MARIO HERNÁNDEZ
MARIO
HERNANDEZ
Juventud
socialista UBA. Derechos humanos. Rosario. Bahía blanca y zona sur. Malvinas.
Paro CGT. Bancarios.
Durante
los primeros tiempos el golpe, para la Juventud Socialista de Avanzada del PST,
la tarea central fue preservar la militancia, más allá de algunas
intervenciones puntuales. Hacíamos tareas de propaganda, campañas y de
solidaridad con los Derechos Humanos, entrismo en sectores de la Iglesia.
En
1976 creímos en un giro progresista de sectores de la iglesia y nos metimos a
militar en sus estructuras. Nos vinculamos con la Asamblea Permanente por los
DD HH, el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos en Flores. Ahí me
vinculé con el Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ). Con Leonardo Pérez Esquivel
militamos en Derechos Humanos y él me había puesto de apodo Juan, por Juan
Bautista. Nos encontramos hace unos años en el subte y me dice: ¡Juan! Y le contesto:
no me llamo Juan, soy Mario. Pero no había un carajo de progresismo en la
Iglesia y levantamos ese trabajo.
Una
vez, cuando los milicos me vienen a buscar a mi casa, estaba un primo mío que
era de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Era un top ten. Los milicos lo
tiran al piso. Él se estaba yendo a unos cursos en Canadá. Mi primo pide hablar
con el Capitán Castro Madero que era su jefe y ahí lo empezaron a tratar bien.
Empiezan a revisar la biblioteca y encuentran libros de Dostoievski, Abbadón el
Exterminador de Sábato y cosas del SERPAJ. Y dicen: “Aquí está la prueba de que
es subversivo”. Y mi madre les contesta: “esas son cosas de mi sobrino que es
de la Iglesia”. Porque estaba estudiando en el seminario de Devoto. El milico
responde: “Me va a tener que acompañar”. Y mi madre, muy astuta a su vez dice:
“Ah, no señor. Van a tener que esperar a las 7 de la mañana que venga mi
marido, porque él no me deja salir sola de noche”. Los milicos al final no se
llevaron a nadie pero amenazaron: “Si por casualidad se llega a encontrar con
su hijo, ya que usted no sabe dónde vive ni nada de él, dígale que se deje de
romper las pelotas porque va a tener problemas. Mi vieja efectivamente no sabía
dónde vivía. Los milicos habían llevado a un compañero torturado, golpeado a la
casa de mis padres. Así operaban para ir sacando datos.
Durante
la dictadura yo estuve a cargo de la regional sur, desde Bahía Blanca hasta
Comodoro Rivadavia. También Río Negro y Neuquén en 1979 hasta que Moreno tuvo
el proyecto de reconstruir la Juventud Socialista amplia a fines de ese año.
Ahí se hacen acuerdos con Emilio Albamonte y Ricardo Chiari. Este último había
sido un dirigente estudiantil muy importante en escuelas industriales. Ellos se
habían volcado durante la etapa de la dictadura a un trabajo cultural. Habían
fundado el Taller de Investigaciones teatrales (TIT). Y con ellos empezamos a
reconstruir la Juventud Socialista amplia.
Al
TIT lo promovía un ex compañero, Ricardo Chiari, que había sido dirigente de la
huelga industrial de 1972. El cerebro intelectual era Emilio Albamonte, que
había descubierto a Deleuze, Lyotard, Foucault, Guatarri, los llamados
neoestructuralistas y frecuentaba la movida cultural de la calle Corrientes,
con muchos grupos de teatro, revistas. Emilio, que había sido dirigente
secundario, se conecta con Ricardo y organizan el TIT. En 1974 Albamonte se
había ido del partido. Entrabas a una sala del TIT y te alumbraban con una
linterna y te decían: documentos. Hacían unas movidas increíbles. La gran parte
de ese grupo fue la simiente que con Hugo Manes en el año 88 se van del MAS y
forman el PTS.
Yo
estaba a cargo de tareas de la infraestructura en la clandestinidad, de la
Juventud universitaria, las universidades privadas y de terciarios de CABA. En Psicología
sacábamos una revista llamada Fordá, una palabra que se relaciona con la
psicología de los niños. Estaba Ylia a cargo, luego un referente de los
Derechos Humanos y otros cuyos nombres no conocía. Nos llamábamos por
sobrenombres. En el Joaquín V. González estaba Irene Marrone y una compañera
que luego fue muy activa en los derechos de la mujer cuyo nombre no recuerdo.
Teníamos trabajo en universidades privadas como El Salvador. Estaba Oscar
Martínez, luego fundador del Taller de Estudios Laborales (TEL), que se recibe
en la Universidad de Lomas.
En
1977 tuvimos dos pérdidas grandes que me tocan personalmente, fueron las
desapariciones de dos compañeros, el gallego Arturo y Zampichetti de
Psicología. En ese momento nos abrimos un poco para ver si podíamos construir
un Partido socialista tipo el de Portugal. Al hacer una actividad más abierta,
estos compañeros se reunieron con compañeros de Montoneros y en ese contexto
desaparecen.
Uno
de los lugares más golpeados fue Rosario. Cuando volví del sur me tocó ir a ver
qué pasaba entre los estudiantes universitarios. Ahí lo conozco a Carlos
Ghioldi, tenía 15 años, militante secundario. Una vez me invitó a un asado en
su casa, estaban Fito, Abonizio y otros. Carlos tocaba muy bien el piano, pero
luego se dedicó a la militancia. Dos parejas, Graciela y Cope van a Rosario a
reconstruir la regional. La madre de Cope que era escribana no quería que su
hijo pasara problemas de seguridad y me convocó a su oficina en la calle
Lavalle. Me propuso entregarnos dinero para que alquilara un departamento y no
fuera a una pensión. Pero, a cambio, me pidió que firmara 30 pagarés. Estas dos
parejas retomaron el trabajo universitario en Rosario. Así cada vez que
juntábamos las cotizaciones a principios de mes, lo primero que hacíamos era
levantar el pagaré con la madre de este compañero. La madre era una
reaccionaria, pero quería que su hijo no sufriera problemas de seguridad.
Carlos fue el único militante que nos quedó por un tiempo. Tenía 15 años.
Muy vinculado a la movida cultural rosarina. A los 18 años se dedicó al teatro
y lo detuvieron en una de las movidas del Zangandongo. Hay una película que
hizo un español que muestra lo que hacía Carlos en Rosario.
Uno
de los conflictos importantes en los que participamos fue el de la Universidad
de Luján en 1980.La UNLU fue la única
universidad cerrada por la dictadura en 1980 hasta su reapertura en 1984. La
presidía Emilio Mignone. Había sido fundada en 1972 con una orientación
regional y articulación con el sector productivo. Tenía 1600 alumnos que fueron
trasladados a la UBA. Podían ingresar alumnos sin tener estudios secundarios
completos. Un conflicto muy particular porque
enfrentó a la dictadura con el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID) de
Arturo Frondizi. Los desarrollistas la dirigían, la habían fundado ellos. Había
un personaje, Ruth
Mujardín. Se enfrenta el MID que apoyaba a los milicos con las
autoridades de la dictadura. Querían cerrar algunas carreras, creo que las
relacionadas a las cuestiones agrarias, entre otras. Nos vinculamos al
conflicto a través de un viejo socialista, Giacaglia, que venía del Partido Socialista
Argentino, de la mano de Juan Carlos Coral. Era un hombre mayor, de casi 90
años, muy conocido en Luján. Le dijimos que íbamos a verlo de parte de Juan
Carlos Coral, que estaba exiliado en Venezuela entonces. Giacaglia era de la
vieja escuela del socialismo argentino que venía de la mano de Coral. Preguntó:
“¿Qué tengo que hacer?”. Le dijimos: “Ayudarnos a entrar en la universidad, vos
que sos conocido en Luján”. Y fuimos, habló en una asamblea. Y así,
participábamos en las asambleas, en las reuniones. Todo esto hasta que la
llamaron a mi madre y le dijeron: “Dígale a su hijo que se vaya de Luján porque
lo vamos a matar”. Esa amenaza nos
obligó a que nos retiráramos de Luján. Seguimos en el conflicto, pero en San
Miguel, donde había una de las sedes de la universidad. Coincidió esa situación
con el congreso del partido. Yo me quedé a cargo del partido junto con Virginia
Marconi, muy abocada a la tarea de Derechos Humanos con Enrique Broquen.
También
se daban reuniones periódicas de las juventudes políticas. Entre otros
participaban Rafael Pascual y Miguel Ponce por la Juventud Radical, Pascual
luego fue el principal asesor de De La Rúa. Las actividades centrales tenían
que ver con la cuestión democrática.
Otra
cosa que hicimos eran campañas. En 1979, por ejemplo, por la Brigada Simón Bolívar.
Juntábamos plata entre los contactos, gente conocida, para comprar armas para
la lucha por la caída de Somoza. Yo fui a Comodoro Rivadavia y me reuní con
trabajadores para explicarles qué estaba haciendo la Brigada en Nicaragua y
plantearles que aportaran dinero para comprar armas para Nicaragua. También
recorrí varios pueblos de la provincia de Buenos Aires: Saavedra, Darraguiera,
Coronel Suárez, Pigüé.
En
1980 cuando se hace el acuerdo para formar una Juventud Socialista amplia
vienen compañeros de Rosario, el Tísico, el Pollo, Manzana, el Largo, hijo del
dirigente socialista Visconti. Yo fui el encargado de la parte organizativa
hasta 1982. Cuando se produce Malvinas, aparecemos en la Plaza de Mayo con un
volante. Teníamos una infraestructura importante. Aquí cerca teníamos un
negocio desde el cual repartíamos el periódico. Era un negocio de telas y los
repartíamos dentro de los rollos. No sé de dónde venían los periódicos, pero yo
me encargaba de la distribución que se hacía con simpatizantes del partido y
algunos militantes. Yo era el único que los conocía. Iba con el auto. Si nos
detenían, el responsable era yo, el otro compañero era el que manejaba. El
camuflaje eran latas de veneno, golosinas y libros también. El boletín interno
que me lo entregaba un compañero que había sido de la Comisión interna del
Banco Nación. Yo me sentaba en la barra de un bar, pedía un whisky y el
compañero que era simpatizante, me lo traía en un paquete de cigarrillos. Yo
tenía que reproducirlo con un mimeógrafo, con esténciles y teníamos una
fotocopiadora, una de las primeras que hubo. Por eso pudimos repartir 4.000
volantes en la Plaza cuando Malvinas. Cuando la derrota, yo dije que la
dictadura había caído, que ahora venía la democracia, los locales, y pedí un
año sabático después de que mi tarea en el aparato clandestino ya no era
necesario.
El
30 de marzo de 1982 yo trabajaba en el Banco Río. Un día muy parecido al que luego
se dio el 21 de diciembre de 2001. Los trabajadores de YPF tiraban las máquinas
por la ventana a la policía. Los porteros nos metían adentro de los edificios
para protegernos. La movilización estaba encabezada por Lorenzo Miguel, Saúl
Ubaldini. La consigna era “Pan, paz, trabajo”. Esa movilización estaba marcando
la crisis de la dictadura. Tenía como antecedente una movilización anterior
convocada por Ubaldini a San Cayetano. Nosotros no participamos, creo que fue
un error. El 30 de marzo marcó una ruptura. Luego viene Malvinas, el 2 de
abril. El partido hace el primer acto público en dictadura. Susana Zaldúa lo
organiza con Ricardo Napurí, que era senador peruano, y compañero de promoción
del entonces comandante en jefe de las fuerzas armadas de Perú que finalmente
es uno de los pocos países que apoya con armas a Argentina contra el
imperialismo británico.
González
Bazán, Elena Luz: 30 de marzo de 1982. Una gesta olvidada, La Nave de
los Locos y Latitud Ediciones, 2012.
Pág.
178/9/80 Entrevista a Mario Hernández
•
El 30 de marzo de 1982 y todo lo
que quieras y recuerdes anterior: San Cayetano, la huelga de julio de 1981,
inclusive el paro del 27 de abril de 1979 convocado por la Comisión de los 25.
•
Por aquellos años participaba
activamente de la militancia en el Partido Socialista de los Trabajadores
(PST). Era miembro de su dirección juvenil y responsable de la distribución de
la prensa partidaria y otros materiales impresos y de las finanzas en la Ciudad
de Buenos Aires y la zona sur del Conurbano. Por estas razones no participaba
activamente del movimiento sindical aunque trabajaba desde 1976 en el ámbito
bancario. Para el 30 de marzo de 1982 era empleado del Banco Río de la Plata y
tenía 27 años.
•
¿Dónde estabas el 30 de marzo y
con quiénes fuiste?
•
Recuerdo que ese día salimos con
un grupo de compañeros en el horario habitual de 17:15. La represión ya había
comenzado en Av. de Mayo. La sede del banco estaba ubicada en Perón entre San
Martín y Florida. Salimos por Perón y a la altura de Maipú observamos las
primeras corridas y el apoyo que recibían los manifestantes desde las alturas
de los edificios de oficinas a lo largo de Diagonal Norte. No solo expresiones
de ‘Pan y trabajo, la dictadura abajo’, sino que arrojaban elementos
contundentes contra las fuerzas policiales.
•
¿Cuál era tu impresión sobre la
conducción de Brasil?
•
Hasta ese momento nunca había sido
protagonista de un hecho de esta naturaleza a lo largo de toda la dictadura. En
noviembre del año anterior, en oportunidad de la fiesta del patrono del
trabajo, San Cayetano, la CGT Brasil, liderada por Saúl Ubaldini, había
convocado en las inmediaciones de la iglesia, en Liniers, a manifestar por ‘Pan
y trabajo’. Había discutido fuertemente con un miembro de la Dirección nacional
de mi organización porque no habíamos participado de esa actividad. No recuerdo
las razones. También allí se había reprimido aunque no tan fuertemente, creo
que por tratarse de un acto político-gremial que contaba con el guiño de la
Iglesia católica o, por lo menos, de un sector y en una festividad que
tradicionalmente nucleaba a miles de fieles ajenos a la convocatoria.
•
¿Cómo te enteraste y qué pensabas
en ese momento sobre el paro de la CGT Brasil?
•
El grupo de la CGT Brasil también
había sido protagonista en abril de 1979 del primer paro nacional contra la
dictadura. En esa oportunidad me encontraba en Bahía Blanca como responsable
partidario de la Regional sur. Con ferroviarios amigos intentamos convocar al
paro mediante un volante, sin éxito, aunque personalmente fue mi primera
participación en una acción sindical contra la dictadura y en una fuerte
relación con el movimiento obrero, en este caso ferroviario, que ya había dado
muestras de su combatividad.
•
¿Qué te llamó la atención ante la
represión desatada el 30 de marzo?
•
Volviendo a los hechos del 30 de
marzo, el segundo hecho que me llamó la atención fue que los porteros y vecinos
de los edificios abrían las puertas para proteger a los manifestantes que huían
de la represión. Me hizo recordar a las “Marchas contra el hambre” convocadas
por las Juventudes Políticas en 1972 durante la dictadura de Lanusse. Lo mismo
me había sucedido en esa oportunidad en San Telmo cuando intentamos llegar a la
Plaza de Mayo y fuimos duramente reprimidos.
•
Tu impresión sobre la dictadura…
•
Aquella dictadura estaba cayendo,
aunque yo no lo sabía, tampoco los genocidas.
Mis compañeros de trabajo esperaron a que la situación se
calmara y decidieron volver a sus casas. Yo me quedé en el centro, los choques
contra la policía se habían trasladado a la 9 de Julio entre Av. de Mayo y el
Obelisco. Grupos de manifestante avanzaban, eran reprimidos, retrocedían, se
reagrupaban y volvían a avanzar. Una escena que se volvería a repetir el 21 de
diciembre de 2001.
¿Hasta qué hora te quedaste y qué hiciste o qué sentiste?
Permanecí allí hasta las 20:30 y volví a mi casa, excitado
y con la sensación de haber sido protagonista de un hecho político
significativo.
En aquel momento la cercanía de la invasión a Malvinas, 3
días después, no permitió analizarlo en toda su dimensión.
¿Cómo tomaste lo de Malvinas y qué hiciste ese 2 de abril
y después?
Entonces la lucha contra la dictadura pasó a un segundo
plano privilegiando la reivindicación nacional y antiimperialista de la
recuperación de las Islas a través de un hecho armado. Así lo expresó nuestra
organización mediante un volante que repartimos en la Plaza de Mayo, siendo yo
el responsable de su distribución, cuando Galtieri se dirigió exultante a la
multitud. El “idilio” duró hasta el 14 de junio cuando la rendición argentina
precipitó una nueva manifestación violenta y espontánea en la misma Plaza de
Mayo donde los militares gozaron del apoyo popular. En ese momento y mientras
sacábamos nafta de los coches para armar molotov me di cuenta que la dictadura
había agotado sus tiempos y más temprano que tarde iba a abandonar el gobierno.

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