TESTIMONIO DE STELLA VANARA Y TATO GUTIERREZ (La militancia en La Plata, la Masacre de La Plata, en exilio en Bolivia, secuestro y liberación, la vuelta a La Plata y el reencuentro con la corriente del PST)

 



Stella: Yo había venido de 25 de Mayo, un pueblo chico donde nos conocíamos todos. Y mi papa era dirigente ferroviario. Él tenía compañeros y compañeras anarquistas, socialistas, comunistas y, como me llevaba a las asambleas, mamé mucho del ambiente gremial. A mi papá le enviaban diferentes publicaciones de los partidos como, por ejemplo La Vanguardia, donde leía sobre Alfredo Palacios y Juan Carlos Coral. Leía todo lo que me llegaba, así que me fui familiarizando con esas ideologías. En las vacaciones de verano e invierno me venía a La Plata porque parte de la familia vivía acá.

Tato: Yo comencé a involucradme en política formando parte de la periferia de la Federación Juvenil Comunista (FEDE). Nací en 1939 y viví todo el peronismo que vacunaba a la gente contra la izquierda. En esa época el Partido Comunista (PC) era fuerte en las facultades y comenzábamos con los grafitis. Pintábamos "viva la FJC" en el Jockey Club frente a las facultades y, si aparecía la policía, nos metíamos en la facultad donde no podían entrar porque es jurisdicción nacional. Mis compañeros y compañeras estaban muy influenciados por la Revolución cubana y el guerrillerismo. Un dirigente comenzó a querer convencerme de que la salida era la lucha armada. Entonces un viejo socialista me dijo algo muy importante: "la lucha armada no tiene salida, la fuerza la tienen los trabajadores, -y me puso un ejemplo- si los trabajadores paran el país, se para la producción". Eso me impactó. Luego vi cómo las propuestas de Alicia Moreau de Justo y Alfredo Palacios se las adjudica el gobierno peronista. Claro, eran de los socialistas, pero el peronismo era gobierno y las implementó.

Stella: Tenía casi 29 años y trabajaba en el piso de la Dirección de Hidráulica del Ministerio de Obras Públicas (MOP) de la provincia de Buenos Aires. Hacía gestoría y estaba mucho tiempo afuera del edificio. Había un chico que lo había visto en los pasillos como a muchos otros compañeros y compañeras del trabajo pero, como estaba mucho tiempo en la calle, no tenía trato y solo nos saludábamos. Él era Hugo Frigerio. Era fines de 1972. Un día voy a la cocina que había ahí y estaba Hugo Frigerio. Tenía unos diarios donde observé que decía Coral. Le pregunté si estaba con él por los bigotes -porque ambos tenían bigotes grandes- y me dijo que era del partido de Coral, el Partido Socialista de los Trabajadores (PST). Ahí fue que me ofreció un ejemplar y me invito a una reunión, que del MOP hacían en el local de diagonal 77 esquina 3 y 48. Yo acepté la invitación y así fui que terminé ingresando. Ahí tuve mi primera reunión de equipo.

Tato: Como ya era pareja de Stella, ambos trabajamos en el Ministerio. Por intermedio de ella me acerco al PST. Ya en el Partido me asignaron al equipo de profesionales y también estaba dedicado a las finanzas, que era un tema muy apremiante. En ese momento yo, a pesar de venir desde muy abajo, de trabajar desde muy chico, de ir al mercado a cuidar los carros de los verduleros y dar agua y alfalfa a los caballos, había logrado una buena posición económica. Así que me encargaba de alquilar y salía de garantía para diferentes locales, como por ejemplo el de Quilmes.

Stella: En ese local de diagonal 77 funcionaban la juventud y sindical. Hacíamos actos en la esquina, supongo que para cierre de campañas electorales y demás. Luego sindical pasa a la calle 54 entre 8 y 9. Frente al local de diagonal había un localcito donde teníamos venta de libros. Luego hubo un atentado donde pusieron una bomba y la juventud también se fue para el local de 54, y el de diagonal 77 dejó de funcionar.

En el Ministerio comencé a militar con Hugo que, además de integrar la Comisión Directiva del sindicato, era reconocido por ser gran dirigente y muy buena persona. Jugaba al fútbol con los choferes, ordenanzas y otros más. Se prendía en los asados y llevaba la guitarra que no se si sabía tocar, pero la llevaba.

Hugo, como representante del gremio, iba a reuniones de la Confederación General del Trabajo (CGT) que funcionaba en calle 50 entre 3 y 4 y, en una de ellas, fue echado a punta de revólver por Diéguez, burócrata de la central y de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) regional y aliado del gobierno de Calabró.

En 1973 debuté como fiscal en el pasaje Dardo Rocha, donde había mesas porque ahí funcionaba el correo, y en las instalaciones del club Gimnasia y Esgrima de La Plata. Teníamos compañeras y compañeros bancarios, municipales, docentes, profesionales, de la empresa provincial de electricidad DEBA, de Propulsora Siderúrgica, del gremio no docente de la Universidad Nacional de La Plata (Atulp), de Petroquímica Sudamericana, Judiciales y de otros sectores. Después estaba el equipo de internacional, finanzas, etc. También estaba la juventud universitaria de distintas facultades y secundarios.

Bueno, no recuerdo a todos los compañeros y compañeras, pero hubo otros como Oscar Lucatti, que era del Ministerio, que fue como un hijo para Tato y para mí. En el Ministerio éramos muy fuertes, vendíamos como 50 o 60 periódicos solo en el MOP. En una primera oportunidad presentamos lista para las elecciones internas solos. Luego ya fuimos en unidad con otros sectores políticos.

Con el PST, a nivel nacional, nos presentamos en las dos elecciones de 1973. En la segunda eran tres fórmulas: la de Perón, la del radicalismo con Ricardo Balbín y la nuestra con Coral y José Antonio Páez. Hubo una cuarta que era del Frente de Izquierda Popular (FIP) que llevaba la lista de Perón – Perón.

La Masacre de La Plata nos golpeó muchísimo. Eso fue en septiembre de 1975. En marzo nace mi hijo, en junio fallece mi papá. El clima político estaba muy enrarecido y el Partido comienza a tomar medidas de seguridad. Un médico me hizo un certificado por psiquiatría para no ir al Ministerio. Mi casa era como una sucursal del Partido, iban muchos compañeros y compañeras. Estuvo Melitón Vázquez, dirigente del gremio azucarero; Mario D., dirigente nacional que luego nos representó ante la Cuarta Internacional y, en la parte de atrás, vivían otros compañeros y compañeras: "El Ruso" y Ana María Guzner. También ahí iban a dormir otros; creo que "El Laucha" y Adrianita fueron algunas veces. Las dos viviendas tenían bastante independencia y no necesariamente nos veíamos a cotidiano.

El día que secuestran al primer grupo, "El Laucha" Loscertales, Hugo Frigerio, Adriana Zaldúa, Ana María Guzner y Lidia Agostini, llama a casa Dicky Povedano para hablar con Tato o con "El Ruso" (los compañeros ya habían desaparecido pero no me dijo nada). Eso fue el 5 de septiembre. En el Ministerio se estaba preparando una asamblea por esa noticia debido a que algunos de los compañeros y compañeras que trabajaban ahí. Yo fui al local con Juan Carlos, porque íbamos a llevar unos volantes para repartir en esa asamblea. Recuerdo la imagen de Oscar Lucatti y Dicky en el mimeógrafo esperando terminar con la impresión. Ahí fue que Oscar, que tenía puesto un pulóver que usaba mucho y que me quedó grabado en la memoria, nos dice "vayan, vayan". Así que salimos con Juan Carlos para el Ministerio. Poco después, hablando con él, me dijo que había visto un Fiat en la esquina, pero que no le dio importancia porque no sospechó nada. Luego salieron del local Oscar Lucatti, Dicky Povedano y se agregó Patricia Claverie, y los secuestraron a la vuelta con un Fiat. Aparecieron luego sus cadáveres en la localidad de Poblet.

Yo no recuerdo haber llegado al Ministerio ni recuerdo la asamblea ni nada. Tengo una laguna. Solo al día siguiente el velatorio donde había cajones cerrados y hacíamos guardia con banderines del Partido. También que ingresaron al velatorio funcionarios del Ministerio y militantes de la Juventud Trabajadora Peronista (JTP) que nos habían ganado en la elección de delegados. Pero solo eso recuerdo. Luego comenzamos a deambular por diferentes domicilios.

En enero de 1976 me voy de vacaciones con mi hijo que tenía menos de un año, acompañando a Mirta L. con su hijo también pequeño, que había perdido a su compañero Hugo Frigerio y a su hermana, Lidia Agostini. La idea era darle apoyo porque éramos muy cercanos. Ellos me acompañaron toda la noche cuando falleció mi papá. Tato nos llevó y nos fue a buscar. Mirta trabajaba en el hipódromo donde había gente de la CNU, como "El Indio" Castillo. De ahí desaparecieron algunos trabajadores y trabajadoras.

Tato: Un tiempo antes del golpe, un peronista que vivía cerca de nuestra casa me dijo: "mirá, Tato. Tu casa y la mía están marcadas, no vayas a ir". Ahí con lo puesto nos fuimos. Anduvimos dando vueltas por diferentes casas y terminamos yéndonos a Bolivia, dado que ahí teníamos contactos.

Stella: En marzo de 1976, cuando se da el golpe, Tato ya no estaba en el Ministerio pero yo sí. Seguí un tiempo más aprovechando las licencias y nos fuimos a Bolivia. Luego mandé la renuncia. En noviembre había regresado porque iba a tener a mi hija y quería que fuese acá. Tato se quedó en Bolivia y vino después a buscarnos y a conocer a su hija. Estábamos en la casa de los padres de Tato y ahí cayó un grupo que nos secuestró a los dos y a Antonio, el hermano de Tato.

Nos tuvieron un día y nos torturaron. Nos soltaron encapuchados, solo a Tato y a mí, en una calle de City Bell y nos gatillaron. Caminamos muchas cuadras hasta que llegamos a la casa del padre de Tato. Ese mismo día nos fuimos para Buenos Aires con nuestros dos hijos para seguir para Bolivia. La intención era que también fuera Antonio, al que no vimos más, porque en enero de 1977 se lo volvieron a llevar y sigue desparecido.

A mi me metieron en un Torino que pude identificar por debajo de la capucha y me tiraron en el piso del asiento de atrás. No sé con quién más. Había dos autos. Cuando llegamos al lugar donde nos tuvieron, escucho que alguien dijo: "abran el portón que traemos los paquetes". Luego nos golpearon y me tiraron al piso y caí sobre otra persona que creí que era Antonio. Entonces le digo: "Antonio", y me dice: "no, Juan". O sea que había mas secuestrados en el lugar pero nunca supimos qué lugar era. Recuerdo sí haber escuchado una sirena como de bomberos.

Los que interrogaban eran dos: el bueno y el malo. El malo me quemaba y el bueno me preguntó: "¿Tu marido tiene cáncer? Y yo les decía que sí, y que yo estaba embarazada. Todo mentira. Luego un tipo nos dice: "Bueno, zafaron. Esta vez no era para ustedes".

Tato: Cuando volví de Bolivia porque Stella había vuelto para tener a nuestra hija, estábamos en la casa de mi padre en City Bell y ahí es que llega un grupo que nos secuestra a nosotros dos y a mi medio hermano Antonio.

Nos tuvieron un día y nos torturaron. Luego nos largaron, pero no juntos con Antonio. Después supimos que lo largaron y posteriormente lo volvieron a secuestrar, y ya nunca lo volvimos a ver porque lo desaparecieron.

Yo tenía un tumor benigno en un costado. El médico del grupo de secuestradores que me veía me decía: "estás jodido vos, vas a durar poco", porque suponían que era cáncer. Estaba muy quemado, cómo sería que el día que nos largaron, ya en la casa de mi padre, una cuñada me vio y se descompuso de la impresión. Inmediatamente nos fuimos a un hotel en Buenos Aires con nuestro hijo de un poco más de un año y la beba recientemente nacida. De ahí nos fuimos a Bolivia.

Cuando nos fuimos corríamos el riesgo de que nos podían "boletear" si parecíamos sospechosos. Stella se fue en avión y yo en auto. Ya en Bolivia nos enteramos que Antonio se había ido a Lobos a la casa de su novia y volvió a City Bell, y de ahí le levantaron en enero de 1977 y no apareció más.

Desde noviembre de 1977 hasta 1981, principios de 1982, vivimos en Santa Cruz de la Sierra. Un día se nos apareció, solo y con un bolso, el compañero al que le decíamos Ruso, también del PST. Que, como ya relaté, habitaba el departamento de la parte de atrás de nuestra casa en La Plata. El venía desde Perú y, un tiempo después, llegó su compañera con su hijita. Vivimos juntos hasta que retornamos a la Argentina o, tal vez, un poquito antes.

En La Plata volvimos al Partido -que ya era el Movimiento Al Socialismo (MAS)- porque estábamos dando vueltas por los alrededores de La Plata o, tal vez, Berisso o Ensenada y vimos un local con una bandera roja y carteles. Paramos y entramos, y resultó ser un local del MAS. Así fue que volvimos a integrarnos. Yo digo que el trotskismo es un sentimiento, se lleva en la sangre. Ahora estamos en Izquierda Socialista.


Algunas Anécdotas

Stella: Una vez, mientras estábamos en el Ministerio, le pasábamos el periódico del Partido a una compañera muy allegada. Un día, no sé por qué, fuimos a llevárselo a su casa. Cuando estábamos ahí llegó alguien que saludó y dejó la campera en un sillón. Resultó ser el Indio Castillo, dirigente de la CNU. Era el marido de de la hermana, nos quedamos helados.

Tato: Un día tuve que llevar a una pareja de compañeros con su pequeño hijo y otros más a Ezeiza para irse del país. Esto antes de irme a Bolivia. Era plena dictadura y estaba lleno de milicos. Yo les dije que fueron lo más natural posible. Por el trabajo que tenía, yo vestía de traje con chaleco y tenía un Peugeot nuevo. Además tenía una credencial que daba la imagen de que era algún funcionario. Vino un milico grandote y me preguntó si estaba todo bien, yo le dije que sí y pasamos sin problemas.

 La Plata, marzo de 2026

 


En Bolivia junto a otros compañeros y compañeras.

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