TESTIMONIO ROLO ASTARITA (Del PO al PST, Militancia fabril, Chrysler, la coordinadora de zona oeste, Rodrigazo, Plan Mondelli, secuestro, torturas, exilio, militancia internacionalista en España, asesinato de Yolanda González, la caída de la dictadura)
Del
PO al PST
En el
74, cuando se puede decir que comienza el terrorismo de Estado yo paso de
militar en el Partido Político Obrera (PO) al PST. Primero habría que aclarar
que me proletaricé cuando terminé el colegio secundario. Yo fui a un colegio
secundario muy politizado, el Nacional Buenos Aires. En el Nacional Buenos
Aires milité un año aproximadamente en la Juventud Comunista. Me fui de la
Juventud Comunista con el Cordobazo. Mucha gente se radicalizaba en ese momento.
A mediados de los 60 me vuelco a la izquierda por la dictadura de Onganía, después
de Levingston. Hasta ese momento tenía cierta simpatía por los radicales, por
Illia. Una discusión que atravesaba en esa década a la vanguardia era si había
que tomar las armas o si había que hacer trabajo de masas, político. Era una
discusión candente en la izquierda crítica del PC. En 1969 estuve cerca de un
grupo que terminó después en el ERP. Pero ese año leí por primera vez a
Trotsky, su crítica a la burocracia soviética y a los crímenes de Stalin. Por
otro lado, conocí la revista Fichas y
el trabajo de Milcíades Peña. Recuerdo que un compañero del colegio me llevó al
kiosko del Lorraine, en la calle Corrientes, que vendía Fichas. La lectura de
Peña tuvo mucha influencia en mí, incluso su forma precisa, científica, de
presentar las cuestiones y debatir. De manera que me incliné por el trotskismo,
En el Nacional Buenos Aires era bastante fuerte Política Obrera. Incluso,
aunque no era del colegio, intervenía el hermano joven de Altamira, que era un
gran agitador.
Al
terminar el 69 me proletaricé. Trabajé en una metalúrgica primero, aprendí
bastante tornería, hice la colimba y en el 73 entré en la Chrysler, en San
Justo. Entre 1973 y 1974 empecé a considerar que las posiciones de Política
Obrera y el PST eran similares en lo que atañe a las cuestiones fundamentales.
Sin embargo, PO le había errado fuerte en la línea política cuando en 1972
consideró que fracasaría la salida electoral que preparaba la dictadura
encabezada por Lanusse.
El error
de PO fue caracterizar que la burguesía no podía absorber al peronismo y por lo
tanto pensar que la lucha por el regreso de Perón nos llevaba objetivamente a
la revolución socialista. De ahí la insistencia, después del Cordobazo y hasta
1973, en que el país marchaba hacia una guerra civil. Nahuel Moreno, en cambio,
caracterizó que era posible que la dictadura instrumentara las elecciones, y
sostuvo que la izquierda debía dar una respuesta en el terreno electoral. El PO
tardó en reconocer esa realidad, y quedó marginado. Terminó llamando a votar en
blanco en 1973. Una posición marginal. En cambio, el PST se presentó con la
fórmula Coral Ciapone primero y en septiembre Coral-Páez. Altamira terminó
reconociendo que se había equivocado, aunque minimizó el problema diciendo que
era un error de táctica, digamos que superficial.
En 1974
yo ya llevaba cinco años de militancia en el Política Obrera. Por entonces no
había grandes diferencias programáticas, o estratégicas, entre el PST y PO. Por
eso le planteé a gente del PST la posibilidad de una unificación de los dos
partidos. En principio se mostraron receptivos y tuve un encuentro con Nahuel
Moreno. Me dijo que estaba de acuerdo con la posibilidad de una unificación. De
hecho, los dos partidos se planteaban la lucha por la independencia de clase,
la crítica a la izquierda frente-populista, la defensa del Programa de Transición, las cosas básicas. Sobre esa base, existían
diferencias que se podrían procesar como en cualquier partido revolucionario
que practicara la democracia obrera.
¿Y cómo
funcionaba? La propuesta que me transmitió Moreno era: se hace la unificación,
la dirigencia que viene de Política Obrera pasa a integrar el Comité Central
del partido unificado, en la proporción que le corresponda. Durante cinco años
no se los puede sacar de la dirección, y se hace una experiencia común. Había
que procesar la experiencia e ir limando diferencias si eran secundarias. Yo pensaba
que era viable. Yo no estaba muy de acuerdo con algunas formulaciones del PST
con relación al Gran Acuerdo Nacional, cosas por el estilo. Era una cuestión
más bien de caracterizaciones tácticas. En todo caso, esa fue la propuesta que
le llevé a Jorge Altamira. Nos reunimos. Al principio pareció considerar positivamente
la propuesta, pero rápidamente empezó a plantear diferencias. Incluso sacó a
relucir una vieja crítica a la posición que había tenido Nahuel Moreno con el
cierre del diario La Prensa por el
peronismo.
Traté de
plantearle a JA que un partido revolucionario puede tener alas y tendencias.
Que para mí las diferencias que había entre el PST y el PO eran mucho menores
que las diferencias que podía haber tenido Lenin con Martov, para poner un
ejemplo histórico. Esto lo sigo pensando, cuando veo las divisiones y peleas de
grupos que comparten el mismo programa (los trotskistas el Programa de
Transición), tienen una estrategia similar, reivindican la misma historia. Lo
digo hoy desde una posición y línea política muy distinta a la del FIT y los
demás grupos trotskistas.
En fin,
me di cuenta de que Altamira no quería la unidad. Otra cuestión, más concreta,
si querés, es que yo veía que el periódico Política
Obrera, era inasimilable para los obreros. No dialogaba, hablaba un idioma
dificilísimo. Dadas esas cuestiones, en una reunión planteé que tenía dudas de
la línea del partido. Me respondieron que yo era “un elemento gangrenado por la
desmoralización” (sic). Me terminé yendo. Así fue como entré al PST.
Militancia
en Crysler
Como
dije antes, en 1973 entré a Chysler. Ese año tomó la dirección de los delegados
y la comisión interna de la fábrica una lista encabezada por un compañero de la
Juventud Trabajadora Peronista (vinculada a Montoneros), PZ. Él también se
había proletarizado, según me dijo en una charla confidencial, para hacer
trabajo en el peronismo, Siempre tuve la impresión de que PZ había tenido
relación con algún grupo trotskista, pero nunca me quedó claro. Pasado un año,
en 1974 la burocracia del SMATA había logrado debilitar, y mucho, a la JTP en
Chrysler. Cuando SMATA convoca a elecciones para delegados PZ me ofrece integrar
la candidatura de delegado de la sección con otro compañero de la JTP, Eran
como 100 compañeros en la sección, solo del turno mañana. Presentamos la
candidatura (delegado y subdelegado), pero la burocracia me dijo que lo mío no
estaba en regla porque no tenía suficiente antigüedad en la empresa. Era una
mentira, yo tenía los recibos de mis cuotas al sindicato en orden, y por más
del tiempo legalmente requerido.
De
manera que la burocracia me dice: "No te da la antigüedad en la
fábrica". "Sí, yo tengo la antigüedad", le digo. En ese momento
estaba en el turno mañana, porque generalmente yo trabajé de tarde. Me dicen:
"Ah, nos equivocamos, andá hoy al sindicato, en la calle Bolívar, y lo
arreglamos, esto se arregla fácil".
Bueno,
me mandé para el sindicato. En la portería me dicen: "Chrysler, te esperan
arriba”, creo recordar que era el cuarto piso", algo así. Subo con el
ascensor, abro la puerta, era una terraza donde había una casilla. Abrieron la
puerta y estaba uno de la directiva del sindicato, Lázaro Rodríguez, rodeado de
todos los tipos de la comisión interna de la fábrica. A la mayoría los habían
cooptado con una combinación de amenazas y posiblemente algunos acomodos.
LR tenía
una escopetar recortada arriba de la mesa, jugaba con dos balas, y estaba dando
una especie de curso o discusión basado en el libro Conducción Política, de Perón. Agrego un crucifijo arriba de la
mesa. Estaba todo el escenario dispuesto. En ese marco LR me interrogaba: “¿Y
vos de quién sos? ¿A quién respondés?". Yo trataba de desviar la cosa,
decía que no tenía relación con ninguna organización, etcétera. Entonces LR
decía: "Aquí son todos boludos, pero en las asambleas te rompen el
culo". Y agrega: "Nosotros estamos de acuerdo con la Triple A. Esto
es una guerra. Los muchachos que mataron a ese abogado de Córdoba, Curuchet
cometieron un error, gastaron demasiadas balas. Porque hay que hacerlos mierda
a todos".
Estaba
mi recibo de pago al sindicato ahí arriba de la mesa. Lo quise agarrar para
llevármelo y me dicen: "Dejalo. ¿Qué querés, que te cortemos las manos?
Quedate en el molde, tomátelas". Cuando volví a la fábrica al día
siguiente le conté a mis compañeros lo que había sucedido. Me presenté igual
como subdelegado. Sacamos algo así como 95 votos sobre100. Pero igual no me
reconocieron diciendo que no tenía la antigüedad. Entonces yo tenía alrededor
de 22 años.
Para
describir un poco el clima que se vivía, hay que recordar que Montoneros había
matado, en mayo de 1973, a Kloosterman, el secretario general del gremio. Lo
sucedió José Rodríguez. El clima era muy pesado, la burocracia se alineaba
completamente con la ultraderecha. Un ejemplo de lo que se vivía: creo que fue
a fines de 1974, o principios de 1975, que compañeros del partido me pusieron
en contacto con un compañero que trabajaba en las estaciones de servicio del
Automóvil Club. Quería organizar sindicalmente a los trabajadores del ACA. Me
pareció una excelente idea y empezamos a trabajar para ese objetivo. El ACA estaba
desplegado en todo el país. Para que veas la importancia, un compañero me dijo
que cuando vino el golpe, los milicos se aseguraron el control del Automóvil
Club. Porque tenía una flota de cientos de jeeps o auxilios mecánicos
interconectados.
Pues
bien, nos pusimos a intentar sindicalizar en el Automóvil Club. ¿Qué pasó? Pasó
que matones de la burocracia molieron a trompadas y patadas al compañero, le
dejaron la cara desfigurada. El compañero renunció, se volvió a su provincia, y
lo perdí de vista. Esas eran las condiciones en que estabas en aquel momento. Hay
que tener en cuenta, además, que el peso del peronismo entre los trabajadores era
enorme, gigantesco.
La
coordinadora de Oeste. El rodrigazo
En 1975
llega el Plan Rodrigo, el ministro de Economía asociado al ministro de
Bienestar Social, y creador de la Triple A, López Rega. Rodrigo dispuso una
devaluación brutal del peso y suba de las tarifas. Fue un ataque a fondo a la
clase obrera. Lo precios se dispararon. En respuesta, en las paritarias los
sindicatos imponen amentos de salarios. En el caso de mecánicos, los aumentos
eran elevados. La respuesta del gobierno de Isabel fue no reconocer las
paritarias. Ahí estallaron muchas empresas, en particular las automotrices. Y
se formaron las coordinadoras de fábricas. En Oeste participaron dirigentes de
Santa Rosa, Indiel, Mercedes Benz, delegados del Hospital Posadas. Yo no
integré formalmente la Coordinadora de Oeste. Se suponía que para integrarla debía
haber habido una votación o ser delegado de la fábrica. De todas formas,
participé en reuniones. Aunque el mayor peso político dentro de la Coordinadora
creo que era de Montoneros. También había gente influenciada por el PRT.
Cuando
se supo la anulación de los convenios la gente en Chrysler estalló
literalmente. Los del turno mañana se auto-convocaron en asamblea. Yo estaba en
el turno tarde, en esa no participé. Pero al día siguiente empecé a hablar en
las asambleas. Los discursos de izquierda eran aplaudidos y las asambleas eran
masivas. Sin embargo, el proceso era a medias con la burocracia. La burocracia
(Lorenzo Miguel de la UOM y otros) estaban enfrentados a López Rega.
En ese
clima de crisis y desbarajuste del gobierno peronista, muchas fábricas pararon,
hubo manifestaciones importantes. Recuerdo que en una concentración obrera de
varias fábricas, en San Justo, hablé llamando a la lucha obrera, a la unidad,
ese tipo de cosas. Me subí a una tarima y hablé a la gente. Me salía fácil, la
misma situación, el ánimo de la gente, te da fuerza para hablar. Tuvo algo de
sorpresa incluso para mí.
“El Rodrigazo”
se saldó parcialmente. ¿Cómo? Pues con la movilización a Plaza de Mayo,
convocada por la burocracia. Fuimos todos ahí. Era un día de lluvia. La gente
cantaba: “llueve, llueve, el pueblo no se mueve”. Y hubo una huelga general, la
primera que se le hizo a un gobierno peronista. Fue por 48 horas y tuvo un
acatamiento masivo. Al final cayó el Plan Rodrigo, se tuvieron que ir Rodrigo y
López Rega. Hay que reconocer, de todas formas, que la huelga general y la
manifestación en Plaza de Mayo fueron convocadas por la CGT. Buena parte de la
izquierda no quería reconócelo, pero esa es la realidad. La burocracia estaba
debilitada, pero seguía teniendo el principal poder de convocatoria en la clase
obrera.
Con la
salida de López Rega no se frenaron los ataques a la clase obrera ni la Triple
A. Los asesinatos eran constantes. La situación era cada vez más sombría. Uno
sentía mucha desprotección. Los que actuábamos públicamente éramos conocidos en
nuestras zonas de militancia (en mi caso, San Justo, Ramos) y la impunidad de
los parapoliciales era total.Los locales del Partido ya no se podían defender,
el poder de fuego y la libertad con que contaban las bandas de fachos y
parapoliciales nos superaban largamente. Hubo que cerrar los locales. Hacíamos
cosas bastante rudimentarias para protegernos. Por ejemplo, un compañero,
pobre, que luego fue secuestrado, está desaparecido, Cafierito le llamábamos,
me iba a buscar con un coche a mi casa, me llevaba a la puerta de la empresa y
yo entraba rápido para evitar ataques. Todo muy primitivo, no había manera de
parar eso, era terrorismo de Estado a pleno.
Además,
había situaciones medio contradictorias. Por ejemplo, un día, ya cerca de la
fecha del golpe, no recuerdo la fecha exacta, todos los integrantes de la
Coordinadora de Oeste caímos presos en una reunión que estábamos haciendo en el
hospital Posadas. Los compañeros de la comisión interna habían pensado que el
cuarto que tenían asignado era un lugar seguro. Fuimos al Posadas entonces a
hacer la reunión y los de la guardia del hospital llamaron a la cana. Cayó la
policía, nos llevaron a la comisaría de Palomar. Pero un compañero logró
escabullirse y alertó a las fábricas. Era ya de noche, pero paró Indiel
inmediatamente, y creo que también Mercedes Una o dos horas después nos
liberaron. A pesar del clima general, todavía había una capacidad de
resistencia en las fábricas. Pero la represión venía ya por todos lados. Había
mucho miedo, incluso en las bases. Compañeros de la fábrica se acercaban y me
decían: "Te estás jugando la vida, guárdate", y cosas por el estilo.
Algo parecido me dijo PZ, con quien me encontré en una de las manifestaciones
en San Justo durante el Rodrigazo. PZ había renunciado a la empresa y se había
volcado a la acción armada (de hecho, murió luego en un enfrentamiento con la
policía). Ya para el 76 los montos se habían ido. Yo había quedado como el
referente de oposición a la burocracia en la fábrica.
En
febrero de 1976 sube un nuevo ministro de Economía, Mondelli, que lanza otro
plan de ajuste. Entre otras medidas disponía un aumento general de salarios del
12% (ni por asomo recuperaba lo que habíamos perdido con la inflación) y
aumento del 100% de las tarifas (gas, electricidad, transporte). En respuesta,
un grupo de activistas tratamos de parar la fábrica. Para eso, nos coordinamos
varios activistas para iniciar la movida. Digamos, 8 de la mañana armamos
quilombo y desatamos el pro. Bueno, fue así, coordinado, empezamos a las 8 de
la mañana a golpear unos chapones detrás de las máquinas, a hacer ruido,
"hambre, hambre", una cosa así. Pero los compañeros no nos siguieron.
Nos hicimos los boludos y volvimos a laburar. Éramos cinco o seis activistas. A
mí me ponen en una máquina frente al capataz de planta. Yo estaba laburando con
una bronca bárbara, vino un compañero bastante mayor (en aquella época para mí
todo el que tenía más de 55 o 60 años era “viejo”), me agarra del brazo y me
dice: "Hoy no estaba la cosa. Dejala madurar un poquito porque esto
estalla. Pero hoy no estaba". Como diciendo: "Le mediste mal el
pulso".
Y fue
así. Dos o tres días después estalló la fábrica. Armamos una asamblea tremenda
del turno mañana y con gente que venía del turno tarde. El playón lleno. La
burocracia hablaba ahí desde un camión, tratando de enfriar la cosa, que la
gente tuviera paciencia, etcétera. Y entonces empecé a subir por atrás del
camión y la gente empezó a aplaudir. Unos 1.200 compañeros habría. Cuando
empecé a hablar, una ovación, qué sé yo, ¿viste? Era emocionante. Hice la
moción de trabajar al 5%, o algo por el estilo, lo que equivalía a parar la
fábrica. La burocracia en contra. Y ganamos la votación por amplísima mayoría.
La burocracia tuvo muy pocos votos, no se levantó casi ninguna mano. Y mi
moción, todo el playón levantando la mano y votando a favor. Paramos la fábrica.
La patronal se la tuvo que aguantar.
Pero la situación seguía siendo muy mala, la
represión era desatada. Dos pequeños hechos que pintan un poco el panorama. Por
un lado, un compañero que era de Montoneros (casi el único que quedaba) me
quiso proteger y no encontró nada mejor que ir a apretar a los delegados de la
burocracia. Fue a los de la interna y les dijo: "Vos, vos, vos y vos, si
le tocan a Astarita, son todos boleta". ¡Es mundial! Era un muy buen
compañero. Un día la burocracia me llama a hablar en el cuartito de la Comisión
Interna. Me dicen: "¿A quién pertenecés vos, Astarita?". Yo les digo:
"Yo soy del PST". "¡Eh, sos del PRT! ¡No, del PST! Sos del PRT,
estás por la lucha armada!". "No, dejate de hinchar las
pelotas". Me fui.
Faltarían
unos10 días para el golpe. Tratando de recuperar terreno, José Rodríguez llamó
a un plenario de delegados y activistas en la Federación de Box. Ahí nos mandamos
como 80 compañeros de Chrysler, la mayoría pibes jóvenes. Entramos rodeados por
la burocracia. Se había coordinado con la gente de Mercedes Benz que ellos
también irían al plenario. Movilizaron la fábrica, llenaron como 15 o 20
micros. Pero los paró la policía en la General Paz y nos quedamos solos en la
Federación de Box copada por la burocracia. Entra Rodríguez al plenario y la
barrita nuestra empezó a gritar: "¡Y pegue, y pegue, y pegue, Pepe,
pegue!". El resto de los delegados se prendió y empezó a corear: "¡Y
pegue, y pegue!". JR estaba apoyado contra el mostrador, miraba para el
suelo. Y entonces, metió un argumento que enfrió mucho la cosa. Dijo: "Los
que están gritando ahora para que pegue puede ser que dentro de una semana
tengan que parar un golpe de Estado. El mensaje era claro, "No hagamos
quilombo que se “viene un golpe de Estado".
Fue un
baldazo de agua fría y nos fuimos todos los que habíamos ido de Chrysler. De
todas maneras seguimos con la fábrica parada hasta el 24 de marzo. La
orientación del Partido era que si la clase obrera derrotaba el plan económico y
al gobierno de Isabel, de hecho se impediría el golpe. .
Lo
cierto es que la crisis era mayúscula, y era muy difícil articular una
respuesta de izquierda que fuera asumida por la gente. Es ilustrativo lo que me
pasó en una asamblea que reunió al turno tarde. Propuse algunas de las demandas
del Programa de Transición. Entre
ellas, la escala móvil de salarios. Fue rechazada. Los compañeros me decían:
"Pará, viejo. ¿De qué sirve eso si tenemos una inflación del 700 o del
800% anual?” Tenían razón con ese ritmo de inflación, no hay indexación que
valga ni economía que funcione.
Otra
demanda que sugerí fue el control obrero de los precios. El tema es que la
burocracia propuso el control de precios, y me invitaron públicamente a participar.
Para eso debía ir a las 4 de la mañana al Mercado Central a controlar precios
junto a los burócratas del sindicato. Decían "Que venga el compañero Astarita
con nosotros para que vea que vamos a controlar los precios". Y la gente
les decía: "¡Lo quieren matar al pibe, hijos de puta!". Al final no
insistieron con que fuera.
Pero lo que
no me esperaba es que cuando se produjo el golpe la mayoría de la gente lo
aceptaba. Se pensaba que no podía haber peor gobierno que el de Isabel. Y que
el Ejército no podía ser tan asesino como la Triple A. Algunos compañeros me abrazaban
y me decían: "Ahora vas a estar tranquilo". Tuve una crisis política,
y dejé de militar. Y unos dos o tres meses después del golpe la dirección del
Partido me aconseja que me vaya de la fábrica por seguridad y renuncio. Entiendo
que la misma recomendación fue para otros compañeros que estaban muy expuestos.
Una
cuestión que atravesaba la militancia en aquellos años era sobre la relación
entre acciones vanguardistas y la participación en el movimiento. El asunto se
me presentó con toda su fuerza por una acción de Montoneros, en abril del 76.
Sucedió que mataron a un gerente de la Chrysler. La gente rechazó y repudió ese
asesinato. Era una acción desesperada de una organización que perdía pie. La
cuestión es que, a través de un compañero de la fábrica Montoneros me pidió una
reunión. Acepté. Me reuní entonces con un oficial montonero en un bar en
Ciudadela. Me dijo que la organización me consideraba un elemento valioso, que mi
vida corría peligro, y me aconsejaba irme de la fábrica. Me ofreció vivienda,
protección y ayuda económica hasta que consiguiera otro trabajo. Lo rechacé,
terminamos muy mal. Era una demostración que las acciones vanguardistas
terminaban afectando la inserción y el trabajo político en el movimiento de
masas. De hecho, aceptar la oferta implicaba aceptar que mi salida de la
fábrica era decidida por Montoneros. Aunque, como dije, poco después el Partido
me aconsejó que saliera.
Secuestro y tortura
En agosto de 1976 cayó
la policía en mi casa. Era un departamento pequeño, de planta baja. Estaba cerca del
local partidario de Ramos Mejía y lo habíamos quemado con mucho movimiento. Cuando
mi vieja fue a la casa habló con vecinos y alguno le dijo: "Aquí se reunía
mucha gente, mucha gente que entraba y salía".
Incluso hasta pocos días
antes del allanamiento ahí guardamos los “fierros” que habíamos usado para
proteger el local del Partido. Por suerte, los sacamos un poco antes de la
caída de la policía. Aunque dejamos, sin querer, una caja se balas 22. La cana
no le dio mucha bola, pero me decían: "¿Qué iban a hacer con las 22?"
¿Dónde están las armas?, y cosas similares. Pero no siguieron insistiendo.
Me meten
entonces en un Falcon, con un amigo que estaba parando provisoriamente en casa,
el Negro Edi. Nos llevaron encapuchados a lo que más tarde sabríamos que era
Superintendencia de la policía, en la calle Moreno, Capital.
La pasé
mal. Empezaron a las piñas, querían nombres. Nombres, nombres. Me ataron a una
silla y empezaron a pegarme piñas. Como no aflojaba, dijeron "Este está
duro". Me llevaron a la “parrilla”. Te desnudan, te atan y empiezan a
picanearte. Es una situación complicada. Como años después me decía un
compañero (había pertenecido a una de las organizaciones armadas) que había
pasado por la misma, "Ahí estás solito con tu cuerpo”. Es una sensación de
máxima indefensión.
Te
cuento un pequeño triunfo moral: cuando me estaban preparando uno de los
represores me dice: "¿Y vos, pelotudo, por qué sos socialista?". Y yo
le dije: "Por cosas como esta". Se quedó sin palabras y después
estalló: "¡Mirá lo que dice este boludo!". Me sentí fortalecido.
Me
pusieron mucha picana. Me decían que cuando tuviera algo que decir, levantara
la mano. Me ayudaba mucho gritar, te saca tensión, me parece. Hubo un momento en
que tuve una especie de pérdida de conocimiento, dejé de sentir dolor, aunque
seguía siendo consciente. Había un médico que decía: "No, es un...",
no sé cómo le llamaba, no me acuerdo. "Es momentáneo", decía. Al
ratito volvían a empezar. Tuve otras dos o tres “recaídas”. Después empezaron
con otra peor que la picana. Que era darme en las bolas con uh fierro. Ta, ta,
ta. No fuerte, pero sí insistente. Días más tarde me lo hicieron en la celda.
No te golpean fuerte, pero con insistencia siempre en el mismo lugar del brazo.
Llega un momento que te enerva todo, los nervios. Es rarísimo, es un dolor
insoportable. Como si te estallara el sistema nervioso. Estuve secuestrado del
3 de agosto al 27 de agosto del 76.
Tiempo
después tuve dificultades para dejar embarazada a mi pareja. Tenía poca
movilidad en los espermatozoides. Cuando me estaban examinando en el Hospital
de Clínicas, (año 1999) el médico, un hombre mayor, me pregunta, "¿Alguna
vez tuviste golpes en los testículos?". Yo lo había pasado por alto en el
cuestionario sobre antecedentes. Le conté lo del secuestro. El tipo dice:
"¡Estos hijos de puta, la puta que los parió, hay que mandarlos a todos en
cana!", qué sé yo.
En el aspecto psicológico, en principio no
tuve muchas secuelas inmediatas. Aunque años más tarde padecí insomnio. Algo
que me ayudó fue no haber cantado. Te aclaro, tampoco soy ningún héroe ni nada
por el estilo, y siempre me pregunté qué hacía yo si decían: "Torturamos a
tu hijo". No lo tengo claro, te juro que no puedo. Otra cosa que pienso es
que habría que dar plazos temporales de aguante a la tortura. Era lo que hacía
el Frente Argelino. He leído que a Arrostito, dirigente de Montoneros, la
destrozaron. La torturaron días y días y no cantó, pero ¿cuánta gente aguanta
eso? Por otra parte, el sistema de control de los Montos me parece que era
terrible, si fue como me lo contaron. Se basaba en citas establecidas. Entonces,
si alguno se quebraba y cantaba las citas, agarraban a otros. Terminaba
habiendo una cadena de caídas.
Nos
largaron el 27 de agosto de 1976. O sea, estuvimos 24 días secuestrados. Edi
volvió a militar. Yo ya estaba en crisis política con la militancia antes de la
caída y no tenía ganas de volver a la actividad. Entré a la universidad a
estudiar Física y Matemática en Ciencias Exactas de la UBA. Pero por junio del
77 me fueron a buscar de nuevo, esta vez a la casa de mi madre. Pero la patota
no me encontró, vivía en casa de otro familiar. De todas maneras, pasé a la
clandestinidad total (entre otras cosas, abandoné la Facultad). Y con quien
entonces era mi pareja, G, decidimos irnos de Argentina.
El
exilio en España y regreso a la Argentina
En las
peores condiciones salimos por Brasil vía las Cataratas de Iguazú, Foz y Río de
Janeiro, para salir hacia España. Tuve problemas para tomar el avión en Río –me
detuvo la policía brasileña y casi me manda a la frontera “porque están
escapando subversivos de Argentina”-, pero logré zafar y tomar el avión hacia
Madrid.
En
Madrid, en un acto de solidaridad con Argentina, tomé contacto con compañeros
del grupo de Nahuel Moreno, y me vuelvo a enganchar en la militancia. Mario
Doglio era el dirigente del grupo de trotskistas partidarios de la corriente de
Nahuel Moreno en Europa. En España, había muerto Franco, la dictadura se
derrumbaba (pero se conservó la Monarquía) y emergía el PSOE con fuerza. Había
un grupo de militantes españoles, todos muy jóvenes, que adherían a la línea de
Moreno. Por consejo de Moreno, se plantearon hacer el entrismo en el PSOE. La
apuesta era a que se radicalizara un sector del PSOE, y ganarlo para las ideas
del marxismo y el trotskismo.
Al
tiempo de llegar me pidieron que fuera a vivir a Bilbao, donde había un grupo
(serían unos 10 a lo máximo) de la corriente. Acepté, me trasladé entonces al
País Vasco, pero no apliqué la táctica del entrismo. El entrismo me pareció
inaplicable en Euskadi. En la Juventud Socialista ganamos a un pequeño grupo de
jóvenes, entre los que estaba Yolanda González (que sería asesinada por un
grupo fascista) y tres compañeros más. Hicimos propaganda por el marxismo y terminaron
adhiriendo a las ideas trotskistas. Con eso la experiencia en el PSOE de
Euskadi me pareció agotada.
Yo
empecé a trabajar con la Liga Comunista Revolucionaria, (LCR) que era la
sección en España del Secretariado Unificado-IV internacional. En la LCR gané a
un grupo de compañeros para las ideas de Moreno. Armamos una tendencia y tuvimos
representación en el congreso de la LCR que se realizó en 1978. En ese Congreso
intervine con una crítica a Mandel por el tema de la democracia y la dictadura
del proletariado. Mandel me contestó. Eso generó mucha tensión dentro de
nuestra tendencia. Hubo compañeros que casi consideraron una falta de respeto
de mi parte cuestionar a Mandel.
Por otro
lado, en 1979 la corriente de Nahuel Moreno formó la Brigada Simón Bolívar para
luchar en Nicaragua contra la dictadura de Somoza, junto a los sandinistas.
Luego de la caída de Somoza se desata una fuerte discrepancia en el seno de la
IV Internacional. El motivo fue que el Frente Sandinista detuvo y echó de
Nicaragua a la Brigada Simón Bolívar. La LCR y la dirección de la Cuarta
Internacional, con Mandel a la cabeza, apoyó la medida. Decían que no se podía
cuestionar a la dirección sandinista, que era la dirección de las masas
nicaragüenses. Un argumento cuestionable si se tiene en cuenta que la dirección
de la Cuarta había defendido poco antes la idea de la más amplia democracia
obrera.
Finalmente
se produce la ruptura entre la corriente dirigida por Nahuel Moreno y la Cuarta
Internacional dirigida por Mandel. Ahí formamos nuestro propio grupo, la Liga
Socialista de los Trabajadores (LST). Yolanda ya se había ido a vivir a Madrid
con su pareja. En febrero de 1980 la asesina el Batallón Vasco Español, con el
mismo método de las 3A. Secuestro y acribillada a balazo la tiran en un callejón.
Me fue muy penoso el encuentro con los padres de Yolanda, una familia de
trabajadores. Vivían al lado de la ría, de Bilbao, en una zona obrera. Ocurrió
algo que me fue emocionante. Convocamos a hacer una marcha desde la casa de
Yolanda hasta el lugar del entierro. Pensamos que podían ir 15, 20 personas, a
lo sumo. Pero se juntó una multitud que marchó en silencio, encabezada por una
ikurriña y una bandera roja, nuestro grupo al frente llevando el féretro y toda
la gente acompañando. Te ponía la piel de gallina, en medio del silencio de la
ría, era de noche.
Al poco
tiempo después regresé a Argentina por pedido de la dirección del PST. Me
volvieron a detener en 1982, justo al día siguiente de la rendición del
Ejército argentino en Malvinas. Caí por un control policial en un bar. Me
pidieron el documento de identidad, lo pasaron por un sistema instalado en el
patrullero y salió que tenía pedido de captura. Pero esta vez no me torturaron.
Estuve detenido en Superintendencia de la policía, en los mismos calabozos en
los que estuve secuestrado en 1976. Incluso me interrogó un represor que en
1977 –me lo dijo- había formado parte de la patota que fue a buscarme a casa de
mi madre y no me encontró. Años después, cuando fui testigo del juicio por la
Masacre de Fátima (asesinato de 30 compañeros que estaban secuestrados en
Superintendencia con nosotros) usé ese dato.
Después
de estar cinco días detenido, me liberaron. Los policías me decían que era
inevitable la caída de la dictadura, y que el país marchaba a las elecciones.
Tuve discusiones
dentro del PST, dejé de militar y al tiempo volví, con la propuesta que me hizo
Moreno de integrar el equipo de la revista internacional y particularmente
profundizar en la teoría económica de Marx.
Buenos
Aires, 16 de marzo 2026

Comentarios
Publicar un comentario