TESTIMONIO DE BEATRIZ FIGUEROA.

 



Tucumanazo, militancia en el PST y en docente bajo la dictadura en Córdoba y Tucumán, la formación del MAS

Beatriz nació en Tucumán. Su vida transcurría en el entrelazamiento entre sus actividades como docente del nivel inicial, directora de un jardín de infantes en Córdoba, militante sindical en diferentes sindicatos docentes, la UEPC de Córdoba, ATEP de Tucumán y SUTEBA de la Matanza. También incursionó en el teatro ligada a corrientes de vanguardia. Durante su juventud inició estudios en la Facultad de Psicología de Tucumán, que debió abandonar porque la dictadura cerró la carrera por considerarla subversiva. Retomó la carrera en Buenos Aires y se recibió en 2008. Actualmente trabaja como psicóloga y escribe cuentos infantiles. Participó políticamente primero como simpatizante y luego militante del PST, luego del MAS y fue candidata a intendente en los años 80 por la ciudad de Tucumán.

De sus inicios en la militancia, en los años 70’ relata: “Entré en la época más dura al partido, como simpatizante. En aquellos años el Chino Moya dirigía la seccional Tucumán”. Su primer acercamiento al partido fue trabajando en la librería del Partido.

Recuerda su emoción cuando asistió a la primera reunión: “Fue un impacto muy grande porque ví el desarrollo teórico del Partido, cada reunión se hacía con diferentes temáticas, la Revolución cubana, la Revolución rusa, se planteaba la ‘revolución permanente’”. Se interesó siendo muy joven en los análisis de la Revolución cubana en particular. Destaca su participación en un Plenario donde se polemiza con las posturas de la guerrilla.

De aquellas reuniones recuerda “Yo no cabía dentro de mí, de conocer esta envergadura de discusión y de análisis”. Destaca que intercambiaban conocimientos con compañeros de Bolivia, Perú, y otros países de Latinoamérica, jóvenes que venían a estudiar a las universidades de Tucumán.

Luego de su trabajo organizativo en la librería se retiró para seguir su camino ligado al teatro.

Sus inicios como simpatizante del partido fueron la puerta de entrada a su participación activa como militante. En su casa se recibía a compañeros, se reunían dirigentes de todo el país. Recuerda a la compañera Nora Ciapponi.

Había un clima de discusión y análisis, los compañeros se reunían en los jardines de la universidad, se discutía sobre “la posible dictadura que se avecinaba. Fue una experiencia muy fuerte para mí”.

El Tucumanazo. Los inicios en los 70’ como simpatizante del PST.

En esos años participó de las movilizaciones del Tucumanazo, en noviembre de 1970. Era la primera vez que participaba de una movilización. En esa época, siendo estudiante para maestra jardinera en un instituto terciario participó de la lucha de la carrera de fonoaudiología para que el título tuviera validez nacional.

De su experiencia en su participación en el Tucumanazo recuerda: “yo pude ver las calles tomadas por el estudiantado, para mí fue impresionante ver cuando llegaban los camiones con los obreros de los hacherales, venían del campo, integrándose a la lucha estudiantil. Me acuerdo que venían con los cuchillos, los instrumentos para cortar la caña, las guadañas. No me lo puedo olvidar, fue impresionante ver esa comunión de dos sectores sociales que empezaban a tener un mismo idioma. A enfrentar al gobierno, al poder. Ver cómo los estudiantes en las calles hacías barricadas, eso lo pude presenciar, para mí fue impactante ese momento”.

Beatriz recuerda al compañero el Chino Moya: “yo le cuidaba a sus hijos para que él pudiera salir a luchar”. Destaca que todas las fuerzas políticas lo respetaban, preparaba con sus charlas a los compañeros. “En esa época yo era simpatizante, respetaban mis tiempos en el PST”.

En sus charlas contaba las tácticas y estrategias que tenía la lucha. Destaca que el Chino promovía la unión de todas las fuerzas políticas que enfrentaban al gobierno.

Estaban todos convencidos de la unidad, que era la única forma de poder enfrentar el gobierno…Cuando fue el enfrentamiento en el tucumanazo, entre todos con hondazos apagaban las luces de las calles y coordinaba entre ellos los sonidos y silbatos para comunicarse. La ciudad quedó a oscuras gracias a esa coordinación que no se hubiere podido hacer sin esa unidad. Esto para mí es importante porque es un aprendizaje que lo llevo de por vida…Producto de estas acciones el gobernador tuvo que citar al Chino y a otros compañeros para negociar la situación política de la provincia. Se pedían comedores, derechos democráticos. Vivir esta experiencia me quedó grabada en la retina”.

1973, el Frente de los trabajadores y la vida social partidaria

Recuerda que, en 1973 cuando las elecciones nacionales donde se presentaba la fórmula Perón-Perón, el PST proponía que Agustín Tosco y Jaime de Salta estuvieran juntos en una posible candidatura nacional. Refiere que la posición del partido por entonces era “plantear la posibilidad de formar un polo de trabajadores con un programa para los trabajadores, un programa de clase. Nora Ciapponi en su intervención le propone a Tosco participar de una unidad programática para presentarse en elecciones”.

Destaca el Plenario del FAS del 73’ en el que participó Agustín Tosco “para mí esa discusión fue muy fuerte, muy valorada por mí porque me pareció de una larga y profunda discusión política”.

Recuerda que en esos tiempos las fiesta y encuentros eran parte importante de la militancia, “todos llevábamos comida, en el fondo del local se armaba el encuentro, Germán Valdivieso, cantante, tocaba la guitarra. Venían hermanos santiagueños, recuerdo a los hermanos Mema, muy conocidos y muy queridos, a Rudy cantando chacareras. Bailábamos, nos quedábamos hasta tarde, cantando, charlando, disfrutando de la vida, eran hermosas reuniones”.

1974-75 La derechización del régimen

De los años 1974 y 1975 relata que en aquella época los militantes discutían fuertemente con Montoneros y con el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Destaca la gran formación teórica que se manifestaba en las discusiones políticas. “No sólo se leía el periódico, los dirigentes motivaban para conocer en profundidad la corriente del Partido y los aspectos teóricos a nivel nacional e internacional. Se discutía sobre tácticas, estrategias…”.

Respecto a los cuidados y resguardos que tenían en 1974 en la semiclandestinidad, una particularidad implicaba a los locales. “Se ponían a resguardo los libros, alejados de las ventanas, compañeros se quedaban haciendo guardia a la noche. Había posibilidades de que los locales fueran atacados por la política de confrontación contra la política del peronismo, del poder. Los compañeros nos cuidábamos,  si nos paraba la policía en la calle teníamos que dar justificaciones. Se estipulaban horarios de reunión. En ese entonces se prohibieron las fiestas sociales”.

La dictadura y su ingreso al PST

En 1978 Beatriz entró a militar al PST, en plena dictadura. “Vi funcionar al partido con todos los errores que pueda tener, pero dije ‘este es mi partido’”, resalta.

“La decisión fue porque dije: ‘yo quiero abrazar esta ideología’. Cuando ií la actitud del ejército, de la policía, la actitud de la guerrilla, de irresponsabilidad política, todo eso me llevó a definir que yo era trotskista y que quería estar organizada. Y no me importaba si era la clandestinidad”.

Relata que en 1978 una compañera simpatizante del partido C.M, cae presa y desaparece. Estuvo mucho tiempo acompañando a la familia en su búsqueda hasta que pudieron encontrarla.

“Sin estar organizada, yo estuve a full. A C. se la llevaron de al lado mío, para que quede claro. Yo estudiaba con ella en la universidad y esa noche estábamos las dos en casa estudiando. La mamá la llama diciendo: ‘C., vení a casa porque te necesitamos’. Y fue mi hermana en el Citroën rojo que teníamos, con el que colaborábamos con el partido llevando gente, trayendo gente. Y con ese Citroën nos fuimos a la casa y nos pareció extraño porque estaban los autos de la casa de C., que viene de una clase media acomodada.

Cuando llegamos vimos que había un movimiento raro de autos en la casa y cuando entramos estaba todo oscuro y el ejército estaba de civil. O sea, eran parapoliciales. Yo le vi la cara a dos, que no me las olvido. Y nos encerraron a todos en el living, íbamos C.M y yo caminando juntas y uno morocho alto con barba le dice: ‘¿C.M?’, porque no la identificaba, no sabía quiénes éramos, y entonces ella dijo: ‘yo, le contesto. Vení, quédate’”.

Fue el momento en el que también se podrían haber llevado a Beatriz.

C. estaba convencida de que yo estaba en otro lugar presa. Tal es así que ella gritaba diciendo, ¡Beatriz! Esa noche. No me llevaron por casualidad, mirá. Esa noche nos quedamos encerradas un rato porque nos dijeron ‘no salgan de ahí hasta que nosotros le avisemos’. Bueno, nunca nos avisaron. Cuando ya no escuchábamos más movimientos y nos dimos cuenta que C. no estaba, que había sábanas tiradas en el piso -o sea, la envolvieron en sábanas y se la llevaron-. La familia, que tiene muchos contactos sociales, fue a las comisarías inmediatamente y no la encontraron”.

“A la mamá la tuvieron encerrada en un baño antes que nosotras llegáramos. No le dijeron quiénes eran. Pero nos dimos cuenta que como estaban de civil, eran parapoliciales. Estaban con armas largas, yo los vi. Se recorrieron toda la casa, entraron por la parte de atrás. Para mí sigue siendo muy traumático el recuerdo. Estuve ahí esperando. Todos los días me iba a la casa de mi amiga sin tener miedo, a esperar que ella volviera. Los padres tuvieron conexión por un familiar que era milico y (Antonio Domingo) Bussi la soltó. Esto nunca me lo dijo la familia, pero creo que el padre tuvo que entregar autos de la Ford a cambio. C. volvió y estuve al lado de ella noches, días, porque volvió con síntomas horribles. Yo la apoyaba afectivamente. Le costó recuperarse. C. luego entró a militar en el MAS”.

La militancia en dictadura

“Mi militancia era reunirme en diferentes casas, no podíamos repetir los lugares. Siempre se avisaba a último momento donde era la reunión para que nadie supiera el lugar. Después oscilábamos entre determinadas casas, pero siempre íbamos de una casa a la otra. Las reuniones de equipo consistían en debate político, lectura de materiales. En la dictadura hice escuelas de cuadros en la provincia de Córdoba y de Catamarca.

Nos fuimos a estudiar en clandestinidad, conocí a muchos cuadros del partido. Me fui forjando teóricamente. He tenido buenas escuelas de cuadros. Ya en democracia las tuve en Buenos Aires.

Nuestra militancia era muy arriesgada. No era solamente a las estructuras docentes, sino que íbamos a los ministerios a volantear. Mi tarea, que me votaba el equipo, era ir y dejar el rollo de volantes atrás de los inodoros de los ministerios, en los baños.

Los volantes tenían escritas posiciones de la guerra de Malvinas. En una ocasión fui a una iglesia donde el peronismo convocaba, se llenó de compañeros del PST y los hijos de puta denunciaron que había marxistas y salieron gritando la vieja consigna ‘ni yanquis ni marxistas, peronistas. Estábamos en esa convocatoria que era una misa. Nos metimos ahí y nos denunciaron. ¿Qué hicimos? Le volanteamos todo y después nos fuimos. ¿Cómo?, tirábamos por el aire los volantes, bueno, todo eso hice yo también.

Teníamos un sistema de cuidado de las casas, que no podíamos conocer las casas de los compañeros. Si faltaba alguna compañera que convivía con nosotros por fuera de 12 horas teníamos que avisarle a nuestra Dirección para que la buscara. Cuando caía preso un compañero todos teníamos que tener un sistema de seguridad. Y así fue que nos teníamos que cuidar cuando un compañero caía. Todo eso fue parte de la dictadura”.

 

Córdoba, su militancia docente y política.

Su compromiso con la búsqueda de C.M la expuso ante los militares, lo que planteaba la necesidad de una reubicación de su militancia:

“Vino un compañero de la dirección nacional y nos planteó que nos fuéramos de Tucumán porque yo, te imaginás, mi mejor amigay había caído presa, entonces me dijo ‘vos estás en riesgo, Beatriz. Te tenés que ir’. Y así fue que nos fuimos a Córdoba con mi compañero.

Durante la dictadura me fui forjando a ser una compañera arriesgada, audaz, de análisis político. Ese era el perfil que formaba el partido que aprovechó mis características personales. Yo era directora y maestra a cargo de un jardín de infantes en Agua de Oro, Córdoba. Y me di cuenta que era una activista. Yo no me daba cuenta para qué daba mi personalidad. Y ahí me di cuenta que yo era una activista, porque sola, con el armazón del partido que me había dado, yo me había conectado con toda la comunidad del pueblo, de tal manera que cuando la inspectora me saca del cargo por traslado de otra maestra que venía de la provincia, le comenté a los padres que me tenía que ir y se movilizó el pueblo. Se fueron todas las madres a pedirle al intendente por mí. Y entonces el intendente fue a hablar con la inspectora y me dejaron la escuela.

Mi militancia era formar festivales, con todo. Me quedaba horas en el pueblo y después me volvía a la capital.

Nunca más volví para ver el nuevo jardín de infantes que yo había peleado para que existiera. Es una deuda que tengo. Todavía me cuesta volver a ese lugar. Bueno, ahí me di cuenta que yo era una activista”

Después me seguí aprovechando, porque dije: ‘Yo soy buena en esto, compañeros, aprovéchenme’. Seguí ligada a docentes, participé en conformación de la UEPC, peleábamos por un sindicato democrático.

El partido me hizo tomar conciencia de la importancia que tenía que yo me formara como cuadro. Me dijeron que yo tenía personalidad de cuadro y que me tenía que formar, y que eso llevaba mucho tiempo. Me lo tomé con total responsabilidad cuando me dijeron eso. Yo no me daba cuenta, pero cuando les contaba a las compañeras lo que había hecho en el pueblo en plena dictadura, que había organizado el pueblo por la formación del nuevo jardín de infantes, me dijeron: ‘Beatriz, vos tenés personalidad de cuadro, así que te vamos a formar’. Fue la dirigente Betty A. quien me planteó mi formación como cuadro.

En Córdoba trabajé por varios pueblos: Salsipuedes, Río Ceballos, Yocsina, con cargo de directora, maestra a cargo, suplencias, según fuera la situación. Viajaba dos horas en colectivo para ir al trabajo. A veces me tocaba el último que pasaba por el pueblo.

Cuando trabajaba en Agua de Oro estaba embarazada de mi hija Paulina. Iba embarazada a trabajar. La parí en dos patadas porque la escuela estaba arriba, en una loma, y yo subía y bajaba la loma todos los días, así que estaba entrenada físicamente para poder pujar”.

 

Regreso a Tucumán, militancia sindical docente y la transición a la post-dictadura

En 1982 cuando termina la guerra de Malvinas vuelvo a Tucumán en plena clandestinidad todavía. Era la parte final de la dictadura. Entonces me plantean que me incorpore a docentes. Tenía que conseguir trabajo pero el sistema de designación era terrible. No se respetaba el orden de mérito. A la que primero llegaba le daban el cargo. Era aprender a ser una bestia más, había que correr para que te den un cargo. Logré tener un cargo titularen Bella Vista, donde está el Ingenio.

Entré a la formación del sindicato que recién se abría con la apertura de la transición democrática, la Asociación de Trabajadores de la Educación provincial (ATEP). Siguiendo la posición morenista propuse y conformé un comité de delegados con todas las organizaciones políticas que estaban en el sindicato. Me juntaba con radicales, peronistas, ex montos, yo del MAS, del Partido Comunista (PC), y todos conformábamos una comisión de delegados.

Teníamos influencia en toda la provincia, y éramos los que planeábamos cuando se hacían las asambleas y la dirección de la Celeste, que dirigía no recuerdo en este momento que dirigente. La dictadura me dejó esa secuela, no me acuerdo los nombres de las personas. Este comité que se hacía de delegados era el que planteaba a la dirección del sindicato el pedido de asamblea.

Mi método y mi disciplina era visitar escuelas. Yo terminaba de ir a la escuela, comía, en la calle porque no tenía auto para comer, y me iba a visitar escuelas. Caminar y caminar por las calles de tierra hasta que encontraba una escuelita, y ahí iba y llevaba las revistas de nuestro partido, la revista docente”.

Se refiere a los años 82-83: la revista docente era la que se hacía en la regional. Eran volantes de dos páginas.

Beatriz recuerda los tiempos de la caída de la dictadura y las elecciones de 1983. “Me acuerdo que el partido me dice: ‘Beatriz, sí o sí tenés que decir sobre el no pago de la deuda externa’. En una provincia conservadora, y dirigiendo la Celeste. Esa noche, en la movilización hice una intervención, como yo era la animadora del acto, hice toda una introducción de la situación y por lo tanto dije: ‘No hay que pagar la deuda externa’.

“La Celeste no dijo nada, pero nunca más me quisieron ver ahí arriba. Igual yo seguí ganando el lugar, porque hablaba en todos los plenarios, en todas las movilizaciones, cantaba. O sea, era imposible que al MAS se lo pudiera tapar.

Fueron peleas muy duras en Tucumán, muy duras, muy duras. Y ya nos diferenciábamos del PC, porque teníamos la diferencia de que el PC había apoyado la dictadura. Pero igual participábamos en el comité de delegados todos juntos. O sea, el partido jamás dijo que por diferencias políticas nos teníamos que separar en la lucha de las otras organizaciones.

Buscábamos la unidad con los sectores de empleados públicos de la provincia de Tucumán. Y yo iba a visitar oficinas públicas del Estado para elaborar, hacer, lograr la unidad de los sectores estatales en lucha. Y no nos importaba si eran peronistas, si eran radicales. Siempre buscábamos la unidad de acción”.

La formación del MAS

La derrota de Malvinas y la resistencia obrera y de los movimientos por los derechos humanos abrieron la caída de la dictadura y el paso a un régimen constitucional por elecciones. Entonces, el PST se decide a buscar la legalidad bajo el nombre de Movimiento al Socialismo (MAS).

“Fui una de las compañeras fundadoras del MAS en Tucumán. Entonces había que empezar a formar el partido, a buscar adherentes. Así es que eso significaba, en dictadura todavía, ir por los barrios, casa por casa, pidiendo la afiliación. Siestas, tardes, mañanas, no había horario donde nosotros no militáramos.

Me seguí formando haciendo escuelas y entonces fui parte de la dirección del partido en el MAS. Tenía un buen balance de actividades”.

Cuenta cómo fue la campaña de afiliación y de apertura en los barrios en pleno proceso de caída de la dictadura:

“Bueno, así nos formamos nosotros, y así se formó el MAS de Tucumán. Ni que hablar lo que era ir a los barrios. Yo fui a las puertas de los ingenios a volantear a los obreros. Los domingos, en plena transición a la democracia. No era cualquier otro momento político. Íbamos a los barrios de los obreros azucareros y llevábamos volantes. Y les costaba abrirnos las puertas porque eran controlados por la patronal. Pasaba un camioncito controlando las calles cuando nosotros estábamos. Y nosotros así y todo íbamos con los periódicos y los volantes.

Nos juntábamos todos los militantes en una esquina en la ruta y formábamos como una brigada y entrábamos a los barrios a militar. Éramos como un grupo de cinco, seis, siete compañeros. Yo iba con una latita de piedras que había inventado. Y hacía ruido por las calles. Entonces iba tocando y decía: ‘¡Compañeros, escuchen!’, y proclamaba las políticas del MAS. ‘¡Acá está el partido de los trabajadores, sin patrones, sin militares!’. Así entraba yo por las calles. Era durante las campañas de afiliación en plena dictadura.

Ni te cuento las puertas que nos abrían, muchos. He comido en la casa de los obreros, con la única comida que tenían. Nos recibían con mucho cariño. Yo militaba hasta las 19 yendo a visitar a los contactos del partido. He militado con compañeros y sola. Me iba sola a los barrios y no me pasaba nada. No sé, me iluminaba la vida. Iba a ver a un obrero que ya en ese momento estaba desocupado -no me acuerdo si había sido azucarero, o de qué fábrica era-. La casita tenía el techo tan bajo que yo tenía que entrar agachada. ¿Y sabés cómo estudiaba el periódico del partido ese compañero? Con la luz de la vela. Bueno, a ese compañero lo capté en el partido. Era muy sacrificado ser militante en esa época. Eran otras épocas y otra concepción de la militancia”.

Beatriz Figueroa fue candidata a intendente de la ciudad de Tucumán por el MAS con Zamora en las elecciones de 1983. Oradora en actos políticos durante la campaña recuerda: “Ahí me di cuenta que podía ser muy buena oradora, porque no sabía que era tan buena oradora”.

Al tiempo Beatriz se fue a militar a Buenos Aires, donde ingresó como docente en la Matanza. Fue integrante de la corriente docente del MAS de entonces, integró la lista Violeta en la seccional SUTEBA de ese distrito que recuperó el sindicato de manos de la burocracia sindical celeste. Continuó su militancia política en el MAS y luego en el PSTU. Actualmente ejerce como psicóloga y continúa escribiendo cuentos infantiles.

Buenos Aires, 8 de abril de 2026

Colaboraron en la desgravación y edición de esta entrevista Sebastián y Mónica.


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