TESTIMONIO DE CARLOS GHIOLDI



Ingreso al Partido Socialista de los Trabajadores (PST) a finales de 1977. Provengo de una familia politizada en la cual encontramos por parte de mi padre a los dirigentes comunistas Rodolfo y Orestes Ghioldi, o al referente del socialismo democrático -altamente antiperonista- Américo Ghioldi. Así como el parentesco, por parte de mi madre, con la familia Vaca Narvaja de Córdoba, con miembros en el desarrollismo frondizista y en la conducción del peronismo montonero.


En mi hogar se veía con enorme preocupación el aumento de la violencia de ultra derecha impulsada por la Triple A, especialmente desde 1974. Por tratarse de una familia mayoritariamente "gorila", la deriva autoritaria del gobierno peronista era algo "previsto" y considerado particular de su "esencia".

Recuerdo que, al igual que en todos los lugares donde prevalecía el antiperonismo, el golpe de 1976 se consideró como un posible "alivio" contra esa “violencia política, propia de peronistas”. Más allá de esta presunción inicial, el aumento de secuestros, los masivos allanamientos, la proliferación de la desaparición de vecinos o conocidos, así como el robo de propiedades, fueron abonando un profundo odio e indignación contra la dictadura desde sus primeros días. Incluyendo la propiedad de unos parientes a cambio de "blanquear" una hija detenida por parte de la cúpula militar de la ciudad,  o el robo generalizado de fondos públicos, también de un crédito hipotecario otorgado a la organización sindical, que uno de mis tíos -Rubén Ghioldi, de los mercantiles de Rosario- dirigía.

Esa sucesión de acciones represivas, sumado a la arbitrariedad o la censura generalizada, el estado de sitio, el toque de queda, y todas esas calamidades extendidas, a pesar de mi corta edad hicieron que la bronca contra los crímenes de la dictadura fueran creciendo rápidamente. Debo aclarar que, en el momento del golpe genocida, tenía 13 años, y mi ingreso al primer año del secundario en la Escuela Superior de Comercio en ese 1976, fue acompañada con una furiosa campaña represiva dentro del establecimiento.

Esto fue generalizado en todo el sistema educativo, pero tratándose de una escuela que en el período anterior había estado altamente politizada, la presencia de servicios de inteligencia y militares controlando al estudiantado era notoria y destacada. Apenas iniciadas las clases fui testigo del secuestro de militantes de la UES a plena luz de día, en horario de salida de la escuela. Cuando se divulga la noticia de la muerte de dos de ellos en un supuesto "enfrentamiento", utilicé una clase de Instrucción Cívica para demostrar mi indignación por las mentiras esparcidas por los medios de "comunicación". Paralizada por el terror, la profesora me prohibió que siguiera hablando del tema. Esta sumatoria de circunstancias, impulsó la determinación de incorporarme a una organización política opositora, "subversiva", para enfrentar el orden establecido por los militares.


En los años superiores de la escuela, hubo un compañero militante del PST, Rogelio Chanquía, que se acercó y me aconsejó que no hiciera esos comentarios de forma tan abierta. A partir de entonces comencé a recibir periódicos o materiales del partido y participé de citas en las cuáles venía un compañero llamado “Diego”, que me explicaba algunas cuestiones y me daba respuestas a mis múltiples interrogantes sobre lo que vivíamos.

También quise contactarme con el Partido Comunista (PC) a través de un vecino. Me decidí por el PST y no por el PC por la censura que ese partido tenía contra la música de rock, la que consideraba como "penetración ideológica del imperialismo". Y por la postura más abiertamente antidictatorial que el PST asumía, sin las facetas conciliadoras que me proponía el PC. Pero, lo central fue el problema del rock, que me gustaba desde mi más remota infancia.


Un punto de discusión con el Partido, antes de ingresar, fueron las tareas. Yo creía que entrar era buscar organizar un atentado o cosas así. Hubo largas explicaciones de parte de los compañeros, me convencieron de que la lucha política, la organización del movimiento obrero y las acciones de masas hasta lograr su insurrección con una conducción política revolucionaria, serían las mejores herramientas para impulsar el final de la dictadura y del sistema.


Pasado un tiempo me incorporaron al equipo de secundarios. Había un grupo de ocho o nueve compañeros cuyos nombres estaban "tabicados". Razón por la cual a mí me llamaron Darío. Las reuniones eran quincenales o cada 20 días. Para participar recibía un llamado telefónico con un código que quería significar una esquina determinada y a una hora fijada. Me encontraba con uno de los compañeros y tomábamos colectivos a distintas direcciones para, luego de varias vueltas, llegar a una casa donde nos reuníamos bajo un "minuto" específico. Es decir, una excusa que justificara el motivo de la reunión en caso de un allanamiento o "rastrillo" que las fuerzas armadas realizaban, revisando casa por casa, en forma habitual.


Siendo muy pibe inicié mis actividades como músico y al ingresar a militar en el frente de estudiantes secundarios, según la discusión del equipo, se consideró que esa vocación, ayudaría a impulsar las actividades artísticas con las cuáles el Partido se planteaba agrupar y organizar al sector. Recordemos que producto del régimen estaba prohibido todo tipo de actividad gremial, social y política. Hasta toda reunión de más de tres personas sin autorización policial, era considerada como un "delito subversivo". Obviamente tampoco se permitía la existencia de centros de estudiantes u otra variante similar.


El evento artístico y cultural podía significar el único espacio de encuentro y socialización. El Partido proponía intervenir y desarrollar estas instancias como forma de poder desplegar la propaganda antidictatorial y la captación para la preparación de una revolución socialista, que terminara con un sistema que había llegado a impulsar estos regímenes dictatoriales, para seguir imponiendo sus políticas económicas y sociales.


Al año siguiente, en 1978, la mayoría de los compañeros del equipo habían terminado la escuela secundaria, así que casi quedé solo en el frente. Ahí le dimos fuerza a la orientación de apertura de espacios culturales de estudiantes secundarios. En el Superior de Comercio fundamos una revista escolar de expresión artística y literaria que llamamos "Parábola", que reunía una docena de pibes para su preparación. Nos incorporamos a un Taller de Teatro que había sobrevivido de la época anterior, dirigido por el prestigioso escritor Eduardo D’Anna.


De nuestro vínculo con la experiencia de Asociación de Músicos Independientes (AMI), que había impulsado el PST, quedaron contactos con grupos de música para organizar recitales y otras actividades. Estos habían sido aportados por el compañero Picun (Roberto Barandalla). Planificamos un recital de rock por el Día del Estudiante. Allí nos contactamos con otro grupo que venía haciendo una revista en el Nacional 1. Con el tiempo me enteré que había otro militante del Partido en ella.


De este tipo de actividades pudimos elaborar un padrón para la campaña financiera de 1978. Y construimos un grupito partidario de tres compañeros que se reunían con regularidad para impulsar el trabajo con los estudiantes. En él se encontraba el ahora psicólogo y artista Mariano Guzmán. Mientras tanto, participaba en el equipo de estudiantes, dentro de las más estrictas medidas de seguridad posibles. Discutíamos y seguíamos con mucha pasión la revuelta contra el Sha en Irán o el proceso de los sandinistas de Nicaragua, luchando contra la dictadura somocista. Incluso me enojé porque quise anotarme para participar en la Brigada de Combatientes Internacionales Simón Bolívar y el compañero responsable del equipo me rechazó con un chiste, en medio de las risas generalizadas de los compañeros y compañeras: "Antes de anotarse a combatir, sería bueno que le crezca el bigote en vez de esa pelusa ridícula que tiene".

También colaboramos con volanteos realizados pasando desde una motocicleta y arrojando volantes al aire, en las puertas de grandes concentraciones fabriles. Especialmente en oportunidad de conflictos laborales por el cierre de algunas fábricas, que en aquellos años proliferaban. Aunque la tarea más común, era encontrarnos en un bar con algún contacto responsable y recibir un disco con periódicos escondidos en su interior, que luego leía para la reunión y que llevaba, también escondido, para mis contactos con los que después nos juntábamos a conversar sobre el mismo.


Hicimos un recital de la primavera y pudimos juntar un grupo de estudiantes secundarios y varias bandas de rock. Eso nos permitió intentar avanzar en agrandar el padrón de contactos. Uno de mis hermanos, que también se incorporó a la militancia partidaria, encabezaba un proyecto artístico cultural: "Revista Nexo", que ampliaba las perspectivas de trabajo de agrupamiento de jóvenes.


Pero en octubre de 1978 una enorme acción represiva encarceló a decenas de compañeros y compañeras.
Esta gran caída ocurrió en un operativo de detenciones masivas, muchos ni siquiera contactos del Partido, muchos militantes de base y varios dirigentes como “Osvaldo”, quien venía de organizar un gran festival desde el frente de artistas. Con los años supe que se trataba de Luis Cuello.

Una tarde, volviendo a mi casa de la escuela, un compañero del equipo secundario me avisa que no vaya a mi casa y que al otro día tendría una cita de control en una plaza, con un compañero llamado “Máximo” que identificaría por un objeto (no recuerdo si un disco o un libro específico). Pasé la noche en el techo de un edificio céntrico gracias a la solidaridad de una compañera de escuela que era contacto del Partido. (En ese tiempo no era habitual que un pibe se quedara en la casa de una compañera de curso toda la noche). En la cita del día siguiente vino Máximo, que resultó ser Aníbal Fascendini, actual abogado y docente universitario, y me aviso que debía seguir buscándome lugar sin ir a mi casa o a la escuela y que en 24 horas nos veríamos en otro lugar.

Pasé la segunda noche, en la casa de mi patrón (hacía una changa de levantar pedidos de crema de leche en varias panaderías y un repartidor las llevaba luego). El “patrón” era el psicólogo Nicanor De Elía y el repartidor era el músico Adrián Abonizio. Nicanor se enojó mucho cuando, pasado un tiempo, se enteró que yo había estado
asilado por razones políticas y no por "peleas con mis padres", como le dije. Él tenía familiares detenidos desaparecidos y se enojó mucho porque tenía pibes chicos y consideró que los ponía en riesgo. Creo que tenía razón, pero no tenía opciones.

Debí pasar tiempo hasta que el Partido consiguiera información sobre si podía volver a mi casa o debía "levantarme". Me quedé en la sala de espera de la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital Italiano, como si estuviera esperando el parte médico de algún internado. Pude volver a mi casa, ya que según informes de los compañeros del Partido que salieron después de 72 horas de detención sin ser descubiertos, en los interrogatorios buscaban a los "hermanos Goldín", no a los Ghioldi. En el ambiente de músicos de Rosario muchos creían que yo era el hermano de Rubén Goldín, y nunca supe si una breve detención que este hoy destacado músico sufrió, tuvo algo que ver con esto.


                     

*Artículo de la revista SOMOS que reproduce bajo la forma de nota periodística el comunicado oficial del Segundo Cuerpo de Ejército sobre el “peligro subversivo” que acecha detrás de las actividades artísticas que involucran a adolescentes.


Luego de esto, para el año 1979, la juventud de la regional Rosario del partido fue “levantada”. Mi hermano mayor, que militaba en el frente de artistas debió irse de la ciudad. La mayoría de los militantes sobrevivientes a la encanada de octubre debieron irse. Recibí entonces la atención de un compañero de la Dirección Nacional que evaluó como un error que yo me fuera de la ciudad, considerando que con mi minoría de edad -aún tenía 15 años- sería complicado de explicar en cualquier parte mi presencia sin mis padres.

Ese compañero era Mario Hernández. Hoy uno de los referentes del SiPreBA. Él asumió la atención de los contactos de la juventud sueltos que quedaron en la regional durante todo ese año. Sus viajes esporádicos y reuniones sirvieron para orientar mi actividad política con todo aquello que aún manteníamos en el frente de los estudiantes secundarios: la reunión del equipo de la escuela, la revista, la vinculación con los otros colegios. Incluso tuvimos participación de una incipiente protesta contra la implementación obligatoria de uniformes en el Superior y en el Politécnico.

Con la orientación de Mario, desde el equipo de simpatizantes que tenía a mi cargo participamos de una campaña financiera por el surgimiento de los primeros organismos defensores de derechos humanos en oportunidad de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Recuerdo haber visitado con él un local en cortada Ricardone en la que nos encontramos con dos abogados. Uno de ellos, el Dr. Zapp, me era conocido porque estudiábamos con una de sus hijas en la escuela primaria. Su casa había sido volada en un atentado de la Triple A en 1975. Luego supe que el otro era el Dr. Fidel Toniolli, padre de un desaparecido y abuelo del dirigente de HIJOS Rosario y diputado Eduardo Toniolli.

Una tarea que ayudamos a realizar fue, entregar una o dos veces sobres en el consulado de Italia. Aprovechando mi corta edad, y que jugábamos al futbol en la plaza enfrente del mismo, consideraron que no levantaría sospechas.


Participando en los recitales que nos permitían ver de hacer algo para juntar a los pibes de las escuelas y luego armar el padrón de contactos, en finales de 1979 me encuentro e incorporo al grupo Cucaño. Ese particular grupo de acciones artísticas de "vanguardia", llamativamente irreverente para la época, sirvió de reducto para que ciertas ideas innovadoras sobre la producción del arte pudieran plantearse y llevarse delante. A pesar de la represión imperante, pudo expresar ciertas formas de intervención artística que han motivado que luego de tantos años de su existencia, aún genere algún interés.

Como he planteado en el film “Acha Acha Cucaracha, Cucaño ataca otra vez” del cineasta Mario Piazza, Cucaño no fue un proyecto creado por el Partido a pesar de la influencia ideológica que podíamos circunstancialmente imprimir en el mismo o de que con el tiempo y a medida que aflojaba la ferocidad represiva de la dictadura, pudimos incorporar para el partido a la mayoría de sus integrantes. Cucaño no era un proyecto partidario del PST.

Siempre agradecí la generosidad de los integrantes de ese colectivo artístico por permitirme participar y asumir tareas de responsabilidad en el mismo, ya que luego del encarcelamiento y campaña de estigmatización contra el PST en octubre de 1978, y siendo que muchos sospechaban que "en algo andaba", permitieron que participe del mismo. Aprendí muchísimo de esa experiencia y la posterior trayectoria artística o académica destacada de la mayoría de sus integrantes, demostró que, por algo ese colectivo de producción artística, dejó huella.

En mayo de 1980 ocurre una nueva "encanada" de militantes del PST, pero eran del frente sindical. Aparentemente la razón por la cual no estuvimos involucrados, sería que el agente de los servicios del Superior de Comercio que me detectó y amenazó había sido despedido y dado de baja por "conducta deshonrosa" a finales de 1979. Esto lo pude leer en un informe publicado por el gobierno de Santa Fe sobre agentes civiles de la dictadura en los años 2005 o 2006. "Salegas", que así se llamaba el agente civil que desempañaba el cargo de jefe de preceptores, me sacó del aula en ese 5to año y me dijo algo más o menos así: "Sé en lo que andás y en otro tiempo las cosas no serían así, pero ahora te digo: no te quiero ver a 10 cuadras de la escuela. Buscás tus cosas en el salón y te vas de aquí para siempre". Obviamente, le hice caso. En el mismo tiempo los alumnos del nacional que integraban Cucaño fueron expulsados del colegio por un trabajo práctico calificado de irreverente e irrespetuoso.

           


*Informe del Ministerio de Interior sobre el encarcelamiento de militantes  del PST en 1980



Como resultado de este golpe represivo perdimos todo contacto orgánico con el Partido. Quedamos realmente, a la deriva. La única vinculación posible, sería un encuentro personal muy reservado con Picun, que venía periódicamente a "firmar" en Jefatura de Policía, ya que se encontraba en libertad condicional luego de su detención y prisión. 

Creo que hasta este encuentro estaba prohibido por la seguridad del Partido. Dentro del grupo Cucaño encontré a otro militante del PST que había quedado a la deriva. Luis Alfonso, con quién decidimos organizar el trabajo político del Partido en el grupo y en el sector para cuando las condiciones permitieran que éste volviera a la ciudad. Luego me entero que este compañero tenía un encuentro personal reservado con la negra Lina Capdevila, quien también estaba en libertad condicional, luego de su prisión en Devoto.

En este complicado marco impulsamos y fuimos parte de todo aquello que el grupo Cucaño llevó adelante, e influimos en la política del grupo de impulsar espacios de coordinación como fue la Asociación de Publicaciones Alternativas (APAR), o unidades de acción con otros grupos como forma de protesta contra la censura, como fueron nuestros intentos de recrear el Encuentro de las Artes que el Partido impulsaba en Buenos Aires contra la censura, pero en la ciudad. En 1981 pudimos alquilar una casona para producir actividades artísticas, y el ser parte del funcionamiento del grupo nos permitió trabajar en la captación de la veintena de integrantes. Las acciones de Cucaño han sido analizadas en varios trabajos académicos o en filmaciones diversas, que recomendamos considerar para profundizar sobre este período. Pero no viene al caso en este informe que se ajusta a nuestra militancia partidaria.

Durante este período de falta de contacto formal con el PST, en oportunidad de impulsar un recital o una declaración contra el cierre de la Universidad de Luján, establecimos contacto con la Comisión Permanente en Defensa de la Educación (COPEDE) que encabezaba el dirigente Carlos De La Torre, del SINTER y de CTERA, organizaciones sindicales de maestros disueltas por la dictadura. Pudimos tomar contacto con un grupo de militantes que se denominaba Confederación Socialista (Federación Rosario), que se organizaba alrededor de un dirigente del Partido Socialista Argentino (PSA) que se llamaba Rubén Visconti. Este era un destacado economista y periodista que, a pesar de la censura del gobierno, podía de tanto en tanto escribir y publicar artículos críticos a las políticas económicas y sociales de la dictadura.

En ese grupo. se encontraban el compañero Eduardo Mancini (Lito) y Adalberto González. También había dos o tres más como Pendy, Mariano u Omar, que -no nos dimos cuenta en ese entonces- sospechosamente venían todos de Buenos Aires. Desde nuestra reunión -aislados y sin orientación nacional del Partido-) decidimos hacer entrismo en la Confederación Socialista Rosario para poder romper, y arrastrar militantes, cuando el Partido volviera a la ciudad.


En mayo de 1981 participamos de un acto clandestino por el 1 de mayo Día Internacional de los Trabajadores en un local de COPEDE en calle Sarmiento al 1600. El mismo servía como festejo por el triunfo de Mitterrand y los socialistas en las elecciones francesas de ese año. Recuerdo que nos llamaron poderosamente la atención las evidentes contradicciones entre el discurso oficial del enviado nacional Dr. Héctor Polino y los representantes locales Visconti y Mancini, ya que la posición anti dictatorial de estos últimos era particularmente implacable., mientras que el discurso de Polino apostaba al diálogo político con la dictadura.

No supimos hasta mucho tiempo después, que la Confederación Socialista Rosario era producto de un acuerdo con el Dr. Visconti para que, a través de militantes no conocidos, volviera a estructurarse la presencia del PST en la región. Era una situación casi cómica: hacíamos entrismo a favor del PST, en una agrupación partidaria que era un trabajo de entrismo del PST en Rosario. Muchas situaciones confusas salieron de esta cuestión.

Durante todo ese año 1981, desde la CSA participamos en reclamos contra el arancel universitario y por el ingreso irrestricto a la universidad, pudiendo captar a muchos de los integrantes de Cucaño, que paulatinamente abandonaban el arte para volcarse al frente de militancia universitaria. Luis Alfonso, Pandora, otro de mis hermanos, y una militante del PST anterior a la dictadura, que se nos acercó con un grupo de viejos contactos, la ahora Dra. Gloria Rodríguez, que se sumaron a la militancia, participaron muy activamente en esas luchas en el ámbito de la universidad.

Recuerdo que, en casa de mi madre se organizaban las reuniones con militantes de otras organizaciones partidarias, aprovechando el relativo clima de distención represivo que proliferó durante el período dictatorial del general Viola y su llamado al diálogo político. En esas reuniones participaban Rubén Giustiniani y Eduardo Di Polina del MNR, Sapo y Chivo Rossi de JP, Alfredo Di Pato de Línea, y Edgar Gutiérrez del PC. Hubo algunas expresiones públicas de protesta que se pudieron motorizar dentro de la relativa flexibilización de los mecanismos represivos, durante el interregno de Viola. Se organizaban actos relámpago en unidad con otras corrientes en la puerta de algún diario para denunciar el cobro de arancel universitario, o una volanteada rápida para denunciar la falta de presupuesto o el cierre de carreras, etc. Pudimos participar de volanteos que propusimos, recuperando lo que hacíamos desde el PST, en puerta de fábrica desde una motocicleta, con amplias medidas de seguridad para evitar ser perseguidos.

También pudimos hacer dos actos relámpagos partidarios, con volanteadas en pleno centro, uno en apoyo a FMLN de El Salvador, luchando contra la dictadura militar de ese país, y otro contra el golpe de Estado en Polonia a fines de 1981. En el último detuvieron a alguno de nuestros compañeros y Visconti se hizo encarcelar junto a ellos. Luego, de una campaña de pronunciamientos se los liberó. Tuve luego el inmenso privilegio de participar en las reuniones para organizar la movilización del 30 de marzo de 1982, realizadas en la CGT Italia, como se denominaba la Central Obrera que seguía los lineamientos de Saúl Ubaldini en Rosario. La encabezaba el dirigente sindical panadero Hugo Ortolán. Visconti insistió en que yo participara de esas reuniones porque decían que yo tenía portación de apellido y debíamos aprovechar esa circunstancia. 

Las reuniones de preparación eran realmente caóticas y no había certeza de lograr una importante participación popular en la movilización que se convocaba casi sin más medios que panfletos clandestinos y mensajes verbales. Por otra parte, ese día el centro amaneció vallado y militarizado para impedir el acceso a la plaza 25 de Mayo, que era el punto de concentración. Igualmente, desde la sede de la CGT en Italia y San Juan pudieron partir grupos organizados a los cuáles nos fuimos plegando. La fuerte e importante presencia de personas movilizadas y la ausencia de temor a las fuerzas represivas quedó marcada en la cantidad de cuadras y cuadras que se recorrió cantando "se va a acabar la dictadura militar", a pesar de los ataques de la motorizada. Con algunos compañeros de la Confederación Socialista estuvimos presentes cuando compañeros sindicalistas con gomeras pudieron tumbar a dos motociclistas y acercarnos a patearlos. Luego nos dispersamos. En esa noche en las citas de control y en el informe que recibimos en la oficina donde funcionábamos y yo manejaba el picador de esténcil y el mimeógrafo, constatamos que no teníamos detenidos y que la participación en la marcha había sido masiva.

Desde inicios del 1982 teníamos una oficina en un edificio de Córdoba y Sarmiento en el cuál pudimos montar una edición de un periódico mimeografiado del cuál editamos algunos números. También preparábamos algunos panfletos y declaraciones que podíamos repartir con cierta regularidad, ya que desde la CS podíamos contabilizar una treintena de militantes firmes.

En ese marco nos enteramos del operativo de recuperación de Malvinas por parte de la dictadura. Hubo cierta confusión inicial hasta que, en menos de 24 horas, se adoptó la línea de apoyar la recuperación, convocar a la movilización anti imperialista y denunciar más que nunca a la dictadura por el carácter claudicante y servil que asumía a pesar de sus bravatas verbales, al seguir pagando la deuda externa o permitir el funcionamiento de empresas británicas y su giro de remesas al exterior, o al no apelar a la solidaridad militar internacional de parte de países socialistas o del tercer mundo. Durante el conflicto bélico, impulsamos una movilización con la Federación Universitaria (en recuperación) y otra con la CGT Italia. Luego intentamos organizar un festival "por la soberanía en Malvinas" con el PC. Pero la visita del Papa y la línea de paz y resignación propiciada para favorecer la "rendición", nos rompió la unidad con ellos para hacer la actividad. La participación en el conflicto y la rendición de las fuerzas armadas argentinas precipitaron el final de la dictadura.

Para evitar discusiones falsas sobre caracterizaciones de ese momento solamente puedo decir que ninguna persona con un mínimo de sensibilidad podía dejar de constatar que, apenas en dos meses, aquello que antes nos costaba el encarcelamiento y la detención inmediata, ahora se podía llevar adelante. De no poder reunir más de tres personas en una esquina con riesgo de ser detenidos, a poder estampar con aerosol en las paredes consignas contra el gobierno militar. Podíamos organizar movilizaciones y protestas por diversos temas, que ahora eran reproducidos por los medios de prensa. Hicimos protestas contra la carestía de la vida a partir de la militancia en los supermercados, acompañamos los primeros reclamos públicos de la ciudad por los detenidos desaparecidos aprovechando la edad de mi madre, que se había sumado a la militancia en el Partido y había trabado amistad con María Rosa White, Darwinia Galichio, y las primeras madres de desaparecidos, que se organizaron en la ciudad. 

Actividades todas ellas inimaginables unos pocos meses antes, ahora, podíamos hacerlas. Nadie en su sano juicio podría sostener que la situación era la misma de antes. Volantear las fábricas, los barrios, en forma pública y abierta y militar abiertamente y propagandizar nuestras posiciones, eran señales indiscutibles que vivíamos una nueva situación política y social. Allí decidí abandonar el frente de artistas y pasar a militar en el frente sindical. Coincidió ello con mi ingreso a trabajar primero en una fábrica de la industria química, y luego en los supermercados SuperCoop El Hogar Obrero, en su sede central de calle Tucumán 1349 en Rosario. Nuestra idea era estructurarnos en el lugar y luchar por la organización del establecimiento y elegir delegados gremiales, luego de un tiempo prudencial de trabajo político.

En septiembre de 1982 se funda el Movimiento Al Socialismo (MAS) en un acto nacional realizado en la sala Luz y Fuerza, con la participación de todos los sectores del PST que iban paulatinamente abandonando la clandestinidad, para sumarse a esta nueva denominación. Todo esto coincide con el agónico final del régimen dictatorial. Pero es parte de otra historia.

Rosario, 21 de febrero de 2026.

Carlos Ghioldi 

*Secretario Gremial CTA (T) Rosario – 

COMISIÓN GREMIAL  - CENTRO CULTURAL DE LA TOMA

sindicalista trotskista.   (militante desde 1977)


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