro. Era un signo que nos estaban vigilando. Si íbamos a dejar nuestra hija a lo de mis suegros, nos seguían discretamente. Doy aviso al Partido, y me propusieron una atención individual en un bar cerca de la fábrica, una vez por semana. Mi situación ponía en riesgo al Partido y a cualquier compañero.
Hablo con el miembro de la Dirección Nacional en Córdoba. En ese entonces Pedro P. me plantea que él me aconsejaba irme a San Juan, que había algunos contactos. Evaluamos esta propuesta con Zulema y quedamos en responder.
Comento la situación con un viejo amigo de la infancia, militante de Juventud Peronista (JP), y me contacta con un delegado bancario de Montoneros que tenía escondido, y que trataba de hacer todo lo posible para irse del país. Y éste me pasó su contacto en Buenos Aires.
Y esto es de película: viajamos a Buenos Aires en tres oportunidades. El contacto al cual visitamos dos veces, primero yo y la segunda vez Zulema, era la embajadora de un país del norte de África -los contactos de los Montos-. Ella nos pide los datos y nos dice que volvamos en 15 días, que ella hablaría con Alfredo Bravo. La segunda vez viaja Zulema y ya Bravo había habado con Madres de Plaza de Mayo y nos esperaban. Ellos nos explicaron que de ninguna manera fuéramos a San Juan, que acababan de secuestrar y matar a Horacio Castro, reconocido compañero del Partido en San Juan. Que si los servicios ya estaban arriba nuestro, solo estaban esperando una aparición pública del Partido -aunque sea una pintada- para cobrárselas, y nosotros seríamos la moneda de cambio, por cualquier actividad pública del Partido. Que lo único que nos aconsejaban era que nos fuéramos del país vía terrestre a Brasil y que, una vez allí, pidamos asilo. Que ellos ya enviaban nuestros datos para que estén atentos de nuestra llegada.
Por más esfuerzo que hicimos y cuidados que tomamos, no debíamos seguir más en Córdoba. Tuvimos otra reunión con Pedro P. de la Dirección Nacional. Le contamos lo conversado con Bravo y las Madres e informamos nuestra decisión de irnos al exilio. Y así lo hicimos. Entre ir a una provincia donde no teníamos ni trabajo ni vivienda, preferimos irnos al exilio. Tampoco nada nos garantizaba tener trabajo en otro país, pero estaríamos lejos de las garras de la dictadura.
Tengo recuerdo de todos los compañeros de la Dirección que pasaron por Córdoba. Cómo olvidarme de Eduardo "Cabezón" Villabrille y María. Del audaz "Carloncho", siempre descontracturado y alegre; recuerdo que me citó y me explicaba que la mejor forma de camuflar los periódicos era llevarlos dentro de una caja de ravioles los días domingo, ¿quien iba a desconfiar? O de "Gardel", que en nuestra célula lo habíamos bautizado como Rafael. Recuerdo que lo sacamos de Córdoba y lo mandamos a vivir a Alta Gracia -a 36 kilómetros-. Yo viajaba a tener las reuniones con él y lo hacíamos en el Club de Ajedrez. Una vez nos fuimos a una confitería y al entrar se topa con unos ex compañeros de trabajo que lo deschavan con nombre y apellido. Otra vez, luego de visitar a Mario Díaz y como ya se había hecho muy tarde y era peligroso andar por la calle, nos metimos en un bodegón de barrio a beber y comer hasta el amanecer.
5)
La caída de la dictadura y la guerra de Malvinas la pasamos en el exilio.
Con respecto a Malvinas era difícil explicar nuestra posición, ya que los europeos pensaban que con nuestra política apoyábamos la dictadura. Había que explicar lo de apoyar el fusil sobre el hombro de (Aleksandr) Kérenski.
Con respecto a la caída de la dictadura, también estábamos en el exilio. Para nosotros fue una gran alegría y años después pudimos volver. Pero, por lo vivido en democracia y en dictadura, nunca olvidamos, que vivimos bajo la dictadura del capital.
Y con respecto a los movimientos de derechos humanos, creo que es una lástima que no se hayan impuesto tribunales populares para juzgar a todos los que participaron en el terrorismo de Estado. Otra cosa sería si los sindicatos, los cuerpos de delegados y comisiones internas de cada fábrica o gremio, los centros vecinales, los centros de estudiantes secundarios y universitarios, los hubieran juzgado. Si la clase trabajadora que derrotó la dictadura hubiese terminado la tarea juzgando a los genocidas y sus cómplices civiles, empresarios y clérigos, otra hubiese sido la historia. Y no dejarlo en manos de la justicia burguesa. Por ejemplo, opino que los obreros de Jujuy hubiesen juzgado a los Blaquier rápidamente; lo mismo que los obreros de la Ford, etc. Hasta el día de hoy tenemos personajes en la Justicia, en los sindicatos; empresarios que colaboraron con el golpe y los dictadores. Sin ir muy lejos, acá nomas en Córdoba, Eduardo Angeloz se reunía con Menéndez asiduamente.
Luego de nueve meses de espera en Brasil de un país de acogida, somos aceptados por Noruega como refugiados. Al llegar nos envían a un edificio con varios pisos y en cada habitación una familia latinoamericana exiliada. Con una cocina en común donde se acercaron dos compañeros de Bolivia y nos pusimos a conversar. Uno de ellos se llamaba Juan y me dijo que lo único que él sabía era que un "fantasma recorre el mundo y es el fantasma del comunismo", ya que cada vez que comenzaba a leer el Manifiesto Comunista en su país había un golpe militar, y nunca lo pudo terminar de leer. Bolivia tenía más golpes militares que años de democracia. Junto a él estaba Henry, presidente de la Federación Obrera Metalmecánica de Oruro. Los compañeros al preguntarnos de que partido éramos y les dijimos que del PST. Los dos se ponen de pie y nos abrazan emocionados diciéndonos "el Partido de Nahuel Moreno". Ellos eran de la Organización Socialista de los Trabajadores (OST), nuestra organización hermana de Bolivia. Nos cuentan que pronto se volvían a su país, que la compañera Pestaña, responsable de Bolivia, andaba por Europa tratando de juntarlos para volver. A su vez nos contactan con nuestro partido hermano en Suecia, La Liga Socialista.
Hago un paréntesis sobre la Liga Socialista Sueca. Esta fue formada por un compañero brasileño y chilenos que estaban exiliados -algunos venían del MIR-, hasta que tuvieron la frutilla del postre ganando un sueco que venía de la Liga Obrera Comunista (KAF, por sus siglas en sueco), del mandelismo. Con este joven, que además era jugador en el futbol sueco, se dieron la política de ir todos los días a la biblioteca del mandelismo para dialogar con algún dirigente. Es así que terminan ganando a uno de los miembros del CC mandelista. Y así comenzó su desarrollo como grupo que nació de la lucha política entre corrientes. Viajamos a Suecia y desde ese momento fuimos invitados permanentes a las reuniones del CC. El hecho de que hubiese latinos en el CC sueco nos permitió tener traductor en cada reunión. El idioma era una limitante muy grande y le dedicamos muchas horas diarias durante la semana para aprender el noruego.
Viajábamos a Estocolmo a las reuniones y volvíamos con los periódicos del Partido escritos en sueco, y los vendíamos los sábados en la plaza de la ciudad noruega donde nos habíamos instalado. Como dije más arriba, con las limitaciones del idioma y diccionario de por medio. Pero como nos solía decir el Negro César: "para un Bolchevique no hay nada imposible".
El idioma sueco, y noruego son relativamente parecidos. Yo diría casi como el español y el portugués. Requiere un poco de esfuerzo, pero lo entendían.
Zulema y yo formamos un grupo de solidaridad por Latinoamérica donde logramos organizar jóvenes noruegos interesados. Hicimos actividades por Argentina, Chile, Nicaragua, El Salvador, y también por Palestina. Eran jóvenes serios y comprometidos, aunque no querían más actividad que la de solidaridad. Una de ellas, impactada por los hechos, decidió marcharse a Nicaragua y se unió al Frente Sandinista. Con la ayuda de su madre logró trasladar a dos heridos que luego fueron operados en Noruega. Ella regresó al poco tiempo, después de que le matan a su compañero nicaragüense.
Antes de volver a la Argentina participamos de una escuela de cuadros dada por el grupo sueco en la isla de Gotland, donde unos de los puntos a tratar fueron sobre la situación internacional, tomando como base y ejemplo el proceso y cambio molecular dentro del movimiento obrero ruso, que se dio a lo largo de su revolución.
Con respeto recuerdo a los compañeros de la Liga Socialista: a Ricky, Leo, Silvia. A Antonio, que me lo encontré en el entierro de Nahuel Moreno. A Viveka, que fue una de las encargadas de decir unas palabras de despedida en ese momento.
Si el capitalismo es internacional, la lucha también lo es. Y somos parte de la clase obrera que es internacional. Y resistimos a la dictadura argentina tratando de ayudar a la construcción de la Internacional y sus secciones nacionales.

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