TESTIMONIO DE PELUSA CAP (ingreso a la JS en la UNLP, militancia en la clandestinidad, secuestro de parte de la célula, ida a Mendoza, el secuestro, la violencia de género, la cárcel)
Ingresé en la Facultad de Veterinaria de la Universidad Nacional de La Plata en el año 71, dentro del marco de una gran movida estudiantil en reclamo del curso de ingreso irrestricto y la reforma del plan de estudios de Ciencias Veterinarias. Este conflicto llega a su punto máximo a comienzos de junio de ese año, con la toma del decanato y a su decano Guillermo Gallo como rehén. Al mes siguiente se extiende a Medicina, en donde estudiantes del curso de ingreso ocupan el edificio, tomando como rehenes a las autoridades de la facultad y a algunos docentes, en reclamo de un ingreso irrestricto. Otras facultades siguieron el ejemplo de éstas, movilizándose por este objetivo.
En este contexto de gran efervescencia política y social, caracterizado no solo por importantes luchas estudiantiles sino también por un alza muy grande del movimiento obrero, comencé el curso de ingreso.
En el 73, cursando tercer año, una compañera de la facultad, me ofreció el periódico del Partido Socialista de los Trabajadores (PST), y me contactó con la Juventud Socialista de Avanzada (JSA). Yo no tenía formación política, pero me interesaba saber y tenía mucha necesidad de canalizar mis dudas e inquietudes, como también de participar. Es así como comencé a reunirme con compañeros de la JSA en el local de calle 3 y diagonal 77 y luego, a militar dentro de la Facultad de Veterinaria. Posteriormente me estructuré en Medicina, sin desatender Veterinaria.
Entre fines del 73 o principios del 74, no recuerdo con exactitud el año, hice una escuela en Capital, con Nahuel Moreno, en donde vimos las "Tesis sobre Feuerbach", en las que Marx, su autor, critica la teoría del materialismo contemplativo de Ludwig Feuerbach, contraponiéndola a la del materialismo histórico. Fue una escuela muy enriquecedora, no solo por el tema que vimos, sino también por la disciplina a la que tuvimos que ajustarnos para estudiar, ya que Moreno era muy exigente con la lectura de los textos que nos daba para su análisis.
En el 74 las bandas parapoliciales, Triple A, Concentración Nacional Universitaria (CNU), que ya a fines del 73 habían comenzado a actuar contra los activistas obreros y estudiantiles, recrudecen su accionar. El objetivo del gobierno era descabezar el activismo de vanguardia, surgido de luchas por fuera de las direcciones burocráticas. El PST, que había peleado mucho por la independencia de clase y la construcción de una coordinadora independiente, estaba en la mira de estos grupos.
Así es como el 7 de mayo del 74 la Triple A
asesina a Inocencio "el Indio" Fernández, metalúrgico de Cormasa de Pacheco, activista referente de
una lista opositora a la burocracia sindical de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM).
Más tarde, el 29 de mayo de ese año, la Triple A irrumpe violentamente en un
local del PST de Pacheco y secuestra a seis militantes que se encontraban reunidos: tres compañeras, que fueron liberadas horas más tarde, y tres que fueron
acribillados a balazos. Ellos eran Oscar Dalmasio "Hijitus" Meza obrero de Astarsa, Antonio "Toni" Moses de Wobron y Mario "Tano" Zidda, dirigente estudiantil de la Técnica 1 de
Tigre, cuyos cuerpos fueron encontrados en un descampado de Pilar. La muerte
del Indio Fernández y la Masacre de Pacheco fueron golpes muy duros para el
partido.
En agosto del 74, bajo el gobierno de María Estela Martínez de Perón, se pone en marcha la "Misión Ivanissevich" dentro del Ministerio de Educación de la Nación, cuyo objetivo fue controlar el sistema educativo, sofocando la creciente conflictividad social reinante, mediante la intervención de las universidades nacionales y la persecución de docentes, no docentes y estudiantes, ejercida principalmente a través de hechos violentos perpetrados por las bandas paraestatales. Hubo en este período una movilización muy grande en repudio a la "Misión Ivanissevich", que finalmente termina siendo derrotada.
El período comprendido entre mediados del 74 al 75 fue la antesala del golpe militar del 76, durante el cual se descabezó por completo al activismo obrero y estudiantil.
La situación
política se tornó cada vez más compleja. En el 75 dejé la actividad en la
facultad y pasé a atender algunos contactos en Bernal y Berazategui. El 5 de
setiembre del 75 asesinan brutalmente a los 8 compañeros que llevaban su
solidaridad a los trabajadores de Petroquímica Sudamericana. A partir de la Masacre
de La Plata, comenzamos a militar en la semi clandestinidad.
Antes de darse
el golpe, en enero del 76, las bandas paramilitares secuestran, torturan y
asesinan en Ensenada a otros militantes del PST: los trabajadores de Propulsora Carlos
Scafide y Salvador "el Pampa" De Laturi, que había pertenecido a la comisión interna de la UOM.
Cuando se da el golpe comenzamos a militar en la clandestinidad, organizándonos en células conformadas por un número pequeño de militantes. Desconocíamos nombres y apellidos, domicilios, lugares de trabajo. Tampoco las familias debían conocer los domicilios o con quienes vivíamos.
Pepe y yo militamos juntos en una célula compuesta por nosotros dos y tres compañeros más, Alejandro Ford, Julio Matamoros y Moniquita de Olazo, que fueron secuestrados y desaparecidos el 11 de mayo del 77. Antes de que esto ocurriera un día mi compañero, yendo en el colectivo que iba hasta la puerta de entrada a Propulsora donde trabajaba, ve que en una parada del camino sube Moniquita, se sienta con él y se ponen a charlar. El hecho dejó en evidencia dónde trabajaba Pepe, y luego de ocurrido el secuestro de los compañeros, por seguridad debió renunciar a Propulsora.
Decidimos irnos a Capital y buscar allí un trabajo y un lugar donde vivir. Yo conseguí que me tomaran en una empresa mayorista de alfombras que se llamaba Indian Carpet. Mi compañero también encontró trabajo en la administración de una sastrería. Viajábamos de La Plata a Capital con la idea de hacerlo hasta conseguir donde vivir. Pero el Partido nos propuso ir a Mendoza para rearmar la regional que había sido desmantelada por completo por los militares. Luego de pensarlo decidimos irnos.
Primero viajaba yo y una vez instalada lo haría mi compañero. Después de seguir al pie de la letra todas las indicaciones respecto a las medidas de seguridad que debía tomar para emprender el viaje a Mendoza, a fines de mayo partí. Ya en el micro, a mitad de camino los milicos lo pararon, subieron y comenzaron a requisar a todos los pasajeros. Pidieron a cada uno los documentos y revisaron todo, bolsos, carteras, paquetes, todo. Afortunadamente no detuvieron a nadie y seguimos sin más obstáculos hasta llegar. Ya en Mendoza capital busqué un hotel y desensillé. Me asusté muchísimo en un momento en que alguien, no sé si por error o no -nunca lo supe-, manoteó el picaporte de mi habitación, que yo había cerrado con llave una vez que entré. Me quedé sin aliento, esperando lo peor. Pero por suerte no pasó a mayores.
Los días siguientes los dediqué a buscar un lugar donde vivir y un trabajo. Ambas cosas se me dieron: alquilé una habitación en la casa de un matrimonio mayor, que me permitió también usar la cocina, y encontré trabajo en una sucursal de Indian Carpet, la misma empresa donde pocos días antes había trabajado en capital. Una casualidad increíble. Fui a ver a Wenchi, un compañero muy nuevo del partido y que recién terminaba la secundaria, del cual me habían dado su domicilio.
Le escribí a Pepe contándole que ya estaba instalada. Y al poco tiempo viajó él y nos reencontramos. Yo dejé la casa de los viejitos y me fui a vivir a la pensión que él había alquilado. Más tarde un compañero de mi trabajo nos contactó con un conocido suyo que alquilaba un departamento y pudimos concretar con él y mudarnos. Pepe consiguió trabajo en una fábrica metalúrgica.
Además de Wenchi había algunos otros compañeros que habían militado en el Partido pero que en ese momento estaban fundidos. Cuando llega Pepe armamos un equipo con Wenchi y comenzamos a reunirnos. Un compañero que había sido dirigente bancario y estaba preso, lo liberan en el 77 y nos envía un listado de contactos con el cual comenzamos a hacer la campaña financiera a fines del 77, comienzos del 78, para recaudar fondos para las familias de los presos políticos. En febrero de 1978 Pepe va a ver por segunda vez a uno de los contactos del listado, Luis Aguirre, que en esta oportunidad tampoco lo puede atender. Al salir a la calle lo estaban esperando unos tipos que lo encañonan con pistolas en la cabeza y se lo llevan al D2 (Departamento 2 de Inteligencia), que funcionaba como centro de detención y tortura.
Al mediodía yo salgo de mi trabajo, voy al departamento a comer y descansar hasta la hora en que tenía que volver. Mientras busco las llaves en la cartera para abrir la puerta observé con extrañeza que la vecina tenía un poco entreabierta la puerta de su departamento. Al mismo tiempo escuchaba que alguien subía las escaleras a todo da, hasta que de pronto siento que me empujan con fuerza hacia adentro de mi departamento, la puerta obviamente ya estaba abierta, y me encuentro con un montón de milicos revisando todo. No entendía qué había pasado.
No recuerdo si fue ese mismo día o al siguiente que nos dimos cuenta con Pepe de que estábamos encerrados en diferentes celdas pero en el mismo lugar. Y así empezamos en voz baja a relatarnos lo que le había sucedido a cada uno.
Estuvimos allí
varios días, no sé si siete o diez hasta que recibimos un paquete con frutas.
Eso fue una señal de que nos estaban buscando y de que habían dado con
nosotros.
Mi suegro, mi papá y mi hermano viajaron a Mendoza y se movieron hasta que lograron que les dijeran sobre nuestro paradero. El primer lugar al que fueron cuando llegaron a Mendoza fue a nuestro departamento. Allí se llevaron una gran sorpresa al verlo invadido por milicos, algunos de los cuales estaban haciendo un inventario de nuestras cosas a máquina, otros saliendo del departamento con valijas, en fin. Preguntaron sobre nosotros, dónde estábamos y les respondieron que no tenían esa información. Y ahí comenzó una peregrinación hasta localizarnos en el D2 donde se comunicaron con nosotros a través de los paquetes con frutas. Creo que fue al día siguiente que nos trasladaron a la Penitenciaría.
Cuando entré al pabellón previamente me recibe una mujer que me saca una foto y toma mis datos. Yo estaba desbastada. Le pregunté si ahí también pegaban y torturaban y me respondió con una mirada. En el pabellón de mujeres las presas políticas no estábamos solas, lo compartíamos con las presas comunes, pero no podíamos tener contacto ni físico ni verbal con ellas. No obstante, nos ingeniábamos para que nos pasaran información o algún diario. No nos permitían ver la televisión que estaba en el comedor ni escuchar radio. Podíamos tener visitas de nuestros padres. También venía un cura bastante piola que nos traía diarios de contrabando, camuflados como envoltorios de cosas que él nos daba, sin que se enteraran las celadoras.
Estuvimos encerrados en este lugar hasta que nos pasaron a disposición de la justicia federal. El papá de mi compañero pagó una fianza y el juez nos liberó el 20 de agosto del 78. De ahí en más, con autorización del juez, volvimos a La Plata y nos enjuiciaron, dándonos dos años de prisión bajo libertad condicional.
Cuando nos
dieron la libertad y volvimos al departamento para preparar la mudanza, pudimos
comprobar que lo habían saqueado los milicos, tal como lo habían observado
nuestros familiares al caer de improviso esa mañana.
Con Pepe seguimos juntos, al principio nos costó superar los miedos. Conseguimos trabajo y construimos una familia, que fue el refugio que en un principio nos ayudó a reconstruirnos a nosotros mismos. Pasado el tiempo, en el 83, a Pepe lo toman nuevamente en Propulsora, y decide acercase al MAS interesado en volver a militar. Yo no seguí militando, solo acompañé. Pero ninguno de los dos nunca abandonamos nuestras ideas políticas. Muy por el contrario, creo que la experiencia vivida hizo que las fortaleciéramos aún más.
La Plata, marzo de 2026



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