TESTIMONIO DE JOSÉ "PEPE" RUSCONI (La JS en la universidad, la Masacre de La Plata, el secuestro y desaparición de crxs de la célula, ida a Mendoza, secuestro y cárcel, vuelta a La Plata, experiencia sindical en Propulsora Siderúrgica)
Los inicios - La Masacre de La Plata
Aquel 24 de marzo de 1976 recuerdo que nos despertamos por la mañana con Pelusa, mi compañera, y prendimos la radio. Escuchamos una marcha militar: el ambiente de golpe que andaba dando vueltas se había concretado.
Yo estaba trabajando en el Banco de la Nación Argentina, sucursal La Plata. Ese día no fui a trabajar. No recuerdo si estuve averiguando cómo estaba todo en el trabajo. Pero al día siguiente me presenté de traje y peinado con fijador. Quería dar la imagen en la calle de un "muchacho muy serio".
Había comenzado a militar en el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), a mediados de 1974 con la gran movilización de resistencia a la misión Ivanissevich que, finalmente, fue derrotada. Como era un compañero recién captado y con la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) -el lugar de actividad política al que pertenecía- sin funcionar, El Laucha Loscertales, uno de los ocho compañeros y compañeras que cayeron un año después en la Masacre de La Plata, me propone colaborar en el frente sindical donde él era parte de su dirección. Ahí comencé mi experiencia con el PST, directamente en el terreno sindical. Posteriormente, ya en 1975, volví al frente estudiantil.
En marzo de 1975 ingresé al banco. Tuve una dura experiencia en forma directa en septiembre de 1975 con el terrible golpe que fue para todos pero, especialmente en nuestra ciudad, la llamada Masacre de La Plata. Posteriormente, un par de meses antes del golpe militar, en enero de 1976, otro hecho terrible con el secuestro y despiadado asesinato de otro militante del PST en Ensenada, Carlos Scafide. Estos hechos me marcaron muchísimo.
Cuando ingresé al banco estaba militando en la juventud de la universidad y luego comenzamos la experiencia de construir la Juventud Trabajadora Socialista.
La línea que me habían dado era que en el banco no debía hacer política ni dar señales de ser un militante. En el agitado año 1975 me fue imposible respetar estas indicaciones y me largaba a hablar con todo en las asambleas. Al poco tiempo todo el mundo sabía que era del PST. Con la Masacre de La Plata, los otros compañeros del equipo bancario se tuvieron que ir a otros lugares -Daniel D, El Petiso D, Luis A- y yo me quedé porque era menos conocido.
El golpe militar del ´76 - La clandestinidad - Primer ingreso a Propulsora Siderúrgica - Secuestro de los cres. de célula.
Estuve trabajando en el banco hasta octubre de 1976. Ahí fue cuando la dirección regional del partido me dijo que estaba demasiado expuesto y la situación en La Plata, era muy peligrosa. De hecho entre los meses de noviembre y diciembre de 1976, hasta febrero y marzo de 1977 hubo una tremenda oleada de allanamientos, detenciones y desapariciones.
Como renuncié de un día para el otro, me quedé sin trabajo. Luego de algunos intentos de procurarme un ingreso, logré entrar en un comercio donde la pareja de un compañero me puso al tanto de que buscaban personal administrativo. Con mi experiencia en el banco y, más precisamente, con el conocimiento que utilizaba cuando daba mis antecedentes de operar máquinas de contabilidad de registro directo que adquirí en el banco, ingresé fácilmente. Ahí pude perfeccionar mis conocimientos como operador de esos equipos que, en realidad, no era ninguna ciencia. Eso fue a fines de 1976 y estuve hasta marzo de 1977, donde me presenté a una búsqueda de personal administrativo en la fábrica de Ensenada del grupo Techint, familia Rocca, que se llamaba Propulsora Siderúrgica y ahora se llama Siderar.
Es una fábrica de laminación de acero en frío que contaba con unos 1.500 trabajadores. Famosa por sus luchas, por sus importantes cuadros sindicales y por su oposición a la burocracia de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM).
Ahí teníamos una tradición con Jorge A como parte de cuerpo de delegados de la UOM y Carlos Scafide de Asimra, el gremio de los supervisores. También hubo otros compañeros en la fábrica como el “Negro” Eugenio y no recuerdo quiénes más.
Me presenté a los exámenes que tomaba la empresa y fui uno de los dos seleccionados. Ingresé en marzo de 1977. Era muy importante para mí y para el Partido porque me sumaba a una estructura fabril muy importante para la zona y para el movimiento obrero en general.
Luego del golpe, el PST se organizó en células, grupo de compañeros y compañeras muy reducidos, donde la idea era no conocer nuestros domicilios, no saber dónde trabajábamos y, en lo posible, no conocer nuestros apellidos. No era tan fácil con algunos que ya veníamos militando de antes. Con Pelusa conformábamos una célula de cinco miembros. Julio "el Bocha" Matamoros, Alejandro "el Negro" Ford, su compañera Mónica "Moniquita" de Olazo, Pelusa y yo. El lugar de reunión era en el barrio de Tolosa de La Plata, en el departamento que ellos alquilaban. Por lo tanto sabíamos su domicilio, pero ellos tres no conocían el nuestro. También conocíamos el domicilio, teléfono y trabajo de Julio. Pelusa y yo teníamos 22 años, Julio 21, Alejandro 20 y Moniquita 18, que tiempo después nos enteramos que estaba embarazada.
Tras mi ingreso a Propulsora, una mañana iba en el micro que llegaba hasta las puertas de ingreso a la fábrica. Era un horario inusual porque tenía que hacer horas extras. Hacía poco tiempo que Pelusa y yo habíamos dejado esa célula y no recuerdo la razón. Yo era el único pasajero y en una de las paradas sube Moniquita. Me ve y se sienta a mi lado y charlamos, pero nunca me preguntó hacia dónde iba por razones de seguridad. De todas formas era evidente porque ese era el micro que utilizábamos los trabajadores de La Plata para ir a trabajar a la planta. Esa fue la última vez que vi a Moniquita.
Con Miguel, otro compañero trabajador de Petroquímica Sudamericana / Hilandería Olmos, alquilábamos un local convertido en vivienda que simulaba ser nuestro domicilio pero no era el real. Servía para que, si nos detenían, diéramos ese domicilio. Y si preguntaban a los vecinos éramos caras conocidas. El famoso minuto. Siempre íbamos por el lugar y nos hacíamos ver en la vereda. Cuando nuestros francos coincidían, íbamos los dos.
En una de esas oportunidades Miguel, que me había reemplazado como responsable de la célula que mencioné, me cuenta que una vecina con la que entabló conversación le dijo que habían andado por el barrio unos tipos que le preguntaron si sabía quienes vivían ahí. Eso ya nos alarmó.
Creo que esto sucedió días antes del 12 de mayo de 1977. En esa fecha, Miguel y yo coincidimos en estar ambos en el lugar. Cuando nos encontramos, me dice que la noche anterior se dirigió hacia el departamento de los compañeros en Tolosa y, cuando se acercaba, vio movimientos extraños. Siguió hasta la esquina y volvió. Ahí pudo confirmar que era un grupo de tareas porque los vio con sus Ithacas.
Como yo tenía contacto con Julio desde mucho antes, conocía su número de teléfono de la oficina del banco en que trabajaba (había sido estudiante de derecho y posteriormente ingresó a una entidad bancaria) y del domicilio familiar. Llamé al primero y me dijeron que no se había presentado a trabajar. Llamé al segundo y me atiende su hermano, que era bastante más chico, y me pregunta con vos alarmada quién era yo. Ahí corté y le dije a Miguel: "los secuestraron". Inmediatamente, y no recuerdo cómo, dimos la alarma al Partido.
Ante esta situación, debido a aquel encuentro casual con Mónica, la dirección del Partido me dice que tengo que renunciar a la fábrica. Nuevamente manifiesto, ahora en Propulsora, que tenía a mi madre muy enferma y que tenía que volverme a mi pueblo natal, Lobos. La misma historia que había dado en el Banco Nación unos meses antes.
Rumbo a Mendoza - Secuestro y desaparición - La cárcel y la condena
Con Pelusa llegamos a la conclusión que seguir viviendo en La Plata ya no era seguro para nosotros. Lo hablamos con la Dirección y comenzamos a buscar trabajo en Capital. Yo encontré, con el viejo recurso de operador de máquinas de contabilidad de registro directo, trabajo en una empresa de personal eventual que eran muy comunes en la época. Eran intermediarios entre empresas que necesitaban personal por un tiempo. Me derivaron esa misma mañana en que me presenté en la misma a trabajar en la administración de una sastrería de las más importantes de Argentina en esa época. Pelusa tardó un poquito más, pero consiguió en una distribuidora de alfombras también muy importante. Faltaba conseguir un lugar para vivir. Viajábamos todos los días desde La Plata a Buenos Aires.
Una anécdota que siempre recuerdo es que en ese trabajo había otra empleada eventual con la cual estuvimos charlando un rato. Yo percibí como que era del Partido, ella también. Ambos comentamos a nuestras respectivas direcciones y, al otro día, nos reímos y reconocimos que éramos compañeros de militancia. Resultó ser la Turca.
Tuvimos una cita con el compañero Miguel (o Eduardo en esa época) y nos propuso ir a Mendoza a reconstruir la regional que había sido diezmada por la dictadura. Luego de pensarlo, aceptamos y Miguel nos puso en contacto con Mariano (Joaquín en esa época). Con él coordinamos nuestro pase de regional.
Pelusa se fue a mediados de 1977 y yo me quedé trabajando como personal eventual donde ya relaté y me alojé en un hotel por la zona que estaba cerca de la jefatura de la Policía Federal Argentina a la espera de que Pelusa se instalara.
Creo que un mes después recibí noticias de Pelusa, supongo que por correo porque no teníamos otro medio. Ahí me contaba que había conseguido trabajo y que se había instalado como pensionista en la casa de un matrimonio mayor.
Entonces preparé mi viaje. Le comuniqué qué día y a qué hora llegaría. No recuerdo cómo hacíamos para que no fallara nada porque celulares no existían y teléfonos fijos no teníamos. Cuando llegó el micro a la terminal de Mendoza, me estaba esperando Pelusa. Justo era el horario de descanso porque, como hacia horario de comercio, cortaban al mediodía.
Ahí supongo que habremos coordinado una cita para otro momento y yo me busqué un hotel. Así fue que comenzamos nuestra actividad mendocina junto al compañero Wenchi, que era muy joven. Recién había terminado la secundaria y también era nuevo en el Partido.
Luego consigo una pensión y me mudo allí. Posteriormente lo hace Pelusa. Era un lugar muy viejo, lleno de cucarachas que hasta se subían a nuestra cama. Quienes lo habitaban eran personas solas, parejas, familias con historias muy particulares. Por ejemplo junto a la habitación que alquilábamos -por supuesto que había que compartir la cocina y el baño- había un “cafisho”, un proxeneta que vivía con su pareja y la hermana menor de esta. Estaban de día porque de noche ellas trabajaban. También había una pareja chilena escapados del golpe y, así, una larga galería de personajes muy pintorescos en general. Posteriormente conseguimos un departamento muy chiquito.
Recibíamos informes en cartas escritas con texto oculto, documentos camuflados en apuntes de estudio y materiales por vía aérea. Nosotros escribíamos a una casilla del Correo Central de Capital. Había un compañero paraguayo, creo que de nombre Luis, que iba a vernos en algunas oportunidades.
En diciembre de 1977 hubo una primera liberación de presos políticos. Entre ellos sale un compañeor que había sido dirigente bancario en Mendoza. Ahí es que nos manda un padrón de contactos, la mayoría bancarios. Nuestro equipo estaba conformado por Pelusa, Wenchi y yo. Teníamos una periferia de cinco o seis compañeros y compañeras donde algunos venían de la militancia partidaria, pero estaban fundidos, y otros solo eran contactos.
A fines de 1977 y comienzo de 1978 hicimos la campaña financiera usando ese padrón que nos habían hecho llegar. Visité compañeros y compañeras del Banco Nación, del Banco Mendoza y de la Caja de Previsión Social, no recuerdo si esos eran los nombres exactos en los dos últimos casos. Llevaba un bono de nuestra campaña que se basaba en recaudar fondos para sostener las familias de los presos políticos.
Fuimos visitando a cada uno de ellos que, en mi caso, me recibían cautelosos pero, aunque levemente, también receptivos. Era febrero de 1978 cuando en el Banco Mendoza, un cajero llamado Luis Aguirre me dijo que volviera otro día porque estaba muy ocupado para poder charlar, y creo que lo hizo una vez más. En la última oportunidad me dio alguna excusa por la cual me retiré y, a metros de la puerta, a plena luz del día, lleno de gente, cuatro tipos me empujan contra la pared y me ponen pistolas en la cabeza diciéndome que si intentaba algo me mataban.
Me sacaron el DNI y me dijeron que caminara entre los cuatro. Hubo un momento confuso y de falsa esperanza porque ellos tenían el dato de que era alguien de Capital, pero yo había hecho un cambio de domicilio y hasta cédula de identidad provincial había sacado para fortalecer una imagen más legal. Cuando vieron el domicilio, me preguntaron si era de Mendoza a lo cual yo contesté que sí, y ellos dijeron que si había algún error me soltarían. Me subieron a un auto que tenían estacionado en una plaza, el clásico Ford Falcon, y me llevaron a la Jefatura de Policía donde funcionaba el Departamento 2 de Inteligencia (D2), que Wenchi me había relatado tiempo atrás que era el centro de detención y tortura mas "duro" de la provincia.
Me dejaron en la guardia y, como en esas situaciones límites uno se genera esperanzas ridículas, pensaba que podía "zafar". Pero no. Me llamaron dos personas, me subieron a un ascensor, pararon el ascensor entre dos pisos, me sacaron el reloj, un anillo y una cadenita y me esposaron a la espalda vendándome los ojos. Luego de subir y bajar varias veces, me sacaron del ascensor en un piso y me metieron en un lugar donde había varias personas que me golpeaban y me ametrallaban a preguntas hasta que perdí el sentido Luego, semiinconsciente, me arrastraron a una celda y me tiraron al piso. Estuve ahí sin tener noción del tiempo ni de la hora del día. Solo recuerdo que se abría la puerta y yo podía ver por lo que me dejaba la venda los pies. Algunas veces de civiles y otras de militares. Todos me preguntaban mi nombre y mi documento.
Estuve tirado en el piso y, en otro momento, no sé si el mismo día -en realidad me parece que fue el siguiente- me sacan de la celda y me llevan corriendo esposado y vendado y me dejan chocar contra las paredes. Me someten a un nuevo interrogatorio y ahí escucho un quejido que reconocí como de Pelusa, a quien le habían dado un golpe para que yo la escuchara. Siguió el interrogatorio conmigo.
Luego, nuevamente arrastrando, me condujeron a mi celda. Ahí estaba tirado y no sabía si había alguien más en otra celda. Estaba Pelusa y con pequeños carraspeos y luego palabras comenzamos a comunicarnos. Ella también había sido víctima de la "bestialidad" de los servicios. Cuando comenzamos a comunicarnos, en voz muy baja, me dijo: "me violaron". La esperaron en el departamento que alquilábamos y, en el horario de corte de la jornada laboral, cuando se fue hacia ese lugar, esta gente ya estaba adentro.
Pasaron unos días y ahí estábamos. Nos comenzaron a dar algún plato de comida y me retaceaban ir al baño. Como el recinto donde estaban las celdas tenia una puerta que sonaba como muy sólida, no escuchábamos nada. Nos dejaban solos por varias horas. A veces pedía a los gritos que quería ir al baño pero nadie venía. Cada guardia tenía su característica: estaba el que se hacía el bueno y daba consejos, el que me ponía la pistola en la cabeza y me amenazaba cuando iba al baño y el que me llevaba pero no me sacaba las esposas. Tenía que ayudarme Pelusa para poder orinar. Un día me permitieron bañarme.
En una oportunidad tenía tanta sed que comencé a lamer las paredes mugrosas y húmedas del calabozo. Me llevaron al baño y pedí de tomar agua, si no me daban, estaba dispuesto a tomarla del inodoro, No resistía más la sed.
Pasados tres o cuatro días, aprendí a abrir las esposas metiendo el dedo meñique en el lugar donde hay una ranura para poner la llave. Me las sacaba y me bajaba la venda. Cuando escuchaba ruido de la puerta de ingreso a ese sector de calabozos, me subía la venda y me volvía a poner las esposas.
Así estuvimos unos seis o siete días hasta que nos llega una bolsa de polietileno con comida y ropa. Era la señal de que nos habían reconocido. Hasta el momento no sabíamos si volveríamos a ver el exterior.
La bolsa llegó porque el padre de Pelusa y el hermano, ya comunicados con mis padres, se fueron desde La Plata a Lobos y desde allí a Mendoza. Llegaron al departamento y se encontraron con un grupo dentro que, sorprendidos, reconoció que nos tenían detenidos (secuestrados). Nuestra familia salió para llamar por teléfono a La Plata y Lobos avisando que estábamos vivos porque, creían en la posibilidad de que nos hallarían muertos y, a su regreso, ya se habían retirados los servicios del departamento. Así que se dirigieron a la Jefatura de Policía y nos negaron. Se fueron a la 8va. Brigada de Montaña donde los recibió un coronel que nos reconoce y los manda nuevamente a la Jefatura. Nuevamente en la Jefatura nos niegan. Vuelven a la 8va. Brigada y ahí llaman por teléfono a la Jefatura -donde funcionaba el D2- y les indican que nos reconozcan. De vuelta a la Jefatura nos reconocen y ahí es que ingresa la bolsa mencionada, que yo llamo “el pasaporte a la vida”.
El paso siguiente fue subirnos a un camión celular y trasladarnos a la penitenciaría de Mendoza capital, donde nos separan a Pelusa y a mí. Me tuvieron parado firme a la entrada. Era como una zona administrativa. Yo tenía un ojo visiblemente morado y todo el vientre igual, pero lo tapaba la ropa.
Un oficial del servicio penitenciario me llevó junto a otros presos comunes para que nos bañáramos. Buscó algo para que nos secáramos y encontró un viejo cotín de colchón. Teníamos que estar siempre, en la presencia del personal del presidio, firmes y con las manos en las espaldas. Luego me llevaron a un consultorio médico donde el profesional me preguntó: "Además del ojo negro, ¿tenés algo más?". Yo le mostré mi panza que estaba negra.
De ahí me llevaron a la peluquería y me cortaron el pelo. Luego, cuando ya habían cerrado las celdas, creo que era a eso de las 18 o 19, me llevaron al pabellón de presos políticos y me metieron en una celda que cerraron, como a todas, con pasador y candado, Ahí había otro compañero que era del Peronismo de Base, el “Negro” R.
Ahí comienza un período de unos seis meses de cautiverio sin proceso ni condena. El nuestro era un pabellón exclusivo para presos políticos. No podían entrar diarios ni revistas. No estaban permitido los televisores y las radios. La forma que teníamos de enterarnos de lo que pasaba afuera era a través de las visitas de los parientes, que luego suspendieron. Pero teníamos alguien que nos informaba. Era un padre jesuita que, si bien pertenecía a una parroquia, tenía grado del escalafón del servicio penitenciario e iba a visitarnos. Era un hombre muy compinche con nosotros. Nos contaba un poco y nos llevaba cosas permitidas pero envueltas en papeles de los diarios de esos días. Luego, dentro de una celda, lo leíamos en forma colectiva.
El "Negro" R. me dijo esa primer noche que dijera al resto que no militaba en nada. No recuerdo bien porqué. Tal vez para preservarme de que llegara información a los guardias. Pero no tenía mucho sentido. Al día siguiente, cuando abrieron las celdas, se vino todo el pabellón al humo para conocerme y hacerme preguntas. Con todos apiñados dentro de una celda, yo afirmaba que no militaba políticamente y, a la vez, les hacía un informe político. Una gran ridiculez.
En el pabellón seríamos una población de entra treinta y cuarenta según el momento. La mitad pertenecía a Montoneros. Luego había unos cinco o seis del peronimo más ortodoxo. Los montos los despreciaban porque decían que eran buchones. Después había un grupo del PC y también un PCR pero que hacía "ranchada" con los Montos.
Las ranchadas eran los grupos que se formaban y compartíamos el "economato", o sea, provisiones que nos traíamos o comprábamos al la proveeduría del penal con fondos que nos depositaba la familia y de la que iban descontando estos gastos. También había una ropería para quien necesitara algo.
Yo hacía ranchada con el Negro y los peronchos más ortodoxos por concejo del mismo Negro. Me decía, "no te sumes a los Montos porque eso te perjudica". Pero un tiempo después el Negro se puso muy raro, se aisló, se mostró agresivo hacia mí, me quitó el saludo y hasta hubo faltantes de víveres que teníamos los de la misma ranchada debajo de una cama. Muy extraño, porque todas las celdas daban a una galería que, a su ves, daba al patio. Alguien tendría que haber visto si entraban a robar, pero no. Hicimos una asamblea para discutirlo, pero no pudimos saber quien era aunque sospechábamos del negro. Vaya a saber que pasaba en su cabeza. A pesar de su enojo conmigo que nunca supe por qué, el día que me liberaron, vino y me abrazó.
En pleno invierno nos bañábamos con agua fría porque no había caliente. En algún momento acordamos con los guardias que arreglaríamos y pintaríamos el pabellón, y ahí nos trajeron un termo tanque. Cuando nos bañábamos con agua fría, lo hacíamos rapidamente y nos secábamos y abrigábamos mucho a toda velocidad.
Fue el año del Mundial de futbol en Argentina. Lo vimos desde el pabellón que ocupábamos. Permitieron que un pariente acercara un televisor que solo podíamos ver mientras se desarrollaba el partido. Lo ingresaban al pabellón para el inicio del partido. Solo podíamos ver los del seleccionado argentino. En el entretiempo debíamos apagarlo y, al terminar, lo retiraban.
Pasó algo muy particular. Una mañana entran a un grupo de unos cinco cros. Todos fuimos a hablar con ellos. Ninguno era militante pero sí tenían en común que eran empleados de diferentes hoteles. Comenzamos a indagarlos y uno había hecho teatro con la JP, otro tenía un hermano del PC, otro había estado en el FIT (Frente de Izquierda Popular) en las elecciones de 1973 y así. No recuerdo de los demás. Los habían levantado de sus trabajos y los llevaron al D2. Los interrogaron pero sin torturas. El más joven lloraba como loco hasta que un cro. ya grande, del PC, le dijo muy enojado que no había nada que temer porque éramos presos políticos. Ahí se calmó y todos se integraron a la vida del pabellón. Hicimos obras de teatro dirigidas por el que tenía conocimiento de este arte. Actué en una obra que yo mismo escribí, disfrazado de madre. Me hice ruleros con los centros del papel higiénico y me armé un vestido. Mas no recuerdo.
Cuando terminó el mundial, los largaron. Concluimos en que, como Mendoza era una de las sedes y los turistas y periodistas que vinieron al país se hospedaban en los hoteles, los sacaron de circulación para no correr riesgos de que les contaran la realidad de lo que estaba pasando con la represión.
Luego del mundial, un día nos hicieron formar frente a cada celda como lo hacían para las requisas. Entro un grupo militar que, por las edades, parecían ser conscriptos. Todos nos preparamos para recibir unos palos. Nada de eso pasó. Observaron todo en silencio. Uno de ellos me preguntó si estaba procesado. Le dije que no. Nunca pudimos saber de que se trataba.
En agosto, la 8va. Brigada de Infantería de Montaña, dependiente del 3er. Cuerpo de Ejército con asiento en Córdoba, nos pone a disposición de la Justicia Federal. Mi padre paga una fianza y el juez nos da la libertad. En director del penal no nos libera y el Juez lo intima para hacerlo. Lo hace solo cuando le lelga la autorización de los militares. Todo figura en el expediente que obra en el juzgado y tengo copia). No se si seguirá existiendo. el original.
Vuelta a La Plata - Segundo ingreso a Propulsora Siderúrgica - La elección como delegado y como miembro de la Comisión Interna de Reclamos - La lista Naranja.
Nos trasladamos a La Plata con autorización del juez y el juicio lo seguimos vía exhorto a través de Tribunales de La Plata. Fuimos condenados a dos años de prisión con libertad condicional, por ya haber estado encarcelados.
Ya en La Plata reinicié mis estudios. Con Pelusa tuvimos tres hijos, volví a ingresar a Propulsora y terminé mi carrera. Fue una etapa de muchos sacrificios personales y familiares, porque trabajaba en la fábrica, asistía a la facultad y teníamos con Pelusa dos hijes. La tercera vino cuando ya me había recibido. El proyecto era desarrollarme en mi profesión y así poder mejorar nuestros ingresos, que eran muy justos.
Pero con el advenimiento de la democracia se generó una etapa de democratización en la fábrica y decidí postergar mi búsqueda de trabajo profesional. Era el año 1983 y me había vuelto a conectar con la corriente acercándome al MAS.
Creo que todavía era dictadura cuando un grupo de cros. iniciamos un reclamo por aumento de sueldo. Con algunos nos fuimos conociendo en ese proceso. Pedíamos algo así como el 17%, no recuerdo bien. Nos fueron a ver los delegados que había, nombrados a dedo por la burocracia diciéndonos que estábamos locos, que si sacábamos el 4 o 5% podíamos estar contentos. Sacamos lo que pedíamos sin tener reunión con la patronal porque no éramos delegados. e derrumbó el cuerpo de delegados y pedimoss elecciones a la UOM y la dieron sin vueltas. Se ve que la patronal necesitaba interlocutores válidos respetados por el conjunto de los trabajadores.
Me presenté como candidato luego de pensarlo mucho. Me había recibido de Licenciado en Administración luego de muchos sacrificios propios y de mi familia (con Pelusa ya habíamos tenido dos hijes). Mis cres. de sección que vivieron todo ese esfuerzo, me dijeron que siguiera buscando trabajo de profesional. Estuve meditando todo un fin de semana. Pelusa me dijo que hiciera lo que yo sintiera. El lunes siguiente fui a trabajar y le dije a mis cros. que me presentaría como candidato. Primero me dijeron que estaba loco y luego, que me harían la campaña.
Fui elegido delegado en la fábrica dentro de un cuerpo de delegados elegidos por sección sin importar su ideología. dDe un total de treinta y dos más algunos colaboradores, solo uno era de la burocracia. Había peronistas, radicales, del PO e independientes. Del MAS éramos tres. Elegimos los cinco titulares de la Comisión Interna de reclamos y los dos suplentes. Los tres del MAS fuimos titulares. Los otros dos era, uno peronista aliado a nosotros y el otro, radical. De los suplentes, uno era del PO y el otro no me acuerdo. El radical era un tipo muy ábil y oportunista. Tenía arreglos por abajo con la empresa.
Fuimos, nuevamente, un cuerpo de delegados y una Comisión Interna de Reclamos opositora a la burocracia de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) como fue la de la lista blanca en los ´70.
También fui uno de los candidatos dentro de la Lista Naranja de oposición, que hizo una importantísima elección enfrentando a los burócratas de la Lista Azul peronista y a la Lista Celeste que inventaron, en pocos días, un grupo de cros radicales avalados desde el poder, ya que era la época de auge del presidente Raúl Alfonsín. Les ofrecimos ir en unidad. Pero el cro. radical de la Comisión Interna, gran oportunista, primero intentó ir con la burocracia argumentando que le sacaría el sindicato desde adentro y luego, oficializaron la lista apoyados por el oficialismo radical. Así y todo sacamos el 32% de los votos frente al 51% de la burocracia peronista y al 17% de los oportunistas y rupturistas radicales. Fue una elección histórica.
Luego de un tiempo, apremiado por la economía familiar y con el proyecto de trabajo como profesional postergado, decido retomarlo. Hay fue que dejé la militancia. En 1987, luego de los dos años de cobertura sindical, me echan de Propulsora e inicio un derrotero por diferentes trabajos llevando una vida de “clandestinidad” en democracia, porque mis antecedentes no me beneficiaban.
Nueva etapa de vida y vuelta a la militancia
Logré ingresar al PAMI y, no contenta la burocracia sindical con que me hubiesen echado de Propulsora Siderúrgica, el bloque de diputados sindicales de la provincia de Buenos Aires, integrado entre otros por Di Tomasso de la UOM, comunicó a la máxima autoridad de esta institución mis antecedentes de trotskIsta y ex preso político pidiendo que me echaran. Por suerte, quien estaba a cargo de ese instituto, Santiago de Estrada, supongo que por su peso político, no estaba dispuesto a aceptar presiones y no les dio el gusto.
Estuve fuera de la militancia hasta 2001 donde no pude dejar de lado el llamado de la situación socio -política del país y me integré al MST. En esa etapa fui referente barrial en una asamblea de inundados que funcionó por unos veinte años. Actualmente, ya en Izquierda Socialista, estoy dedicado al trabajo sobre derechos humanos.
Folio 3 del expediente generado a partir del secuestro y desaparición por el D2 (Departamento 2 de Inteligencia) de Mendoza, posterior reconocimiento y encarcelamiento en el Penal de la ciudad de Mendoza por seis meses y, finalmente, condena a dos años de prisión con libertad condicional.
Foto del prontuario que figura en el expediente de la detención (con los ojos visiblemente morados mas toda la zona del abdomen)
Comprobante de pago de la fianza requerida por el Juzgado Federal de Mendoza que permitió la liberación del penal continuando el proceso judicial que culminó con una condena de dos años de prisión con libertad condicional
Con Pelusa cuando vinimos de Mendoza para las fiestas de fin de año de 1977 / 1978. Luego, en febrero de 1978 ya vueltos a Mendoza, fuimos secuestrados por los servicios.




Comentarios
Publicar un comentario