TESTIMONIO DE SILVIA ROSA "CHU" (Juventud secundaria y universitaria. Embarazo. Clandestinidad. Detención, Tortura. Violencia de género. Nacimiento de hijo. Devoto. La Comisión interamericana de Derechos Humanos)

 




En 1973 yo estaba en la escuela secundaria por entrar a Humanidades y Arte para seguir psicología. En esos tiempos la discusión era de una efervescencia impresionante. Yo estaba en el Normal 1 de Rosario, pero a su vez se organizaban reuniones de gente externa y empezamos a discutir cuestiones que tenían que ver con la izquierda. Mi padre era peronista y al entrar a la universidad se abrió una puerta ligada a todas mis inquietudes personal y colectivas. Fue como una explosión de las relaciones humanas. Queríamos saber a partir de un volante que se repartía dentro de la universidad dentro de las aulas y en cada momento. Para alguien que venía de una familia de trabajadores, papá telegrafista y mamá ama de casa, entrar ahí era impresionante. La necesidad de saber todo. Comienza la lectura. Pero no solo la lectura de Marx Lenin o Trotsky si no la lectura de todo porque había que discutir con el peronismo, con todas las organizaciones que estaban en la universidad, radicales peronistas, con todos. Para mí, marca lo que significa la distancia 70. Que tiene que ver con ese espacio que se abre. Esa fusión generalizada donde se transformaba el patio de la universidad. Los corredores de la universidad, las clases prácticas de psicología, clases prácticas de filosofía que se transformaban en verdaderas discusiones políticas entre diferentes fuerzas y con un nivel político. Ese momento era apasionante Era imposible no entrar en esa marea. A parte nosotros desde la izquierda empezamos con el descubrimiento por ejemplo de las primeras feministas que disputaban el territorio Leíamos a Eveleen Reed hasta las técnicas sexuales de Master y Johnson. Estaba todo en disputa. Se venía con una tradición rupturista desde el año 1969 hasta acá. Todo esto dio como resultado esto entrar a la militancia.

 

La década del 70 te arrastraba. Todo esto que ahora hablamos de la marea verde en ese momento era una marea multicolor Era algo impresionante. Por ejemplo, lo que sucedió con el golpe en Chile en 1973. Cuando nos enteramos del golpe estando en la facultad nos levantamos. Pasábamos curso por curso a decir: “Vamos a la marcha, en calle Córdoba”, que todavía estaba en construcción. Así como de la nada toda la juventud salió a gritar:

 

Hermano chileno, no bajes la bandera

que acá estamos dispuestos a cruzar la cordillera”.

 

Era algo impresionante. Pero no solo en esta lucha, en la que fuera. Éramos internacionalistas. En las asambleas de la universidad no se hablaba sólo de los apuntes, si eran caros o baratos.  Se hablaba de Camboya o de Vietnam. Entonces todo el mundo que estaba en un salón de acto de miles sabía de qué estábamos hablando. Y desde ahí surgían las ideas, por ejemplo: “Tenemos que ampliar la cátedra” o “Hay que cambiar el enfoque”. Con esa garra venían los 70. Era multicolor. Era así en todas las organizaciones, pero nosotros desde la izquierda siempre enfrentamos al poder de turno. En ese momento era el peronismo que tenía organizaciones de masas. Entonces era una discusión más política. Yo reivindico eso como después reivindico posteriormente el tema derechos humanos contra el terrorismo de estado. Dónde estábamos todos juntos luchando desde diferentes perspectivas, por supuesto. Pero todos fuimos militantes setentistas. Esa es la visión que yo siempre tengo y que defiendo. Los 70 nos marcaron en todo en nuestra vida cotidiana Se tejían lazos que en años anteriores no existían. Eran lazos de fraternidad tejidos como en un telar. Eran lazos de solidaridad que se han ido rompiendo luego de la dictadura. Por ejemplo, luego de una asamblea Universitaria se terminaba en una peña. Y en esa peña, mientras compartíamos empanadas y vino se seguía discutiendo. A través de canciones y cánticos. Los chistes Todo estaba teñido por esa lucha en todos los aspectos.  A cómo conectarse con el otro. A escuchar todo eso que cuesta tanto conseguir en este momento de hiper individualismo.

 

Bueno, yo me anoté realmente para cursar la carrera de psicología En ese momento comienzo a militar en la juventud socialista de Avanzada del PST.  Las peleas tenían que ver el comienzo con expulsar a algunos personajes que venían de la dictadura anterior, tratar de que se multiplicaran los cursos.  Había tanta afluencia de gente en psicología, probablemente tenía que ver con la época porque la Facultad era de humanidades Si te censuraban en alguna cátedra había mucha fuerza para que se multiplicaran las voces

 

Después vino todo el tema electoral. Nosotros participamos con Nora Ciapone como candidata. Esa lucha electoral fue muy importante porque en ese momento con el Gran Acuerdo Nacional, el peronismo iba a barrer con todo.  Poner una candidata feminista y trotskista que hablaba de feminismo y hablaba de trotskismo era un desafío. La Facultad de Psicología estaba en una situación permanentemente asamblearia. En un momento donde fue toda la derecha contra la universidad pública nosotros, la juventud socialista, simplemente por estar repartiendo volantes teníamos una visibilidad pública y clara.

 

En la época de la misión Ivanissevich, se dio una derechización de la universidad. Los enfrentamientos dentro del mismo peronismo se empezaron a colar en la universidad, junto con los ataques a los trabajadores de Villa constitución y con las muertes de nuestros mismos compañeros, el Indio Fernández y la Masacre de Pacheco. Son cosas que te graban a fuego. Te comprometes. La derechización de la facultad fue terrible porque al final de 1974 la guerrilla realizó acciones armadas fuertes.  El primer comunicado de Montoneros fue hecho desde la facultad de Psicología de Rosario. Yeller nació acá en la universidad de Rosario, ejército revolucionario del pueblo igual que el Che. En la universidad de Rosario entra la Triple A. Estaba el salón de actos lleno y desataron una balacera hacia el techo y eso fue determinante para que muchos de los que estábamos en la universidad no fuéramos más. Eso tenía que ver con lo que pasaba en Villa Constitución donde ya se estaba organizando una resistencia a otro nivel y eso se empezaba a manifestar dentro de la universidad. En ese momento matan a una compañera y también balean el bar Iberia que estaba enfrente de psicología y era donde nos reuníamos. Después de varios atentados ese bar termina cerrando.

 

Villa constitución

 

Como juventud socialista teníamos varios grupos que nos juntábamos en apoyo a la lucha de Villa constitución. Cada universidad hacía un cartel y si no en el local partidario. Un compañero diseñaba unos carteles maravillosos. Después organizábamos la ida a Villa Constitución y participábamos de las asambleas que hacían los trabajadores. Impulsábamos siempre la coordinación de las luchas.  Sabíamos que era por ahí, que era coordinando las luchas del movimiento obrero y así se iba a salir. Íbamos en colectivo.  Siempre fue muy grande el apoyo desde acá desde la universidad Y fue así que después terminaron poniéndonos una bomba en el local del PST de la calle Maipú porque ahí se reunía el comité de huelga de Villa Constitución- Si hablo tanto de Villa es porque en ese momento el querer formar parte de la lucha siempre tenía que ver la unidad obrero estudiantil. Era una misma lucha con la lucha Internacionalista.  Esa coordinación me impactó mucho y me llevó a seguir leyendo y estudiando. No estaba de acuerdo yo simplemente con la consigna esa de estás con una clase o con la otra. Tenés que saber de qué lado estás, pero tenés que tener el argumento de por qué. Había muchos grupos de estudio Y eso para mí fue muy importante para poder comprender. Desde un banco de universidad no pasa por ahí tu vida. Solamente estudiando lo que es el marxismo, los clásicos

 

Santa Fe en clandestinidad

 

Lamentablemente a mitad del 75 por estas cuestiones que pasaron en la universidad no pude seguir más en psicología. Con quien era en ese momento mi compañero nos fuimos a militar a la ciudad de Santa Fe. Ahí comienza otra etapa que fue muy dura porque ya estaba la derecha del peronismo instalada. Al inicio vivíamos cada uno en diferentes casas. Gente que ni siquiera pertenecía a nuestra misma organización nos alojó. Así eran los lazos solidarios en ese momento. Era muy difícil todo, por ejemplo, irte a vivir a una pensión porque los servicios estaban atrás. Si vos no estabas casado, ibas a la única inmobiliaria que había y los milicos estaban atrás. De todas maneras, después pudimos lograr alquilar. Mi compañero consiguió trabajo en un lugar de cereales, Empaca Santa Fe. Los abogados eran cooperativistas que después tuvieron que ver con mi detención Yo también conseguí un puesto de trabajo en una empresa de cereales pero que era particular. Ingresamos a militar en la universidad, yo en bioquímica. Eso duró poco tiempo.

 En Santa Fe pasamos de la semi clandestinidad a la clandestinidad En ese momento muy pocas cosas se conocían del otro justamente para poder garantizar un tabicamiento, para mejor seguridad para todos. El desarraigo que significó estar en Santa Fe me permitió conocer a otras personas. En marzo del 76 se da el golpe de estado. Nos tomó de sorpresa. Ese fue el balance que hicimos como organización los que estábamos ahí. Si bien estábamos en clandestinidad no teníamos tan claro cada uno qué estaba pasando. Discutíamos y debatíamos, pero no teníamos claro qué tipo de etapa se abría.  Así, en plena dictadura iniciamos una campaña financiera con bombos y platillos Con bonos a la vista impresos, hoy a la distancia, me parece una barbaridad. Hay algo que quiero dejar claro. No sé si es por haber entrado en el PST en el momento que entré o para ver estudiado el marxismo. Pero siempre tuve claro que cuando vos ponés el cuerpo te puede suceder cualquier cosa. Pero en aquel momento no teníamos la claridad de lo que estaba pasando, qué tipo de militancia hacer bajo una dictadura.

 

Como nosotros teníamos un padrón del año 1975, enorme, donde había un montón de gente que podíamos contactar, empezamos a charlar para ver qué hacíamos. Empezamos a ver a gente que ya conocía algo del partido. La nuestra era una regional muy chiquita que ni siquiera tenía local. Nos reuníamos en clubes. De esa época, destaco la picardía para militar. Nos reuníamos en un club que era del gremio de sanidad que estaba en la costa en Santa Fe. Nos juntábamos a comer un asado y ahí hacíamos la reunión y después terminábamos jugando al voley. Pero las reuniones claves las hacíamos en una confitería bailable. Se llamaba Puerto de Palos que ahora no existe, donde trabajaba Gracielita. Cabello corto, rubiecita santafesina que estuvo en Devoto. Gracielita trabajaba en la limpieza en ese lugar.  Se llamaba Puerto de Palos porque estaba en el centro como en el río Paraná. Recibíamos el periódico. No me acuerdo si lo recibíamos en alguna caja camuflada en un colectivo camuflado. Después nos juntábamos para repartirlo en diferentes paquetes de diferentes cosas. Utilizábamos las bolsas de Oca de algún que otro trabajo para mandar documentos y otros montones de cosas.

 

Secuestro y tortura

 

Bueno, yo estaba trabajando en la empresa de cereales. Ya estaba embarazada de un mes.  En ese tiempo en Rosario hay una redada muy grande de muchos compañeros. En Santa Fe el 14 de noviembre del 78 me van a buscar al trabajo.  Entra una patota diciendo que son de robos y hurtos. Avanzan con todo hasta la oficina de mi jefe al que también después lo llevan detenido. La hija chiquita estaba ahí. Se metió abajo de un escritorio. Fue muy violento, revisan mi escritorio donde tenía libros que no eran de política. Me meten en un auto a los empujones, cabeza abajo sobre el sobre el piso mientras van gritando. En otro en otro auto lo habían ido a buscar a mi compañero de causa política que era Guillermo, el que manejaba el auto después lo identificamos era un pibe joven que me había pedido fuego cuando yo salía de ahí.  Estaba en el centro y me iba hacia el lugar donde trabajaba mi compañero por el centro. Cuando yo cruzaba que me había pedido fuego. O sea que evidentemente ya habíamos estado siendo vigilados. Este muchacho era de la patota de Rosario y se lo conocía. Era de la patota del jefe de policía. Él era de Rosario.  Termina trabajando hasta no hace demasiado tiempo como preceptor en una escuela en Cristo Rey. Se lo denuncia ahí también. Después atando cabos, también pudimos reconocer a otro de la patota, que también participó en el secuestro nuestro. Cuando yo iba a entregar unas facturas a otra empresa de cereales que quedaba cerca, él estaba en la esquina y después atando cabos también supimos que era de la patota.

 

Yo no sabía dónde me llevaban. El recorrido para mí fue eterno, después me di cuenta que a lo mejor no era tan lejos pero bueno a mí me llevan a la guardia de Infantería reforzada de Santa Fe. Me ponen en un lugar en lo que sería una celda donde solamente había una ventanita en la puerta y una piletita. Había un tacho, algo como una cama con un colchón con sangre. Me hacen la requisa apenas entro. Me desnuda una de las guardiacárceles desde el lugar de la humillación y de todo lo que sabemos de la brutalidad que pueden tener para tratar de destruirte como persona. Yo estaba vestida como todo el mundo en ese momento, con vaquero y una camiseta hermosa con una ropa interior también haciendo juego. Tenía unos suequitos kicker que eran los que se usaban en ese momento.

 

Yo siempre tuve mucha conexión con el rock, pienso que esa conexión me sirvió como salvavidas, como cosa transportadora porque yo desde que entré en ese lugar canté. Me gustaba Charly García. Pocos meses antes habíamos ido a ver la película al cine Club del que éramos socios. Yo cantaba Rasguña las Piedras. Cantábamos casi todas. El día antes de la detención, creo, tuve la confirmación de que estaba embarazada. En aquel momento pensamos que los que nos detenían eran canas ligados al Segundo cuerpo del Ejército. Pero ahí también estaba la presencia de la justicia, de Brusa que era el juez que después nos atendía, el que después nos tomó la declaración cuando nos reconocieron legalmente.

 

En la celda no estaba vendada. Cuando me llevaban a la comisaría cuarta me encapuchaban. Ahí es donde me torturaban. Desde la vida que yo llevaba en el vientre, para mí esa cuestión de la tortura en ese momento era el no decir. Entonces toda la contradicción. Fue muy terrible porque digamos te hacían a vos desnudarte poniéndote en la parrilla para, para posteriormente torturarte. Una picana que lo puedo decir ahora de esta manera y analizándolo también, así como mujer. Y después de haberlo analizado, a través de la lucha de las políticas de las mujeres, recién poder entender, no hace demasiado tiempo en terapia, porque hace 20 años que hago psicoanálisis, poder entender algo que yo  hasta ese momento no había contado en mi terapia y es que lo que viví cuando me picanearon en la vagina fue también una violación. Cuando en ese lugar era el único lugar donde yo podía contar llorar gritar o patalear. y Y ahí pude analizar que yo sí fui violada. Fui violada, no por un pene, sino por una picana.  Ellos sabían que yo estaba embarazada.  Entonces, yo creo que lo bueno, la negación, de no de no reconocer que no solamente yo sino mis compañeros varones también fueron violados. Mis compañeros de causa política y no reconocer, cuesta reconocer eso desde la masculinidad y yo desde mi lugar de mujer embarazada. Como como si fuera como si necesitara realmente, digamos un pene para eso sea violación. Bueno esa parte es la parte que yo puedo contar acá.

 

En algún momento de la adultez mis hijos me preguntaron siendo muy adultos, hombres.  Y cuando empecé a contar ellos mismos me dijeron: No, no queremos saber y contar es toda una construcción, una construcción que cuesta vida. Es daño psíquico permanente. Por eso yo digo, mi cuerpo se defendió de la siguiente manera, primero yo no sabía después de esa tortura y varias más si iba a vivir porque yo estaba secuestrada. Estaba desaparecida. Yo no sabía si iba a aparecer, yo creo que eso es lo que me impulsó a cantarle a mi hijo en la panza. Fue medio así, esa parte de no saber y después cuando nos toman las terribles declaraciones que nos toman porque estamos en carne viva, absolutamente todos, pero después me devolvían a la celda.

 Nosotros militamos también en el frente integración y actualización de la mujer que era un frente que había formado el FIP, el partido de mujeres. Ellas hablaban de otra manera. Fuimos con otra compañera, Ana. Entonces, bueno, primero agarran mi agenda y ahí empiezan a preguntarme.  Por ahí en mi agenda lo único que había era eso. Citaron a un montón de compañeras del frente que veían lo que era yo. Yo reconozco que era militante del PST.  Me preguntan por mi compañero, este, siempre dije que no, que no era militante.  Estaban bastante perdidos conmigo.

  El 14 de noviembre del 78 me reconocen antes de la Navidad, Estuve ahí con Silvia Supo y con gente de otras organizaciones. Posteriormente reconocen a Gracielita. Después estuve también ahí con ella en un pabellón que era el único que había ahí de mujeres donde estaban nuestros compañeros. En la guardia de Infantería en Santa Fe eras clandestina, pero después de ahí, te legalizaban. En ese lugar estuve hasta mayo, fueron ellos lo que me trasladaron a la cárcel de Devoto en Buenos Aires. Hasta mayo del 79 en ese lugar fue creciendo mi panza, compartida absolutamente con todas las compañeras que estaban ahí, que eran hermosas, eran de otras organizaciones. Pero toda la comunión que había allí era fantástica, también estaba con Gracielita, mi compañera. Fue todo muy hermoso a pesar de lo terrible del lugar. Elegimos el nombre de mi hijo. Yo decía que el primer nombre lo elegía yo, pero todas, todas opinaban. Fue bellísimo porque cada una contó su historia, las que tenían hijos y las que no. En ese lugar no se podía tener lápices No se podía pintar, no se podía escribir. Teníamos un lapicito, un lapicito que había pasado un familiar. En las requisas no lo tenían que encontrar. Entonces estaba muy bien escondido. Los escritos que íbamos haciendo los metíamos a través de peluches chiquititos que íbamos haciendo. Dentro de las orejitas adentro hacíamos peluches de paño lenci que varias detenidas que habían estado ahí habían dejado y bueno era lo que quedaba. Sí recibíamos visitas que eran de contacto, pero eran de contacto adentro del lugar donde estaban los guardias también o sea que no podíamos tener intimidad.  

 Eso hasta el traslado y bueno mi panza va creciendo. Me llevaron al hospital Cullen de Santa Fe. Me llevaban esposada y yo tenía la panza gigantesca ya y bueno, entraba al lugar donde me tenían que revisar. Era una situación muy fea. Solamente en uno de los momentos uno de los médicos le dijo a la guardiana que se tenía que retirar, pero fue muy fe porque en ningún momento uno se podía relajar absolutamente por nada.  Debe ser por eso que, incluso en la actualidad todo lo que lo que tenga que ver con la parte genital no lo tolero. Mientras que sea amoroso, que sea producto del amor y de las caricias. Por eso también sostengo una terapia tan larga. 

 

La cárcel de Rosario a Devoto

 El 16 de agosto, inicié el juicio por daño psíquico permanente por el Instituto Ulloa. Me hicieron la entrevista, y por todo el trato deshumanizante durante el traslado, con la panza dura en auto, primero a Rosario. En auto directamente dos de los jefes de ahí, cuando íbamos entrando a la jefatura a nosotras, claro por el mismo lugar donde se sacaban los documentos, un desastre. Bueno, nos llevaron a un lugar donde los que venían a traernos un té eran los compañeros de Rosario que estaban detenidos, que eran del mismo partido. O sea, creo que lo hicieron a propósito para ver qué conexión teníamos.

 Estábamos ahí Graciela y yo esperando el traslado supuestamente a Devoto. No sabíamos nada, abrimos el cajoncito de un escritorio y ahí había miles de fotos y de documentos sin las fotos, o sea, vos miras eso y pensás lo peor. Pero todavía peor fue el traslado porque nos trasladaron en un colectivo, también una patota de Rosario, muy jovencitos todos excepto una que era más grande. Estábamos solamente Graciela y yo. Dos mujeres y después toda una patota de hombres armados. Se me sienta al lado un tipo de la máxima inteligencia, cuadro especializado en la Cuarta Internacional, eso era terrible, terrible. Preguntaba si habíamos leído ciertas cosas. Mientras él me hacía las preguntas, los tipos tiraban tiros a través de las ventanillas en el campo y la pelotuda que estaba delante, la más grande se paraba y gritaba: “mueran los salvajes montoneros, los trapos rojos”. Y mientras gritaba yo tenía la panza dura, dura. Era un viaje surrealista, vos decías no puede ser posible que esto esté sucediendo de esta manera y mientras nosotras íbamos escuchando eso, tener un tipo que te iba preguntando lo que se te ocurriera. Me preguntaba si había leído Argentina Bolivia un balance, un documento del partido para el debate en la Cuarta internacional. Tenía estudiado todo. Me decía: “escúchame Silvia, cómo puede ser que vos, que tenés una familia constituida con tu compañero, con tu marido, que vas a parir, puedas estar apoyando a una organización internacional que quiere tomar el poder por las armas para destruir este lugar donde vos vas a conformar tu familia”. Y nosotras, mirándolo. mientras íbamos escuchando los tiros. Nos mostraban cuadros de los miembros de la Cuarta Internacional, de la Liga Internacional de los Trabajadores. Por ejemplo, te decían: “¿Por qué ustedes se tenían que interesar sobre quién era Hugo Blanco Por qué eso de Todo el poder a la COB!” . Yo no podía contestar porque era una cosa, era, eran tiros disparados por la ventana. Eso mismo te impedía articular palabra.

 

Nacimiento del hijo

 Después de la cesárea yo estuve bastante dolorida.  Estuve con mi hijo en el hospital de Devoto, más o menos desde junio, hermosa fecha en la que nace este hijo tan amado. Y desde ese día, como era pleno invierno, en invierno frío, me dejan en el pabellón con las otras compañeras, con la que estreché muchas amistades. Estuve ahí más o menos un mes. En medio de todo esto, no me bajaba la leche. Mi hijo lloraba tasta que hubo más o menos un piquete como para pedirle, al médico que sí o sí me diera la leche maternizada porque no pasaba nada, ¿viste? Entonces no pasaba nada y bueno, y aparte la situación del lugar. No era que vos estabas en tu casa tranquilita y te ponías el despertador de cada hora.  Estabas en una situación donde tu bebé estaba en el medio de todas las compañeras que estaban con algún problema, acostadas una al lado de la otra, por más amplio que fuera el lugar. También les tuve que poner un límite para salvaguardar la vida de mi hijo. Porque cada una quería canalizar todas sus faltas a través de mi situación.  Empecé a aprender, cómo se hace, como es la maternidad, que es todos los días de la vida, a aprender junto con él. O sea, que era doble la energía que necesitaba, cómo hacerlo ahí en ese momento, cada cosa. cada. Cada cosa, todo era una pelea, pelea por los pañales, por todo. Pudimos charlar entre las que estuvimos ahí en relación a todo esto que hace a la maternidad en cautiverio, hablar de los chicos que habían nacido en diferentes lugares del país, digamos, compañeras que compartían diferentes vivencias de los lugares donde habían estado. En ese preciso instante, a pesar de todas las restricciones que había, las compañeras trataban de traer la canción de cuna que le habían cantado, cómo se canta y tratar de cantar en voz bajita y poder compartir esas cosas. Lo verdadero, lo que sucede es sin romantizar absolutamente nada. Es lo que nos pasó, lo que vivimos, lo que era sostener a la otra, sostener, sostenernos.  Me sostuvieron a mí, yo sostuve a otras ahí en ese lugar.

 Después de un mes en el hospital, estuve sola en el pabellón este poco tiempo sola, una semana sola, porque después de aquí me pusieron conmigo a con una persona que era colaboradora de Rosario, según me avisaron las compañeras.  Yo pienso que fue con toda la idea, siempre fue con toda la idea. Yo creo que siempre quedó como una incógnita sobre mi persona. Entonces viene ella, entonces me habla de las compañeras del PST con las que habían estado . Me nombraba a todas, ¿me entendés? Estuve con tal, yo estuve con cual, yo estuve con este, que yo estuve en otro. Yo tenía en mi mesita una foto de mi compañero en ese momento. Ella me preguntaba, quién era. ¿Te imaginas? Cualquier pelotudez hablaba. Después le hicieron una entrevista a ella sola. Después venían unas compañeras que me ayudaban a lustrar el calentador de kerosen que era lo único que tenía para calentar la comida. Yo pedí ayuda porque tenía un bebé. Todo era un despelote.

 

La comisión interdisciplinaria

 Ahí me hacen una primera comisión interdisciplinaria en Devoto y no me permiten ir con mi hijo. Yo la peleé, pero no. Entonces yo pedí que viniera la compañera que me venía a lustrar el calentador. Y me dijeron que no, que se quedaba con la compañera que estaba ahí conmigo y yo que no, que yo quiero que mi bebé venga conmigo, que yo quiero que mi hijo esté conmigo, que no, que no, me llevaron, así que me hicieron la primera comisión interdisciplinaria. Es una comisión que nos hicieron a todos y cada uno de nosotros donde vos tenés, toda una rueda como de 15 personas. El director del penal, el primero, el Toranzo, otro que era del Cuerpo de Ejército.

 Eso es terrible, porque esas comisiones interdisciplinarias son a partir de lo que va a definir cada cuerpo de ejército. Entonces están conectadas, digamos, con cada cuerpo de ejército. En esa comisión, hay 15 personas entre las que está la futura celadora que te va a tocar en el lugar, o sea, las que son capas en el cuerpo de celadora, el Toranzo del Ejército, el director del penal, Galíndez, un hombre muy desagradable, con un bastón. en el medio de la rueda y yo enfrente, los dos en el medio de la rueda, así como el circo romano. Entonces, claro, ¿yo quién era hasta ese momento? Mi nombre y apellido, Silvia Rosa Centeno e entiende. Si yo, si yo soy, por ejemplo, preguntas como estas, ¿qué hay?

¿Por qué? ¿Y entonces y qué tiene eso? Las preguntas eran todas, o sea, todas las preguntas tenían que ver con una. Parecía la continuación de los interrogatorios, nada más que no eran con picana, era con el bastón del tipo que cada tanto lo golpeaba al piso. Entonces este decía. “Si yo soy montonero, mi compañera va a ser montonero. Si usted es el PST, su marido tiene que ser del PST”. Porque yo siempre, absolutamente siempre, negué la militancia de él. “Ustedes tienen otros códigos diferentes a los códigos que tenemos nosotros. Entonces, usted acá, nosotros la trajimos acá a usted porque, nosotros le vamos a dar un cuaderno si quiere para que usted escriba”. En esa comisión multidisciplinaria estaban en juego muchas cosas, que era el tema de la discusión por la lucha armada, era sobre todo si estábamos o no a favor de la lucha armada, esa era la discusión central. No era solamente una discusión de tono familiar, sino que era una discusión política.

 Esto se produce cuando yo estaba todavía en un pabellón sola con esta colaboradora, la que después de esa comisión interdisciplinaria se marcha. Cuando yo llego de esa comisión interdisciplinaria, vos imagínate mi bebé estaba llorando. Ahí empiezo, digamos, a otra cosa que me pasó. Yo cuento esto porque es desde lo humano, ¿no? Algo que yo supe disfrutar en esos momentos de soledad tan terrible, donde lo único que veía por las ventanas de arriba de un pabellón, estando sola y con rejas de un lado y allá arriba las ventanas, porque no era una celda, era un pabellón de pabellones de planta baja.  Me traían mandarinas para comer y yo sentía ese olor a mandarina. El olor a mandarina es el olor de mi infancia, porque yo me trepaba a los árboles con mi amiga Ana, y desde ahí el olor a mandarina nos quedaba durante todo el día y comíamos la mandarina que fuera, verde, amarilla, naranja, la que fuere. Entonces ese olor para mí era algo maravilloso que me sucediera ahí. Era algo transportador, como la música de Sui generis.

 Después del pabellón del de ahí me trasladan al pabellón 49 que era un pabellón de puertas abiertas a un patio de tierra. A partir de ahí era una situación de hacinamiento donde Lo que estaba abierto la cuna donde poner al bebé. Entonces corrieron las cuchetas y en un espacio interesante para que la cuna fuera ahí. Y del otro lado había otra cuna que era la de Elsa, que tenía una beba.

 Yo había decidido que fuera donde fuera, por lo menos los 3 primeros meses de vida, mi hijo se quedaba conmigo en el lugar que fuera. Al ver ese lugar, porque yo me imaginaba una celda, ¿no?  Plantitas que plantaban las compañeras de las semillitas que venían en los cosos, salíamos con mi bebé al patio en pleno invierno. Me habían hecho entrar un cochecito paraguas francés que había mandado mi cuñada, que vivía en Europa. Bueno, ahí teníamos el patio Mi hijo jugando con todo el mundo. La Bubu, una compañera que venía de Córdoba, cumplió un lugar fundamental- Era una campanita ahí, un lugar fundamental hasta que le dieron la opción. La verdad que ella se ligó de una manera a mi hijo que le daba una bolilla bárbara. Mi bebé y ella, ella y mi bebé. Entonces lo poníamos en la mantita, le sacamos el pañal para que le diera el sol. Una maravilla, espectacular. Caminábamos alrededor con el cochecito. Era increíble. Disfrutar como disfrutábamos, cómo disfrutábamos de ese momento. ¿Por qué? Porque era el único lugar a cielo abierto. pero tenía a su alrededor un montón de alambres y se veían desde ahí las torres.

 Cuando tuve la primera visita de contacto con mi compañero el pudo conocer a su hijo por espacios medios cortos, pero de todas maneras era importante. Teníamos que programar dónde me iban a llevar, a qué lugar.

 Al tiempo me, cuando yo me entero por las noticias, y casi me muero de que todo este grupo de compañeros que salen en las listas de todo el país. Entonces me hacen una segunda comisión interdisciplinaria.  La misma composición, el mismo, el mismo payaso en el medio: la rueda de15 de la primera comisión:.

“¡Usted mintió!  

Entonces yo le dije,” jamás mentí acá yo. Yo nunca mentí. Yo nunca mentí. No sé qué habrá pasado, pero nunca mentí. Yo acá no mentí nunca”. Sí, de todo me dijeron, de todo me dijeron, de todo, de todo, de todo lo que se te ocurriera. De todo lo que se te ocurriera, entonces eso fue determinante. “¿Entonces se imagina lo que esto significa para usted? ¿Ustedes se imaginan lo que esto significa? ¿Qué significa? Entonces, pero no se imaginan lo que esto significa, porque usted entraba dentro en cada, en cada Navidad y en cada 9 de julio se discuten las libertades. ¿Ustedes se imaginan lo que esto significa”? Así, viste, a la ****** como para. Yo sabía lo que significaba.

 Me dieron un papel y me dijeron que yo escribiera lo que había dicho y si era o no terrorista,

Ningún problema. Agarro la hoja y escribo: “Estoy contra toda forma de terrorismo. Claro, porque a mí me vino a buscar un grupo. terrorista a mi trabajo”. Era una risa. Bueno, leyeron mi declaración y creo que fue Toranzo, dijo: “Pero esto es inadmisible. Esto es inadmisible porque si usted es trotskista…”  Yo nunca jamás dije yo que era trotskista, ¿no? “usted no me puede, usted no me puede decir…” Ustedes son terroristas, porque la única revolución armada mundial la quiere hacer la Cuarta Internacional, no hay otro”.

 La tenía claro. Y así fue, así fue como Gracielita salió el 9 de diciembre, un año antes que yo. Y sí, tiene coherencia.

 

La Comisión Interdisciplinaria de Derechos Humanos

 Luego vino La Comisión Interamericana de Derechos Humanos.  Bueno, ¿qué pasa en ese año, en el 79? Comisión Interamericana de Derechos Humanos, al único lugar donde había bebés que estaban legalizados y madre legalizada, porque ese año mataron mucha gente. Acá los milicos en Argentina mataron mucha gente. Cuando entraron al pabellón, era, no sé, la cantidad que me impactó. Viene el grupo. Nosotros en ese momento teníamos a los bebés identificados con los nombres. Yo ahora no me acuerdo ni de un solo nombre.  Entraban con los tipos del penal atrás, ¿no? Atrás, pero atrás. Ellos a hablar con nosotros, así todo desparramado, y las bichas fijándose desde allá a ver con quién hablaban, directamente vinieron a hablar con las madres, conmigo y con Elsa. Y a mí que me impacta que un tipo me dice: “Broken es su jefe, ¿no?”

 Yo le dije que era mi abogado. Entonces bueno, ahí empezamos a. que no teníamos ventilador, que no teníamos heladera, que no podía ser que estuviéramos pendientes de lo que algún familiar pudiera traernos, que necesitamos que los familiares nos pudieran entrar cualquier cosa que nosotros necesitáramos para que los chicos comieran, que nosotros necesitábamos la comida fresca para los chicos. Bueno, después de que discutimos cada una le puso a cada uno, qué sé yo, lo que les había pasado, lo que cada uno fue diciendo Lo único que salió en los periódicos del país fue que había llegado la comisión de derechos humanos y que fueron al pabellón de las madres. Eso fue lo único.

 Después de eso, nos pusieron heladera, dos ventiladores gigantes y todos los días todos los días canastos de verduras y de verduras y de comida fresca. Comida fresca para las madres todos los días, era queso. Bueno, imagínate. Había montones de compañeras que lo único que podían comer era queso y nunca el penal les daba. O sea, nosotros no comíamos queso, ni Elsa ni yo. Todos los quesos repartidos entre todas las que hacía 2 millones de años que estaban ahí. ¿Qué hacíamos en la cantidad de verduras que había? Todos los días cocinábamos. Igual te traían después la comida del penal. Nos dividíamos en los grupos de fajina porque el 49 era así, nosotros éramos 55. Sí, después éramos, después llegamos, se llamaba 49 porque en realidad había, habrán quedado 49. Bueno, era por eso, pero bueno, estaba todo muy organizado, había un economato. Todo era compartido, todo, desde la primera hasta la última cosa, ahí nadie se quedaba sin nada. hasta que terminó lamentablemente esa experiencia. Mi hijo iba creciendo, viste, iba creciendo mi alma ahí, en el medio de toda esa cantidad de mujeres, esa fauna, es así y el mejor momento era el momento del patio, no el momento de estar ahí adentro. Era todo lo el tema de que cada una le fabricaba un peluche y era todo un sufrimiento permanente, porque en cada requisa venía y se lo rompían adelante de él. Teníamos requisa y lo desnudaban todo, todas esas cosas. Eso fue así hasta el final. Tuvimos visitas de contacto en el 49. Pero luego eso se terminó. El penal disolvió el 49, donde pensó que podía quebrar a compañeras que se alejaran de su organización a partir de tener un régimen preferenciado. No pudieron “rescatar” a nadie para su bando.

 Imaginate, había un economato, todo iba a un pozo común. Ellos se dijeron:  Este es un Soviet adentro de Devoto”. La verdad que era una cosa completamente increíble, o sea que bueno, impresionantemente hermoso, digamos lo que se vivía, aparte que bueno, teníamos la entrada, la entrada de periódico ya. varios periódicos, por más que hubiera partes censuradas, pero igual había entradas después y discutíamos, sí, discutíamos, discutíamos de todo.

  Nos trasladaron a Elsa y a mi a una celda donde teníamos que vivir con las dos cunitas. Dije es el principio del fin, hasta acá llegó. Y le dije a mi familia que se llevaran a mi hijo a vivir afuera.

 Cuando me comunicaron que me daban la libertad me llevaron dos días a Coordinación Federal. Ahí me hacen un nuevo interrogatorio. ¡Y qué pregunta! El interrogatorio es un lugar donde me ponen un reflector en la cara, cosa que me impide verles las caras y todos estaban a cara descubierta. Pero eso no lo había vivido nunca, al revés, en otros lugares me vendaban. Me muestran un gráfico en la pared. Me preguntan. “¿Vos sos un topo de Ciapone?” Yo me quedé como en estado de congelamiento. ¿Viste la pregunta? Eso era como…, o sea, “vos sos un topo segundo, “vos acá en esto, “Porque vos sos trotskista. ¿El trotskismo qué es? El trotskismo viene a tomar el poder por las armas”. Entonces de nuevo, lo mismo que en la inteligencia cuando me trasladan en el colectivo, lo mismo, “¿Cuál es la organización mundial de la Cuarta?..¿Los países, en qué países figura la Cuarta y las divisiones, como las divisiones? Yo miraba, yo ya estaba afuera de Devoto, pero era como que nunca estabas afuera. Y el cuadro de división de Trotskismo estaba bien hecho.

 

La libertad

 Tengo todo un proceso para con mi hijo, con mi, con mi familia. Y conmigo.  La primera, primera impresión, que esto lo quiero contar porque tiene que ver con lo que uno y lo que vos habrás vivido. También que tiene que ver con haber vivido durante tanto tiempo adentro del cemento y haber palpitado solamente en y sobre todo en el último año, el pabellón planta baja, cemento, cemento, cemento, un lugar muy grande para caminar y muy chiquito. para. Para estar, para dormir. Entonces, cuando yo, cuando salgo en libertad, digamos, cuando veo la calle, la calle real, yo, aparte de sorprenderme absolutamente por todo, como les pasó absolutamente a todos, pero eso te pasa también saliendo de un hospital a la calle. El tema de los espacios. El tema de los espacios es algo. Es algo muy raro lo que nos sucede, digamos, es volver, es perder. Sí, sí, sí, sí, sí, sí, los espacios. Los espacios, me chocaba con determinadas cosas, no podía articular. El lugar donde estás

 Lo más lindo fue que me fue a buscar mi viejo, me fui a la casa del primo de mi, de mi viejo y lo mejor de todo fue que la hija del primo de mi viejo me preguntó por todo. Ella era docente. La solidaridad, me entendés, diciendo que ella tenía alumnos, que tenían padres, que tal cosa.  Entonces, bueno, porque no siempre sucede eso en las familias. Mi impresión grande fue cuando comimos en una mesa, yo me chocaba con todo, no ubicaba la silla, bueno, todo eso que sucede. Cuando nos invitaron a tomar un poquito de whisky y yo dije que sí. Bueno, yo. Si había, si estuve lúcida durante tanto tiempo como para poder contestar, yo creo que ahí dije, ahí me bajaron las defensas y me fui a dormir. Me alegraba.

 Después de eso, conquistar a mi hijo, volver a Rosario y después de un periodo de casi un año, a Buenos Aires. Primero me instalé en casa de un compañero. Nos instaló en casa de una abuela que había fallecido, una casa que estaba en venta, qué sé yo. Y de ahí después, buscamos una pensión donde fuimos a vivir mi compañero, mi hijo y yo. Ahí tuve a mi segundo hijo. Volví a militar por un tiempo hasta la crisis del MAS en los 90. Cuando la división, no lo pude sobrellevar y dejé de militar.

 En este relato hay dos palabras, PARIR y LUCHAR. Y esta unión se produce cuando el pañal se convirtió en pañuelo, el pañuelo en ronda, la ronda en marchar, o sea en lucha colectiva y organización. Y seguimos pariendo la historia. Al comienzo, Madres y Abuelas, Ahora Hijos y Nietos.

Voy a terminar con una frase que me acompaña desde que abracé la militancia, con ese enfoque setentista de esa marea combativa, multicolor y diversa.

 La vida es hermosa. Que las futuras generaciones la liberen de todo mal, opresión y violencia y la disfruten plenamente”

 

Rosario, 4 de febrero 2026

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