DELIA INÉS RUIZ
Regional Córdoba.
Este 20 de Junio a la madrugada, en el
mismísimo día de la bandera, dejaba de existir mi vieja a los 93 años de edad.
De la personalidad de Delia se pueden decir
tantísimas cosas: que fue una buena madre, que ofició de madre de varios de sus
hermanos menores, que trabajó con ahínco toda su vida, y que aprendió a leer
observando cómo le enseñaban a su hermano mayor, a causa de esa discriminación
que existía contra la mujer. También se puede resaltar su condición de mujer
muy sensible a las injusticias, solidaria con todos los que necesitaban de su
mano o de su palabra de aliento, y muy activa lectora de grandes escritores
como Eduardo Galeano, Gabriel García Márquez o Mario Benedetti, por nombrar
algunos. Además, gustaba de la llamada “música clásica”, particularmente de la
ópera, y no se perdía función de este género en el Teatro San Martín.
Nacida en un hogar humilde y numeroso, donde
era la segunda de 10 hijos y la primera mujer, Delia ayudó a su madre desde
chica en las tareas de la casa y en la crianza de sus hermanos más chicos.
Terminó el primario ya de grande, razón por la cual fue una gran defensora de
la Escuela Pública; y en el pueblo donde nos criamos (Cintra), batalló junto a
los vecinos para que se abriera el colegio secundario, enfrentándose al sector
prejuicioso y conservador que lo rechazaba por ser mixto y nocturno. Delia,
además de ser muy querida en la familia, era muy sociable, al punto de cosechar
amistades muy fuertes en todos los lugares donde vivió y actuó.
SU MILITANCIA EN EL SOCIALISMO REVOLUCIONARIO
Pero lo que ahora quiero señalar de Delia, es
su faceta menos conocida: la que desplegó con su ingreso a la actividad
política en nuestra corriente política allá por el año 1982, cuando caía la
dictadura genocida.
Ella ya simpatizaba con la izquierda en mis
épocas universitarias, y su vínculo se hizo más fuerte luego del período en que
estuve preso por tenencia de bibliografía considerada “subversiva”. Bajo el
gobierno nacional de Isabel Martínez y la intervención en Córdoba del brigadier
Lacabanne, en un marco nacional marcado por los asesinatos de la Triple “A”, la
persecución y el crimen eran moneda corriente. Durante este lapso, lo recuerdo
con mucho orgullo, mi querida vieja mostró ser además, una mujer muy valiente:
me buscó en cuanto reducto policial había hasta encontrarme; y cuando ya era un
preso declarado, todavía siento una enorme simpatía de ver cómo Delia rechazaba
de viva voz a los guardias que querían revisarla, cuando me traía la comida los
Jueves y Domingos al mediodía, que eran los días de visita en la Penitenciaría
San Martín. Allí se convirtió en amiga de la mayoría de los presos políticos
del pabellón.
Ya durante el proceso militar, mientras yo
estaba en el trabajo, Delia soportó con firmeza el allanamiento de su casa por
parte de un destacamento militar. Era un operativo rastrillo, donde buscaban
esencialmente armas.
TENÍA CASI 60 AÑOS, CUANDO INGRESÓ AL M.A.S
(MOVIMIENTO AL SOCIALISMO)
Caída la dictadura genocida, y ya en el proceso
democrático-burgués, mi vieja mostró otro de sus atributos: que, además de
hablar y discutir, había que actuar contra los partidos patronales, que
intentaban perdonar a los genocidas
y que aplicaban un
fuerte ajuste contra la clase trabajadora. Mientras muchos se refugiaban nada
más que en la espera del momento de votar, Delia entendió que debía dedicar una
parte de su tiempo a la militancia activa: entró al M.A.S de aquel entonces, y
se destacó como partícipe permanente de las reuniones de los equipos del
partido, en las campañas de afiliación para lograr nuestra legalidad y en la
venta de periódicos en los barrios donde militaba.
En 1983, le tocó hablar como vecina en el
primer acto que hacíamos en el nuevo local de Bo. Jardín, justo en la esquina
de Bvd. De las Industrias y Valparaíso. Después, y durante largo tiempo, militó
en nuestro local de Villa Adela (se conservan aún los cuadernos en los que
Delia detallaba todo: asistentes a la reunión, aportes al partido, rifas y
aportes de campaña financiera). En todo el tiempo en que militó, cuando había
que juntar fondos en las peñas, ahí estaba Delia elaborando sus exquisitas
empanadas para vender y sus tortas inigualables para rifar.
No puedo dejar de mencionar, el papel
destacadísimo que jugó mi vieja en el control de las finanzas centrales del
partido (¡no se le escapaba nadie de los que debían sus aportes personales,
sean de la base del partido o de la dirección!).
Cosechó una enorme simpatía entre las distintas
camadas de militantes que la conocieron en todo ese tiempo: en Bo. Jardín, en
Bo. Villa Adela, en el local central del partido, y en todos los actos y peñas
que hacíamos. Discutía apasionadamente en las reuniones partidarias, pero una
vez resuelta la política a aplicar, era una de las primeras en salir a llevarla
a cabo. Quedará en el anecdotario cuando, durante una de las campañas de
afiliación, Delia y Bety (otra gran compañera ya fallecida también), bien
emponchadas por el frío y la llovizna, salieron con las fichas por Bo. Ejército
Argentino, tocaron una puerta, y salió un vecino que creyó que ellas estaban
“pidiendo algo”; cuando se le aclaró que estaban afiliando para el M.A.S, las
hicieron pasar, las invitaron con café y terminaron afiliando a toda la
familia. Y así Delia nunca paró, y sólo dejó la militancia activa cuando ya no
podía caminar; con su bastón, iba todavía todos los 24 de Marzo, se ponía a la
par de la columna de Izquierda Socialista un buen rato, y luego se hacía llevar
a su casa. Hasta con el último hilo de su vida, actuó como una militante que
defiende a los trabajadores: nos sorprendió a mí y a todo el personal del
geriátrico, cuando me dijo que “le dijera al intendente que había que
aumentarle el sueldo a todas las enfermeras y mucamas que la habían cuidado tan
bien”.
Esta
es la pequeña historia completa de Delia. Por eso nuestro partido le hizo un
homenaje en vida, cuando se fue de Córdoba para Cintra; y cuando falleció,
decidió enviar una importante delegación para honrar su memoria como persona y
como militante, porque…se lo merecía.
Otto Giachero

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