TESTIMONIO DE OMAR (Regional capital. Juventud secundaria y universitaria, Mundial de Futbol, La colimba,Nicaragua, bancarios)



Me acerqué al PST en junio del 75. Un contacto del Partido me vendió una rifa en apoyo a la huelga de Villa Constitución y me dio algunas para que yo también las vendiera. Tenía 16 años. Formamos un comité de apoyo a la huelga, que venía muy dura. Eran épocas de mucha conflictividad y Villa era todo un laboratorio de lo que vendría. Empecé a participar de las reuniones como aspirante y luego me incorporé al equipo de secundarios -todo un paso-. De esa época registro la dinámica de las reuniones: discutir internacional, nacional, organizativo y las actividades. Se hacían en casas de compañeros. El Partido había recibido golpes muy duros y los locales se usaban poco. Se discutía mucho de situación internacional. Ahí me empecé a familiarizar con palabras que no conocía: Secretariado Unificado (SU), SWP, LCR. Eran épocas de la Revolución Portuguesa, así que estudiábamos mucho los cuadernillos.

Ese verano hicimos escuelas de formación: nos encerrábamos en una casa, estudiábamos por la mañana y luego íbamos a un local (creo que en Once) para discutir. Tengo buenos recuerdos de esa época: había todo un mundo por descubrir. Formamos un pequeño equipo de compañeros en mi escuela y tratábamos de organizarnos. Ya no había centro de estudiantes, pero de todos modos nos organizamos para hacer una movida, creo que por el tema de los uniformes. Las autoridades del colegio respondieron pasando por todos los cursos y acusándonos de que lo que había sucedido era “gimnasia revolucionaria”, todo un preludio de lo que vendría.

Recuerdo que íbamos a otras escuelas a piquetear y tratar de acercar compañeros. También íbamos a las fábricas a repartir volantes y tratar de vender Avanzada Socialista, nuestro periódico. Los domingos piqueteábamos en La Boca. Todavía me parece sentir el olor a tuco que salía de las casas. No recuerdo con qué frecuencia salía Revista de América, nuestra publicación internacional. En ella se analizaba la situación mundial y se debatía con otras corrientes como el SU.

Cada vez se profundizaban más las medidas de seguridad. Tengo muy presente el impacto que nos causó enterarnos del asesinato de nuestros compañeros de La Plata. Conocimos la noticia a la salida del recital de Sui Generis en el Luna Park. Habíamos ido con un grupo de compañeros y compañeras. El dolor y la bronca pegaron fuerte. Después del 24 de marzo, profundizamos las medidas que ya se venían tomando, si bien la caracterización partidaria era que la burguesía no quería un golpe de Estado. En un plenario un par de días antes del 24, la dirección planteó que no era el golpe la posibilidad más probable. Yo estuve varios días sin ir a la escuela. Mi casa era buzón. Esto es que a una determinada hora debían llamar los compañeros y confirmar que todo estaba bien. Ya nos manejábamos en la clandestinidad. Evitábamos los bares tradicionales. Cuando nos reuníamos hacíamos un minuto, que significa armar una historia breve y creíble para dar cuenta de dónde nos conocíamos y qué hacíamos allí. Era fundamental el tiempo de tolerancia en una cita. Si no venían debíamos levantar rápidamente. El periódico era Avanzada Socialista y en la JS teníamos La Chispa. Camuflábamos los materiales en cajas de cereales, de jabón, de flan, de leche en polvo, de remedio.

Cuando terminé la secundaria en Barracas pasé a militar a Secundarios Centro. Ahí conocí a compañeros que venían de Mar del Plata, una regional muy golpeada por la represión, con jóvenes desaparecidos. Recuerdo que nos habíamos hecho socios de San Lorenzo para tener un buen minuto, así que teníamos una excusa por si nos paraban y nos reuníamos en la confitería del club. Uno de los compañeros era hincha, así que íbamos seguido. ¡Pero mi amor por Independiente siguió inamovible, ja! Aunque había terminado quinto, para estructurarme volví a inscribirme en una secundaria nocturna donde habíamos tenido un buen trabajo. La mayoría de los jóvenes eran laburantes. La militancia era tratar de conformar células en los colegios y tratar de hacer reuniones. Ya en el 78 me tocaba la colimba. Si tenía alguna expectativa con el número bajo (en esa época se sorteaban los números y los más bajos se salvaban) se me esfumó rápido: saqué el 984. Después estaba el tema de la revisación médica. Me habían conseguido una crema que provocaba sarpullido y mucha picazón, pero de nada sirvió. Al final vino un compañero de la Dirección y me dijo que lo mejor era hacerla, que iba a tener instrucción para aprender a usar las armas, que más temprano que tarde íbamos a necesitar, así que me incorporé en Bahía Blanca. En ese año se produjo el conflicto con Chile sobre el canal de Beagle. Por ese motivo nos llevaron a Río Grande, en Tierra del Fuego. O sea que sí, recibí una intensa instrucción militar. 

El otro acontecimiento que me atravesó en la colimba fue el Mundial de fútbol. Recibía cartas de compañeros donde contaban los triunfos futbolísticos y que la gente celebraba en la calle. Me costaba mucho entender qué pasaba. El encierro y la distancia hacían que sintiera todo muy extraño. Obviamente en el batallón se vivía con mucha algarabía. Esto era difícil para mí, a pesar de que siempre fui muy futbolero. Cuando salí fui a militar a la Universidad. Primero en Medicina y luego en las Privadas. Se mantenía el tabicamiento y la clandestinidad. En esas épocas teníamos toda una red, una retaguardia que fue fundamental. En mi caso, la casa de mis viejos fue refugio de compañeros que habían estado desaparecidos un tiempo y luego los soltaron. En los 80 detuvieron a uno de los compañeros con los que vivía. Discutimos que no fuéramos a la casa. Dejamos pasar un tiempo y luego fue mi viejo allí. Habían allanado y era todo un revoltijo. En fin, creo que no dimensionaba del todo lo riesgoso de la situación. También había una red de ex militantes, que eran amigos del partido, y guardaban materiales o prestaban sus casas para reuniones. Estas acciones fueron muy importantes para sobrellevar esos años oscuros.

En el 78/79 se profundiza el proceso revolucionario en Nicaragua. La Liga Internacional de Trabajadores, la LIT, decide formar la Brigada Simón Bolívar para ir a combatir allí con compañeros del PST y otros partidos hermanos. Hicimos una gran campaña financiera. Fue un gran orgullo participar de ese proceso, todos nos sentíamos parte de la Brigada. El internacionalismo no era una mera declaración.

Entré a trabajar a un banco en el año 1980. Eran épocas de la plata dulce y la patria financiera, así que no fue muy complicado ingresar. El Partido tenía mucha tradición en el gremio bancario y había compañeros, pero en ese momento por el tema del tabicamiento yo no lo sabía. Mi militancia era dentro del movimiento estudiantil y, por razones de seguridad, no se mezclaban los frentes. En diciembre de ese mismo año el Partido me propuso ir a Rosario. Era una regional muy importante que había sido muy castigada por la represión. A muchos de quienes se tuvieron que ir de Rosario los conocí en Capital, en la militancia universitaria. A través de un acuerdo con Visconti, que era de la Confederación Socialista, el partido quería explorar el tema de la legalidad, armando colaterales para aprovechar los resquicios que ya mostraba la dictadura. Así que me sumé al equipo de los que ya estaban en esta ciudad desde hacía un tiempo y me estructuré de nuevo en la universidad. Eran momentos de pelea por el ingreso irrestricto y contra el arancelamiento. También de recuperación de los centros de estudiantes, como el caso de la comisión pro centro en Humanidades y Artes. Los tiempos políticos se aceleraron con la derrota de Malvinas. En setiembre del 82 se realizó en Rosario, en el auditorio de Luz y Fuerza, el lanzamiento del Movimiento al Socialismo (MAS). Empezaba otra etapa. 

Tengo la impresión que la definición de la militancia setentista como una "épica" de actos heroicos impide reflexionar, ver los errores cometidos. Por eso prefiero la idea de la ética de la militancia. Nosotros no creíamos en el "hombre nuevo" ni buscábamos atajos para la revolución. Tampoco en las acciones ejemplificadoras para aleccionar a las masas. Pero sí en esa tarea gris y cotidiana que ayudó a construir un partido que resistió a una dictadura atroz y que tuvo a muchos compañeros presos y desaparecidos. ¿Errores? ¡Un montón! Del PST y del MAS. Pero hubo una militancia desinteresada, estructurada en el movimiento obrero y estudiantil; un internacionalismo genuino; un apoyo total a las luchas de los trabajadores, que, con beneficio de inventario, tomo para mí.

Rosario, febrero de 2026


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