CARLOS ALBERTO ROMÁN
Militante de SMATA Córdoba. FIAT Grandes Motores Diesel. Integrante de la Mesa de gremios en lucha durante el Rodrigazo. Candidato a diputado nacional del MAS 1983. Sec gremial de Señaleros en La Plata 1989
Para dar un marco a toda esta conversación, sería bueno empezar por dónde arrancó uno. No sé si la infancia, pero sí la adolescencia, porque yo en los años 60 entré a la Fábrica Militar de Aviones. Mis padres insistían en que tenía que tener un oficio. Mis viejos eran muy pobres, mi viejo era zapatero, mi vieja era aparadora, había dejado ya de trabajar y criaba tres hijos.
Entonces, entré a la Fábrica de Aviones.
En ese tiempo estudiábamos y, al mismo tiempo, nos hacían trabajar en los
talleres para aprender el oficio. Y teníamos al lado un laburante, mayor, por
supuesto, ya un profesional que nos iba enseñando. Ahí en la Fábrica Militar de
Aviones eran tres años para recibirse de operario, de operario calificado. Yo
me recibí primero como ajustador, vamos a llamarlo así, y después, como
fresador matricero. Entonces tuve la oportunidad de trabajar con gente grande y
muy especializada que me enseñó esa profesión y ahí me fui haciendo con toda
esta gente. En esa época, en la Fábrica Militar de Aviones había muchísima,
muchísima gente trabajando. Al llegar a tercer año, nos daban un pequeño sueldo,
era para poder paliar algunas cosas nuestras. Y al mismo tiempo, empezamos a
conversar, a ver qué pasaba con los problemas que empezaban a tener los
trabajadores. El problema del salario, como siempre ha sido, el problema de las
condiciones laborales, que allí no era tanto porque trabajábamos tranquilos.
Fue ahí, en esa fábrica donde me agarra el
Cordobazo. En el año 69, yo tenía 18 años. Nosotros no sabíamos, se había
venido discutiendo, charlábamos por la radio, los mismos compañeros, había un
clima bastante fogoso, por decirlo así. Entonces, el día del Cordobazo, nos
dicen los milicos que tenemos que ir a trabajar porque si no, nos van a
descontar el día. Y fuimos, porque casi la mayoría dijo: “bueno, vamos a ir a
trabajar”. Entramos a las 6 de la mañana, cerca de las 9 nos empiezan a decir
que tenemos que abandonar las tareas y nos metieron adentro de esos camiones
como tiene ahora la Coca-Cola, los de gaseosas, que son más o menos de 30
metros, pero todo cerrado.
Nos meten ahí, y dicen: “los van a dejar
en tal lugar”. Nosotros creíamos que nos iban a dejar en el centro, pero nos
dejaron en pleno barrio Güemes. Córdoba es como una olla, y barrio Güemes
estaba ahí en lo alto; desde allí se veía la Cañada, se veía todo, para todos
lados. Eran tipo 11 de la mañana y
empezamos a bajar. Fuimos hasta el centro, y ahí nos encontramos con otros
chicos, Y empezamos a tirar piedras, tirar lo que fuera.
Y luego, no me voy a olvidar nunca, en la
avenida Maipú, una cosa que hasta el día de hoy me impresionó tanto, venía una
horda de policías. Y yo veía que salía la gente como a una cuadra, cuadra y
media, salía y tiraba cosas a la calle: eran las bolitas que hacían resbalar a los
caballos y se caían los tipos con los caballos y todo. Me quedé ahí, eso fue en
la calle Maipú, bulevar San Juan y Maipú. Y en ese lugar te proveían de
gasolina, nafta, lo que fuera, y empecé a ver que había tipos que agarraban una
botellita, la cargaban con nafta, y empezaban a tirar y ahí fue donde tiré mi
primera molotov.
A todo esto, por supuesto, en mi casa… yo
tenía 18 años. Sin ninguna organización de nada y solo con unos dos o tres
compañeros de la fábrica aprendimos eso.
Esa fue la primera. Humo por todos lados,
balas que se escuchaban y yo, para irme a mi casa, tenía que pasar por la
estación de colectivo nueva que estaban haciendo en Córdoba. Y la estación era
humo y fuego por todos lados. Empecé a caminar, a caminar, hasta que llegué a
mi casa, más o menos a unos 10 u 11 kilómetros del centro. Y allí, por supuesto
mi vieja, mi hermana, todos desesperados porque no había teléfono, no había
nada.
Yo tenía mis amigos en un barrio que se
llamaba San Vicente. Y nos fuimos. Mi vieja: que no, que esto, que aquí, que
bueno. Me fui con mis amigos. Y ahí vimos los aviones en vuelo rasante, era una
cosa daba bronca, pero al mismo tiempo una cosa novedosa. A partir de ese 29 de
mayo, nosotros íbamos al centro de Córdoba. Nos juntábamos así, barritas y qué
sé yo, y una o dos veces a la semana, movilizaciones. Los universitarios, los
trabajadores de la Renault, lo que fuera, y siempre nosotros nos enganchábamos.
Hice contacto con un primo, que era de PO,
de la Juventud de Política Obrera, de la TERS. Y nos invitó a una reunión en
Arquitectura. En esa reunión, la conocí a la Loba, la compañera de Orlando
Mattolini. Me dejó asombrado la oratoria que tenía, era impresionante, una cosa
de locos. Sabía que era del PST. Y yo me incorporo a Política Obrera, de una
forma muy, muy laxa; no era un militante, era más bien un simpatizante. Y
después ya me invitaron a reuniones del movimiento obrero, yo participaba, se
había hecho una agrupación que se llamaba Vanguardia Obrera Metalúrgica, creo,
algo así. Con eso empecé a dar los primeros pasos.
Ya en la época del 71, me agarra el Viborazo,
me agarra estando en la colimba. Y nosotros la hacíamos en la misma Fábrica
Militar de Aviones. Pero no nos dejaron salir porque tenían miedo de que los
baleáramos a los laburantes. Era la época del gobernador Uriburu, cuando dijo
que en Córdoba anidaba una venenosa serpiente roja y que él le
iba a cortar la cabeza de un solo
tajo.
No nos dejaron salir para
que no les baleáramos a los compañeros; tenían miedo de que nosotros hiciéramos
unidad con los estudiantes. Por eso no salíamos, y entonces sacaban únicamente
a los chaqueños y a los santiagueños, que no tenían ni idea de lo que pasaba. A la
vuelta los peleábamos porque decíamos que eran unos hijos de puta, que habían
ido a tirar tiros contra los cordobeses.
Entre los 18 y 20 años era un poco de
joda, pero también empezar, a oler un poco la política, a incorporarnos. En la
fábrica, en ese momento se estaba organizando SITRAC-SITRAM, la fábrica donde
participé en aquellos años, año 70/71, en la Fábrica Militar de Aviones. Y como
el sueldo era tan bajo, los mismos que nos enseñaron a nosotros, la misma gente
de ahí de la fábrica que ya eran viejos, nos decían que teníamos que irnos, que
teníamos que irnos a las grandes fábricas.
En el medio de eso, nosotros aprendimos
una cosa, en la época de esos 13 a 16 años, nos obligaban a hacer régimen
militar. Porque nosotros íbamos a la escuela, comíamos dentro de la fábrica,
pero si vos faltabas, te pelaban todo, o te agarraban las orejas y adelante de
todos te las sangraban. Y muchos compañeros, después nos dimos cuenta,
empezamos, a tener nuestra rebeldía, cada uno a su forma. Nos empezamos a hacer
muy rebeldes, porque no aguantábamos ese tipo de atropellos que nos hacían. Por
ejemplo, si habías faltado o te habías hecho la chupina, a uno lo hacían subir
a un árbol y a otro lo hacían subir a otro árbol. Y delante de todos, que
éramos como 500, uno decía: “yo estoy aquí", y el otro decía: "por
pelotudo", y así.
Empezamos a tener esa...
rebeldía, por decirlo así, por las cosas que nos hacían. Era primero, segundo y
tercer año; el de tercero podía hacerle hacer orden militar al de segundo y el
de segundo al de primero, o sea, el de primero era el que pagaba todo. A la mañana
teníamos que estar a las 7 de la mañana en formación... yo salía a las 5:30, 6 de mi casa, me
acompañaba a veces mi vieja a tomar el colectivo.
Y era una cosa humillante,
tan humillante. Aparte de eso te hacían hacer salto de rana, cuerpo a tierra, todo
ese tipo de cosas, como si fuera el servicio militar. Lo bueno de todo es que
aprendimos un oficio, eso sí. Yo lo reivindico a muerte. Mi viejo no me podría
haber bancado un oficio así, ni tampoco el morfi que me daban, porque nos daban
muy bien de comer ahí en esa época.
Me quedé hasta los 22/ 23
años, hasta que entro a la FIAT. A Grandes Motores Diésel. En Fábrica Militar de Aviones, cuando vos te
recibías de operario, te quedabas como operario ya. Y ya ganabas como si fueras
un operario.
El Cordobazo me agarra ahí y
ya tenía 18. O sea, me quedé dos o tres años más. Sigo hasta los 22/23 años, las
empresas nos pagaban ya muy poco y la FIAT nos pagaba dos o tres veces más.
Renault pagaba dos o tres veces más. Y la mano de obra, la mano de obra que
provenía de la Fábrica Militar de Aviones… casi ni te tomaban examen. Porque
entrabas... Sabían que tenías buen oficio y disciplina, era muy, muy buena
preparación. Cuando nos agarró el Viborazo, yo seguí ahí, hice la colimba
ahí... durante el Viborazo, yo estaba de colimba. A mí me encuentra el Viborazo
y el Cordobazo en la Fábrica Militar de Aviones.
Hay una cosa que estoy
obviando y es muy importante, de cuando yo tenía 16 años. Después seguí dos
años más el ciclo técnico, porque si eras técnico, por supuesto, era otra
categoría. Y entonces, en esa época, que fue en tercer año, creo que a los 14/15
años, sí participamos en una movilización cuando vino Charles de Gaulle a
Córdoba y a un compañero nuestro le pegaron un tiro en el estómago. Porque desde
la escuela a donde estaba Charles de Gaulle, había a tres cuadras y salimos
movilizados. Cuando llegamos allá, la policía reprimió y a este compañero le
pegaron un tiro en el estómago. Esto de De Gaulle fue en 1964.
Cuando ya íbamos a la
escuela técnica, a la tarde, estábamos a dos cuadras del Sindicato de Luz y
Fuerza. Esto es importante: ya veníamos con la bronca de los milicos, cómo nos
trataban, habíamos empezado a tener esa rebeldía. Y nosotros salíamos a las 5
de la tarde del colegio y a la vuelta estaba el Sindicato de Luz y Fuerza. Y ya
estaba Tosco en aquel momento. Tosco daba cursos de sindicalismo, y comenzamos
a participar. Íbamos una vez, después, a la semana, íbamos dos veces, y ya después
nos empezó a entusiasmar. Y en Luz y Fuerza el Gringo Tosco se subía a una mesa
y explicaba por qué los trabajadores nos tenemos que organizar, por qué tenemos
que ser clasistas, por qué tenemos que movilizarnos, luchar, etc. Eso fue antes
del Cordobazo. Me estoy acordando ahora. Y entonces, eso nos llenó un montón a
nosotros, aprendimos mucho. Para que después en la fábrica, claro, venía
cualquiera, venía mi jefe y me quería... No, pará, un momentito. Entonces, yo
me defendía. Y ya participaba en la organización de ATE adentro de la fábrica,
porque no había sindicato.
La cuestión es que hice la
colimba y me tuve que ir porque quería ganar más plata. Y entonces entro a FIAT
Grandes Motores Diésel. Cuando entro, estaba semi-organizado dentro de Política
Obrera. Había ganado la Lista Marrón en el SMATA. Yo ya iba al sindicato. Recuerdo que en aquel momento lo encontré al
Negro Robles y al Petiso Páez, que no le daba bola a nadie. Y el Petiso me dijo
un chiste, no sé qué fue, entonces me paré, me lo presentó: fue la única vez
que pude hablar con el Negro Robles. Y él me preguntó, sobre qué opinaba de alguna
cosa y yo le contesté, en general.
Gana la Lista Marrón. Y
empieza el gremio a conformarse como un sindicato clasista. Ya lo hacíamos
anteriormente, ya habíamos participado también en las movilizaciones del
SITRAC-SITRAM.
En esa época, cuando había
todas esas grandes movilizaciones en el centro de Córdoba y qué sé yo, un día
hubo una gran movilización frente a la CGT por SITRAC-SITRAM. Y después viene
lo de SITRAC-SITRAM, las tomas. Y después de las tomas empezamos a participar,
íbamos a llevar cosas, a ver todo, y participamos de casi todas las asambleas.
Participábamos porque, estaban los que eran peronistas, los compañeros, que
iban conmigo a la fábrica, y otros que, no eran nada. Y así participábamos
porque teníamos esa forma de solidaridad, en aquella época. Y fue grandioso
para nosotros porque aprendimos mucho también allí. Aprendimos mucho y las
movilizaciones que se hicieron eran muy fuertes, muy combativas, y con un
enfrentamiento importante con la cana y con todas las fuerzas de seguridad.
Bueno, la cuestión es que,
pasa todo eso y yo entro a la fábrica de Grandes Motores Diésel, a la FIAT. Entro
a la FIAT, y a principios del 74, yo había entrado en el 73, hacía un año, se
elige el cuerpo de delegados y comisión interna. Y bueno, los compañeros me
empiezan a decir que tiene que ser un pibe joven, que esto, que aquello, y me
proponen a mí. En mi sección. Yo ahí tenía 22, 23 años. Me proponen al cuerpo
de delegados. Y después a los pocos meses se elige la comisión interna y salgo
a comisión interna.
Estamos hablando del 73,74.
Y ahí ya empiezo a tener la experiencia. En esa época tenía diferencias con PO.
Eran tan sectarios, tan sectarios… Yo buscaba la unidad: en el cuerpo de delegados
había peronistas, comunistas, socialistas, de la guerrilla, de todo había. Y el
PO no, que no, que esto, que aquello, entonces yo me corté solo, me empecé a
cortar solo. Y empezamos a discutir fuerte. Después había un compañero que
dentro de la fábrica era viejo del PO, y bueno, un día dijimos “no, no va más”.
Y nos fuimos y quedamos medio huérfanos.
Luego viene la segunda
elección de la Lista Marrón. ganamos con la Lista Marrón: ahí participé muy
fuerte, porque Grandes Motores llevaba al secretario gremial y al secretario de
prensa. Entonces hicimos toda la campaña...
Nosotros estábamos dentro del SMATA. Nuestro, el secretario
general era el Chancho Salamanca. Entonces, bueno, se ganan un montón de
reivindicaciones. Por ejemplo, el comedor, el comedor fabril, que tenía un
dueño y también una persona que venía a darnos de comer de afuera, alguien de
afuera. Nuestra asamblea en la Fiat Grandes Motores Diesel era súper
democrática. Y respecto al comedor, no estábamos muy de acuerdo con la comida
que nos daban. Entonces dijimos: “no, las condiciones las tenemos que poner
nosotros”. Entonces, se hace una asamblea y proponemos que el menú no lo tiene
que poner el dueño del comedor o el que había contratado la Fiat, el concesionario.
Lo teníamos que poner nosotros. Y para
eso elegimos una comisión de trabajadores nutricional para que no solamente hiciera
el menú, sino que nos asesoraran también con la cuestión nutritiva y todo ese
tipo de cosas. Y eso después quedó plasmado en el convenio colectivo de
trabajo. Eso fue un triunfo espectacular.
Y aparte de eso, el problema
de la producción, porque la producción fue terrible, era terrible dentro de la
Fiat. El ritmo de trabajo era muy fuerte, muy fuerte. Y ahí es donde yo perdí
los dos dedos. Se me cayó una matriz arriba de la fresa y bueno…
Otros logros fue la ropa,
una vez al año, dos mudas de ropa; los botines, una vez al año, dos botines. Entonces
un montón de reivindicaciones que hacía que la gente estuviera muy, muy contenta
y aparte de eso, nos veía como que nada que ver con los que habían estado
antes, que no solamente no hacían nada sino que les daban todo un montón de
dádivas de las cuales nosotros no aceptábamos nada.
Me acuerdo que una vez vino
el dueño de la Fiat de Italia, que se llamaba De Felipe. Y ese tipo no nos
quería atender. Y bueno, nos pusimos, empezamos a hacer medidas de fuerza, qué
sé yo, hasta que nos atendió. Y yo con 23 años fui con otros compañeros más
viejos, por supuesto, yo era el más chico, a discutir el convenio colectivo con
el tipo ese. Fue una cosa de, muy de locos, ¿no? Porque discutir con un tipo de
esa envergadura, dueño de la Fiat en Italia...
Después la seguimos y ya se
abre la cuestión muy política. Nos vamos de PO con un grupo de compañeros. Y
acá hay una reflexión muy importante porque nosotros estábamos en la búsqueda,
no teníamos... estábamos rompiendo con PO pero no sabíamos a dónde ir.
Empezamos a seguirlo a un compañero que se llamaba Bridas... Empezamos a ver
dónde, dónde íbamos, cómo es. Y ahí, ya a través de Mario Díaz, que era del
comité ejecutivo de Política Obrera, a él lo habían mandado allá y él agarró y
nos convencimos de que estaba mal, estaba errada la política de PO, que era
sectaria, que era, autoproclamatoria, etcétera, etcétera. Empieza a apoyarnos a
nosotros, pero en relación a la táctica sindical. El tema era metodológico.
Respecto a las elecciones, también.
Las elecciones fueron lo que nos potenció a nosotros. Porque PO
estaba en contra de participar en las elecciones. Cuando el PST presenta el
Frente de los Trabajadores, y con el Petiso Páez, Cabezón Sufi, todos los que
habían sido de la época del Sitrac-Sitram, junto a otros luchadores más,
dijimos “no, escúchame…” y nosotros en
esa época, estando en PO votamos al Frente de Izquierda... ¡al Frente! ¡al
Frente de los Trabajadores!
Porque el PO dijo: voten en
blanco. Voto en blanco, exactamente. Eso
fue un desastre. Y ahí casi ya era el despido. Hicimos lo que se llamó el Libro
Azul, que fue una carta dirigida a Política Obrera y nos contestaron echándonos
a todos. En el Libro Azul lo que fundamentalmente criticábamos era la cuestión
metodológica, pero nos fuimos de mambo porque dijimos que parecía un
club hebraico, ahí ya...
¿Por qué un club hebraico?
porque había muchos, muchos compañeros que eran judíos, pero nada que ver, fue
un desliz nuestro, creo. Los problemas de PO eran metodológicos. No había
congresos, en los plenarios hablaba únicamente Jorge Altamira. Había
discusiones en relación al frente único, el frente único antiimperialista que
planteaban ellos, nosotros decíamos que había que unificar, que había que abrir:
para ellos, no: es esto y esto y nada más. Muy sectario.
Todo ese tipo de cosas nos
rebasó y buscamos otra cosa. Y ahí es donde empezamos a ir a una o dos
asambleas de la Renault, íbamos a escuchar, a ver quién hablaba, para saber
cuáles eran las posiciones políticas de cada partido, porque ya estaba muy
politizado el cuerpo de delegados. Todos los cuerpos de delegados, toda la
vanguardia estaba politizada. Y ahí escuchamos a Bridas, que era un compañero
que había entrado a la Renault y que llevaba las posiciones del PST. Después lo
integramos. A partir de ahí contactamos con la gente del PST. Nosotros habíamos
hecho una agrupación que se llamaba 28 de abril, en la que reuníamos a todos
los compañeros del SMATA. No recuerdo bien por qué se llamaba 28 de abril, creo
que se había muerto un compañero en esa fecha en una movilización,
Entonces, a partir de ahí
nos hablamos con la gente del PST y empezamos a cambiar opiniones y al mismo
tiempo el PO nos estaba echando. Nos dijo facciosos, lo menos que nos dijo:
facciosos.
En esa época Christian Rath
estaba en Córdoba. Fue a él a quien le dijimos que nosotros nos íbamos. Era un
compañero bárbaro, extraordinario, porque nunca tuvimos una mala actuación de
él ni mucho menos. Con él teníamos una relación política, bien política.
La cuestión es que hicimos una
choriceada en aquella época, por allá cerca del cementerio de San Vicente, en
un centro de jubilados o un club. Y nosotros, quienes nos habíamos ido éramos
casi 18 compañeros. Yo era el único que
estaba como delegado de una comisión interna, como dirigente de una fábrica,
todos los demás compañeros eran obreros. Algunos eran simpatizantes, otros eran
militantes. Y Mario se estructura en la fábrica en la Renault. No tomaron en
cuenta nada de eso, nos echaron lo mismo. En algunos casos, fue con actos
persecutorios, por ejemplo: a algunos compañeros le habían prestado una
heladera u otra cosa… fueron y se la sacaron. Ese tipo de cosas: estupideces.
El tema es que empezamos a
militar ahí, a tener posiciones. Ya el PST estaba en proceso de… Creo que era
el año 74, ya había muerto César. A César lo matan en el 74 en noviembre. Y
nosotros empezamos a hacer el libro, el librito azul, lo empezamos a hacer a
principios del 75. O sea que nosotros ingresamos al partido en el 75. Nosotros
vinimos a verlo a Hugo. Hugo nos atendió y nos sorprendió porque nosotros estábamos
acostumbrados a Jorge Altamira. Y nos atendió, creo que fue en su casa,
estuvimos en un lugar ahí conversando. Como era Hugo, que nos preguntaba todo,
¿no?
Voy a contar un poquito más
de esa entrevista. Creo que vino Orlando también en aquella época, quien nos
ayudó muchísimo. Orlando fue clave en ese proceso. Y entonces, vinimos a verlo
a Hugo. Y Hugo quería saber por qué, qué había pasado, por qué fue, cómo fue,
qué sé yo, qué sé cuánto. Después de estar charlando un tiempo prudencial, más
o menos una hora, como que ni nos dijo que entráramos al partido, ni nos dijo qué
bárbaros que son. Nos saludó y dijo: “bueno, muchachos, ustedes son los que
tienen que decidir”. Y eso, eso fue lo que nos definió a nosotros, nuestra
entrada. Yo me acuerdo que salí y le digo a Mario: “yo me quedo acá”.
Nuestra formación... anti
Nahuel Moreno. Tremenda. Y venir y hablar con el tipo, el máximo, como decíamos
nosotros, con el capo del PST y que nos atienda como nos atendió y aparte decir:
“bueno, ustedes, muchachos, hagan lo que opinen, lo que digan”. No nos dijo
está abierto, está cerrado, lo que sea, o sigamos discutiendo. No, no. Y eso fue
lo que nos definió a nosotros nuestra entrada.
No nos sentimos invadidos
para nada, tenía una forma de llegar… fue bárbaro, fue extraordinario. Después
lo vimos dos o tres veces más, pero en charlas muy, muy cortitas, nada más.
Además, se vivía una
efervescencia muy grande, estaban las 3A, la guerrilla con sus métodos y
empieza toda una discusión política dentro del SMATA y en el cuerpo de
delegados y en la misma comisión interna nuestra. Y es una batalla política muy
fuerte, fuertísima en determinados momentos.
Lo recuerdo porque el
armazón que nos daba el partido era como una coraza, era indestructible la
línea. La llevábamos hasta el final, hasta el final. Después, si nos
equivocábamos, decíamos “nos equivocamos”, retrocedíamos, y pedíamos las
disculpas necesarias. Y por eso siempre nos reivindicaron a nosotros. Nunca
fuimos pedantes, nunca. No nos creíamos que nos comíamos a los chicos crudos,
no, no. Nuestra política era como una arrasadora en determinados momentos.
Voy a contar una anécdota
como ejemplo. Cuando matan al jefe, al gerente, de Grandes Motores Diesel, de mi
fábrica: lo mataron los Montoneros. Dentro del cuerpo de delegados se da toda
una discusión. Algunos se querían hacer los boludos, otros decían: "no,
hay que decir algo". Y yo dije: "no, no; yo quiero repudiar este
hecho". Respondían: "¿cómo te vas a poner al lado de él?” y esto y
aquello. Yo sostenía: “vamos a la asamblea y ahí lo dirimimos”. Y que sí, que
no, que... Salgo yo a la fábrica, a las secciones, a recorrer, a decir que yo
quería una asamblea para repudiar este hecho. Y empalmo con un sector de la
gente. Y la gente le empieza a exigir a la comisión interna y al cuerpo de
delegados que se haga una asamblea. Se hace la asamblea. Entonces los sectores
de la guerrilla daban vueltas y qué sé yo, que sé cuánto, que esta, que la
otra... todo para no decir nada. Y, bueno, entonces yo dije, "Ustedes lo
tienen que repudiar. Porque no era el método nuestro, no era el método de la
clase trabajadora. El método de la clase trabajadora es la movilización, la
lucha. Este no, porque hoy matan a uno y mañana aparecen diez más. Entonces acá
hay que acabar con todos, no con uno". Fui ovacionado en esa asamblea.
Cuando me bajé me tironearon, me querían... la gente me defendió. Otros
activistas me tironearon. y parte de la gente, gente del cuerpo de delegados,
también. Casi nos fuimos a las manos. Y para mí eso fue una cosa... porque yo
me cuestionaba: "¿habrá estado bien, habrá estado mal?" Después
cuando hablé con los compañeros, estaba convencido, convencido de lo que había
hecho. Estaba correcto.
Y así es como le daba la
batalla también política a los compañeros que estaban en la guerrilla. Que
hasta el día de hoy lamento no haberles podido ganar. Porque eran terribles, ¡cómo
se cerraban!, y la bronca que nos tenían a nosotros también, ¿no? Nos decían
pacifistas, cualquier cosa. Nos trataban mal. Nosotros fuimos ganando espacio,
fuimos ganando compañeros. Fuimos ganando un respeto importante en la fábrica. Yo
tenía 24 años, era el más chico de todos. Y eso me dio un orgullo bárbaro.
Y tenía vinculación con Tony
Paez. Estábamos con el Plan Rodrigo. La planta de Fiat Concord incluyó
divisiones industriales como la Fábrica de Grandes Motores Diesel, que era la
que hacía camiones y reparaba motores de buques, estaba al lado de Fiat
Concord. Fiat Concord era la que hacía los autos. Y Materfer hacía todo lo que
era para los trenes, material ferroviario, por eso se llamaba Materfer. Y Fiat
Concord hacía los autos, el Fiat 600, el 128, etc.
Ahí en el 75 se forma la
Coordinadora de Gremios en Lucha. Esto empieza con que tenemos que buscar
acción de conjunto, porque ellos estaban en la UOM, Concord y Materfer habían
quedado en la UOM. Y Grandes Motores Diesel había quedado en el SMATA. Venían
hacía años peleándose para ver dónde quedaban. Entonces, ¿qué hacíamos? Nos
poníamos al lado del alambrado, un alambrado grande que separaba la fábrica,
íbamos todos los trabajadores para allá, venían los de Concord para acá, y de
aquel lado hablaba Tony y todos los demás compañeros, Tony Páez y todos los
demás compañeros que estaban en aquel momento, que no tenían la
representatividad gremial como la teníamos nosotros. Ellos tenían… lo hacían de
guapos.
Ellos habían quedado en la
UOM y no le daban representatividad gremial en la UOM. Y nosotros sí la teníamos,
porque estábamos respaldados por la Lista Marrón, estábamos respaldados por el
Chancho Salamanca y demás.
Tony era una especie de
llanero solitario. Y había otros, ... otros compañeros que estaban con él, uno
de apellido Mayorí y otros dirigentes más, pero el dirigente era Tony. Y
entonces de allá hablaba Tony y de acá hablábamos nosotros. Con el alambrado de
por medio. Y de ahí después... salíamos en la marcha todos juntos por la Ruta 9
hacia el centro.
El alambrado separaba las
dos fábricas y había asambleas de los dos lados. Era una asamblea grandísima. Éramos
1500 laburantes, y ellos habrán sido otros 1500, 2000. Asambleas grandísimas. Y
no teníamos micrófono. A capela. Todo a capela. En esa época no había
micrófono, no había nada. No, no había nada.
Video: Fabrica Fiat-Concord tomada por sus
obreros. Córdoba 1973 https://www.youtube.com/watch?v=T9aOhrSwZrU https://youtu.be/T9aOhrSwZrU?si=7ft0m-Mi95HN7Swr
Entonces
viene el Rodrigazo. Ahí se empieza a gestar la
Coordinadora de Gremios en Lucha, a la que nosotros la llamábamos La Mesa de
Gremios en Lucha.
Ahí estaba Perkins, estaba
la Concord, estaba Grandes Motores, la Renault, e Ilasa... grandes fábricas había. Ilasa era la que hacía
las butacas de todo lo que es plástico de interior de un auto. Estaba en la
calle Vélez Sarsfield.
Nos reuníamos en el local de
Gráficos, en el Sindicato de Perkins. Creo que en del SEP también, el local del
Sindicato de Empleados Públicos. Perkins fabricaba todo lo que es motores
grandes, de combustión, de gasoil. Todos hacían motores gasoleros, digamos.De
Perkins me acuerdo de la interna de Vila. Sí, Vila/Pítia. A Vila no lo quisiera
ver tampoco. Conmigo se portó mal.
Viene el golpe. Y la
noche.... Y en la asamblea de la GMD a la tarde, dicen: “bueno, vamos a hacer
lo mismo que dicen”. Listo.
El 24 ya empezamos con las
primeras pérdidas. Porque todos habíamos dicho que nos teníamos que tabicar.
Por supuesto, el partido me había dicho lo mismo. Y a las primeras horas, que
eso nunca lo voy a olvidar y siempre se lo he agradecido, del 24 de marzo fue
el gringo De Michelis y me golpeó la puerta y me dijo: "Carlos, hay golpe.
Fijate". Serían las 4 de la mañana.
Estaba por levantarme para ir a laburar. Y bueno, de ahí yo después dejé de ir
a la fábrica.
Se acordó de que yo siguiera
adentro de la fábrica. Pero empiezan a caer. Casi la mayoría. Bueno, quedamos
de todo el cuerpo de delegados, que éramos más o menos 16 o 20, quedamos 5 o 6,
trabajando.
Algunos se fueron por su
propia cuenta, a otros los agarraron. Algunos los desaparecieron y a otros los
largaron. Y después, a Machado lo desaparecen. Lo agarran cuando venía de
Carlos Paz. Él no sabía, no le habían dicho nada.
Al secretario de prensa, a
quien le decíamos el Tuerto Seaglio y a Ceballos. lo van a buscar unos meses
después de que me fueron a buscar a mí. Estuvieron presos hasta los 80.
Y así se... se fue
desmadrando todo. Empiezan a caer muchos compañeros, a los compañeros de la
guerrilla los mataban. Aparecían muertos o en enfrentamientos, como se hacía en
ese tiempo.
De la misma fábrica mía, desaparecidos
no hay. Todos estuvieron presos o asesinados. Desaparecidos no. Y en esa época,
en todas las fábricas iban cayendo presos, muertos o desaparecidos.
Aparte, ya perdíamos la
conexión. Ya no nos reuníamos y cuando nos empezamos a reunir nuevamente era todo
un trabajo de inteligencia para que no nos agarraran, no nos vieran. Fue una
experiencia terrible porque se ganó... Veníamos de la época en que, digamos,
sacando una radiografía: Sitrac-Sitram, la Lista Marrón, la Lista Marrón de
nuevo, la Mesa de Gremios en Lucha. Hay una vuelta que nosotros tomamos la
fábrica… creo que fue para la época de... de Mondelli. Mondelli fue el último.
Entonces, resulta que, a la
noche aparecen los fachos estos que había mandado José Rodríguez, de SMATA, con
tres o cuatro bolsas llenas de armas. Dice: "Acá se las traemos por si
llegan a reprimir". Y nosotros discutíamos: "Estos nos las están
trayendo para que nos maten a nosotros". Para que nos mataran a todos acá
adentro. Entonces no las queríamos agarrar, no las queríamos agarrar, qué sé
yo, qué sé cuánto, y se armó un despelote que bueno… Aalgunos agarraron y otros
no. Pero quedaron ahí, en la entrada de la puerta de la fábrica quedaron las
bolsas esas.
Al otro día nos llaman y
dicen: "Miren que va a ir el gobernador a visitarlos. Porque les va a
resolver el problema". "No queremos a nadie", le digo yo… y
Machadito... Nosotros estábamos con la fábrica tomada. Le reclamábamos a la
patronal.
Al frente de la gerencia
había un playón grande. Como a las 10, 11, de la mañana, aparece un helicóptero
ahí arriba. Tuco, tuco, tuco, tuco, tuco, baja el helicóptero. Dijimos:
"¿Y acá qué carajo hacemos? ¿Qué pasó?" No sabíamos. ¿Quién era?
Lacabanne.
Nosotros teníamos una
desorientación... Y entonces vino un tipo que no sé si era el asesor de él,
dice: "Quiere hablar con ustedes el gobernador, el brigadier.”
Nosotros dijimos: "No,
no. Vamos todos ... si habla, va a hablar el cuerpo de delegados, la comisión
interna, nos juntamos todos". Y el tipo dijo: "Vengo a darles la
solidaridad y ustedes van a ganar este conflicto y van a esto, aquello,
depongan todo lo que tienen y..." Entonces dijimos: "No, mire, vayan
allá a la entrada que están algunos y vean lo que han dejado, porque nosotros
queríamos eso". Entonces agarró el tipo, “gracias”, qué sé yo, qué sé
cuánto. Rrr, rrr, rrr, se fue a la mierda. Nadie en Córdoba podía creer que
había ido Lacabanne porque era la única fábrica tomada.
Y bueno, el tipo se fue y
nosotros al mediodía hicimos una asamblea y la gente decidió levantar la toma. Al
otro día o a la semana, algo nos dieron en la empresa. Alguna reivindicación de
las que pedíamos nos dieron. Y el hijo de puta confundió a la gente. Porque
tremendo hijo de puta que fue a reprimir a Córdoba, porque era de las Tres A el
chabón ese, qué sé yo. Baja con el helicóptero en el playón de la fábrica
tomada y dice: "Apoyo sus reivindicaciones". Es de locos, es
surrealista. Y no sé... y no sé... nunca supimos por qué lo hizo tampoco. Esas
cosas pasaban.
¡Las discusiones políticas
que había! ¿no? yo eso lo reivindico más que nunca, porque si hay algo que yo
aprendí del partido es a posicionarme frente a distintas posiciones de la vida
política, pero siempre del punto de vista de la lucha de clases. Y yo creo que
eso es lo que hoy se ha perdido mucho. Es mi impresión, yo creo que para la
gente, para nosotros, antes era un orgullo decir que éramos de la clase
trabajadora, que pertenecíamos a tal clase y que éramos clasistas. Porque
éramos clasistas. Eso era un orgullo para nosotros. Y hoy. en la actualidad,
medio que se ha se ha perdido un poco, ¿no? Y la discusión política...
Después de algunos años me
encontré con algunos compañeros que reivindicaban la guerrilla. Y también me
dio una mucha satisfacción porque dijeron: "Cuánta razón tenían
ustedes". Me acuerdo que entré a una farmacia con mi cuñada, allá
en Córdoba, y un tipo grandote me miraba, me miraba y digo: "¿Y este quién
carajo es?". Y, de repente, viene y me da un abrazo que casi me rompe. Me
dice: "Loco, te creía muerto, hijo de puta, sos vos". Bueno, con ese muchacho habíamos
tenido muchas discusiones alrededor de la guerrilla. Y él fue el que me dijo:
"Cuánta razón tenían, loco". Pero, bueno, ya está.
Llegamos al golpe
militar. Estamos ya en el golpe. De hecho, las comisiones internas, el cuerpo
de delegados, se van diluyendo por asesinato de los compañeros, por desapariciones
o por encarcelamiento. Entonces, nosotros, en la fábrica tratamos de
preservarnos, llevando algunas reivindicaciones que se podían. No hacíamos
asambleas, muy pocas, casi nunca.
Hasta un día, el 21 de septiembre. Teníamos un
compañero que se llamaba Loison, le decíamos así, ese era el nombre, y a este
le vendían el periódico. Vecino de la casa de mi vieja. Siempre un tipo re
bueno, un tipo simpatizante nuestro. No se reunía ni nada, pero a este le
vendía de vez en cuando el periódico. Siempre apoyaba nuestras propuestas. Nosotros
llegamos a las seis de la mañana o antes para cambiarnos en la fábrica y vienen
unos compañeros que habían estado en el colectivo donde había estado él. ¿Y qué
pasa? Cuentan que lo llevaron preso. ¿Por qué lo llevaron preso? En el Arco de
Córdoba, o sea, viniendo para el lado de la FIAT, se sube un grupo de gente y
reparte volantes y le dice que, como siempre sabíamos: se ponía un volante al
primero y el primero iba pasando para atrás, así podían tener todos el volante.
Y ese volante era de los Montos.
Estamos hablando de 21 de
septiembre de 1976. Entonces, de repente, más adelante, un operativo cerrojo.
Él tenía los volantes y los tiró, los tiró para afuera. Y hay una ráfaga de
ametralladora a las gomas, hacen bajar a todos, los ponen contra unos alambres
que había alrededor de la vía de tren y les dicen: "Si no sale el que tiró
los volantes, los vamos a matar a todos". Y él salió, él dijo. Honesto el
pibe. Salió y, por supuesto, cómo le dieron y lo llevaron.
Llegan estos compañeros a la
fábrica, yo ya estaba en el turno mañana con otro compañero a quien le decíamos
Caretorta, Romero, era radical. Y entonces viene y dice, "¿Qué
hacemos?". Estaba re asustado. "¿Qué hacemos? ¿Qué hacemos?". "Bueno,
hablemos con la gente. Es un compañero nuestro. Lo van a matar". Porque
nosotros sabíamos que no era montonero, no era nada. Entonces, "Lo van a
matar, lo van a matar". Hacemos una asamblea adentro de la fábrica. Siempre
lo hacíamos afuera, en los playones. La hacemos adentro de la fábrica y
se resuelve paro de brazos caídos al lado de la máquina. Se resuelve eso; estábamos
todos ahí. Eso fue como a las siete, siete y media de la mañana. A las nueve,
nueve y media, viene mi jefe. Mi jefe me dice que murió, pobrecito, y me dice:
"Te están buscando. Está la Policía Federal y la Gendarmería están
hablando con la empresa. Ahí en la gerencia". Y entonces se empieza a
correr que cada vez ven más camiones. Venían con diez policías cada uno. Cada vez
aparecían más, cada vez aparecían más. Después aparecieron los Unimog, que eran
los que manejaba la Gendarmería.
Todo eso me lo contaron
porque yo no lo vi. Después, camiones, ¡era una cosa terrible! Hasta tal punto
que siempre teníamos discusiones con un peronista de las 62 Organizaciones, de
las legalistas, cercano a un dirigente de la UTA que mataron. Un tipo ligado a
Atilio López. Y siempre teníamos discusiones, discusiones fuertes también. Y él
viene con un compañero del PCR, con quien también nos pasábamos los diarios,
viene otro compañero independiente, vienen dos compañeros que eran
simpatizantes del partido, y dicen, "No, Pantera, te tenés que..." A
mí me decía Pantera, creo que por la forma de pararme, no sé. Esos
sobrenombres de fábrica son geniales.
La cuestión que agarran y me
dicen, "Te tenés que... te van a matar a vos. ¿Qué hacemos?". Y,
"¿Qué hacemos?". Y a uno se le ocurre… Nosotros teníamos unos casilleros, baúles,
una baulera así, donde guardábamos todas las herramientas. Y le poníamos los
candados para que no las afanen.
Entonces uno dice: "esta,
vamos, saquen, empiecen a sacar todo". Sacan todo, sacan todo, sacan todo,
y queda vacío adentro sin todo eso. Me meto yo de cuclillas, como sentado, así,
y cierran desde afuera... Desde afuera cierran con el candado. Y queda un
agujerito así... Para respirar, para todo. Y a cada rato venían y me pasaban el
parte, cómo estaba, qué sé yo, qué sé cuánto.
Y yo me había agarrado una
angustia tan grande, porque en esos días nacía mi hija más grande, Natalia. Que
yo creía que iba a ser un varón. Yo ya me creía fusilado. Esa era la verdad, lo
que yo pensaba. Que si me agarraban me fusilaban adelante de todos. Entonces,
le escribí una carta a mi mujer, a Liliana. A uno le pedí un lápiz, un papel,
escribí y le dije qué nombre me gustaría que le pusiera al chico que naciera.
Bueno, lo guardé ahí, le dije al loco este dónde había puesto el papel.
"Quedate tranquilo, no hay problema".
Tipo diez y media, sacaron a
todos, a todos de la fábrica. A todos. Los pusieron en fila, hicieron como
cuatro o cinco filas, ¿no? Y los hacían poner las manos así. Porque los
buscaban por los dedos. A uno le faltaba acá, a otro le faltaba acá, siempre en
la fábrica nos faltaban los dedos. Los
separaron, eran como diez, no sé cuántos, los separaron, los llevaron presos.
Se los llevaron. Y no era ninguno de esos… Me buscaban a mí. Y ninguno, ninguno
me batió. Y sabían.
Aparecieron, entonces, en un
momento, ¡cómo afanaban los calibres! Los calibres son una herramienta de
medición, de precisión, se los ponían adentro de los bolsillos. Los canas, los
soldados, había soldados, había canas, había de todo.
Y yo los estaba mirando. Yo
miraba por ahí, por el agujerito. Lo último fue que subieron... Hay un tanque en
la FIAT, entre Concord y las tres fábricas, que es altísimo (cada vez que paso
por ahí, cuando voy a ver a mi familia a Córdoba, lo veo). Subieron ahí arriba
a buscarme. Ninguno de los jefes, porque los jefes sabían, ninguno de los jefes
me batió. Me respetaban.
Como al mediodía, por
supuesto, ya se iban a comer a esa hora los chicos, me trajeron sándwiches, me
traían para tomar, me abrían, me… fue increíble. Mientras tanto, yo pensaba:
"¿Cuándo salgo de acá? ¿Cuándo salgo? Porque si yo llego a salir, me están
esperando afuera.” Era una hipótesis. La otra era que me fuera por la otra
salida, por el fondo. No sabía qué hacer. Pensaba y pensaba y bueno. Nosotros
teníamos los turnos de las seis de la mañana a tres de la tarde, de tres de la
tarde a las doce, y así sucesivamente hasta la noche. Entonces, cuando va a
salir el turno noche, vienen y me abren... El de las doce. Ya le habían pasado
la data al turno noche.
Sí, al turno tarde ya le
habían pasado todo cómo era. Entonces vienen y me abren el cajón y me levantan.
Yo no podía caminar porque tenía contracturadas, torcidas las piernas. No podía
sentarme, no podía, no las sentía.
Más o menos había que caminar
una cuadra, una cuadra y pico, teníamos que salir afuera. Me llevaban. No me
llevaban por adentro, sino por afuera de la fábrica, el costado del galpón.
Tenía que subir, porque arriba estaba el lugar donde nos cambiábamos. Yo estaba
con la ropa de trabajo. Bueno, ahí me ayudaron a cambiarme. Me cambié. Y para
salir había una escalera a 45 grados. Entonces, ninguno salió y yo en el medio.
Cuando uno, no sé quién fue, dijo: "Vamos". Me traían colgando.
Rodeado de todos, rodeado de
todos los compañeros pasé por la guardia. Me acuerdo que el gordo de la
guardia, que era un hijo de puta, abría los ojos… Se quedó, se bloqueó, porque
yo lo vi. Me reconoció, sí. Se quedó ahí, el gordo no sabía qué hacer.
Después me dijeron los chicos: "No sabía qué hacer". Aparte le
dijimos nosotros que no fuera a hacer nada.
Había un colectivo, había un montón de
colectivos que iban a buscar a la gente. Pero había un colectivo que uno del
PCR había preparado. En los colectivos de antes, en el fondo, vos levantabas el
asiento y se guardaban las herramientas. Habían sacado todas las herramientas
de ahí y me pusieron ahí y se sentaron arriba.
Cuando llegué a la plaza, que hoy es la
plaza Vélez Sarsfield, que hoy es el Patio Olmos, ahí me bajé. Me ayudaron a
bajar, me acompañaron dos, tomé un taxi y lo que no me acuerdo fue cómo aparecí
en la casa de Chiquito Arza, “Anteojo”.
Y, y ahí me quedé y después vine
a Buenos Aires. Y la verdad es que lo que hicieron, sí, eso... mi vida, mi vida
se la debo a la clase.
Me encontré con algunos después
de varios años, inclusive antes de que viniera la democracia. Me había visto
con varios que hoy, inclusive, todavía los sigo viendo cuando voy a Córdoba o a
través de los aparatos estos de celulares. Nos comunicamos.
Después, en el 83, cuando
vino la democracia, yo fui candidato a diputado por Córdoba, con Gárner y todos
los compañeros, y fui a la fábrica. Porque pedimos permiso en la fábrica y fui.
Y sí, fui a saludarlos al lugar donde yo había trabajado, muy emocionante eso. Seguí
viendo a unos que otros. Como este hombre que es de la farmacia… Una vez iba por
la peatonal de Córdoba, caminando, había un tipo vendiendo encendedores. “Los
encendedores”, los encendedores, qué sé yo, y yo pasé. Y me dice:
"Pantera, ahora que tenés plata no vas a saludar".
Me di vuelta y lo veo, ¡ah,
qué abrazo que nos pegamos! Y así cada vez que veo a uno. Porque se remueven...
Es una gloria. Ni la radio
ni la televisión de aquel momento, ni el diario, ninguno de los diarios lo
sacó, porque era terrible lo que habían hecho. Y la cantidad de gente, la
cantidad de represores que habían movido. Por eso yo digo que si a mí me
llegaban a encontrar, yo creo que me fusilaban antes de todo. Estoy convencido.
Me vengo a vivir a Buenos
Aires. Me recibió, y siempre lo voy a recordar, Pepe Kalauz. Me ubiqué en la
casa de unos compañeros que nunca más vi, en Caballito. Y me tuve que volver a
los tres o cuatro meses porque se había enfermado mi compañera y a la nena no
la vi más yo, porque no la vi.
Nació mi hija, pero la vi un ratito porque le
había agarrado bilirrubina, algo de eso, y la vi dos o tres veces, pero ya
después no me arriesgué más porque bueno... Y eso era terrible porque no la
podía ver. Nadie la veía. Lo peor que me pasó fue cuando mi compañera la tuvo
en el Hospital Italiano, la fui a ver, estaba en una cunita, y al otro día
cuando fui no estaba más. Por suerte una tía mía me avisa y me dice:
"Quedate tranquilo, la han llevado a un lugar porque tiene
bilirrubina", y ese tipo de cosas. Me volvió el alma al cuerpo. Pero yo
creía que me habían hecho algo estos hijos de puta.
Toda la historia, todas las
veces que me cambié, fue terrible. Mi compañera contabiliza 12 veces, yo
contabilizo 14 veces que nos fuimos para acá, para allá, para acá. Esa fue la
vida nuestra para poder salvarnos, ¿no? Después, me fui de acá de Buenos Aires
esos tres, cuatro meses y vuelvo al año más o menos. Y ahí le digo que me
quiero estructurar, que no, no, no... no puedo aguantar estar así…
En ese momento no tenía la
ayuda del partido para sobrevivir. Entonces, me presento en una fábrica,
sabiendo el laburo mío que era fresador, digo: "Acá en la fábrica puede
ser que me tomen". Fresador matricero. Me presento en la fábrica Pedriel,
que está acá en Barracas. Me presento, pim, pum, pum, pum, me toman. Ahí pasó
una anécdota que me hace recordar a Pablito Maza. En esa época yo estaba re
tapado, no me hablaba con nadie. Un día viene un muchacho, se me pone al lado y
me dice: "¿Sos de Córdoba, vos?" "Sí, sí, yo soy de
Córdoba", le digo yo. "Qué lindo Córdoba". "Sí, sí, sí".
"Ah, tengo un amigo", dice. "Ah, bueno", le digo, "qué
lindo". Y yo no le dije más nada. Me dice: "¿Vos lo debés conocer,
porque es muy conocido en Córdoba?" "No sé", le digo yo,
"puede ser". "Se llama José Francisco Páez". Pablito Maza
me hizo la joda esa.
Me quería morir. Le digo a
Pepe: "Pepe, hay un tarado que vino, se me presentó al lado de la máquina,
me dice que Córdoba, que esto, que aquello, y después me dice que lo conoce a
José Francisco Páez. No, yo me voy a la mierda", le digo, "no vengo más
a laburar.
No quería ir más.
"No", me dice, "es un compañero nuestro, ¡qué pelotudo!". Había
una chica que, según me decían, salía, era compañera, en ese momento, de
Eduardo Expósito, que trabajaba en la oficina, también en esa fábrica. Yo
trabajaba en un gabinete, o sea, una cosa toda cerrada. Era como una pecera
donde estábamos los laburantes. En cambio, los otros laburaban allá, allá.
Entonces, un día, allá a lo lejos, había una chica. Me miraba la chica y se
reía. Y yo digo: "¿A esta qué mierda le pasa?" Y dale que dale, y
dale que dale. Le digo a Pepe, y me dice: "No, no hagas ninguna cagada, no
la mirés, no le digas nada, qué sé yo, qué sé cuánto". Bueno, un día pasa
la piba esta y me dice: "Hola, ¿cómo te va? ¿Te gustaría comprar una
rifa?". Digo: "¿Cómo esta mina…, si no me conoce a mí?" Era del
partido.
Porque le digo a Pepe:
"Pepe, no me agarraron en Córdoba, no me voy a dejar agarrar acá. Yo me
voy a la mierda". La cuestión es que pasó lo siguiente. Después Liliana
consiguió un lugar en las sierras y me fui a vivir a las sierras durante un
tiempo. Y a partir de ahí empezamos... hacíamos la militancia desde lejos y
después ya con el tiempo, ya cerca de la democracia volvimos a Córdoba y empezamos
después el MAS y todo eso.
Para la época de Malvinas juntábamos
ayudas en el barrio, hacíamos una militancia muy grande, el partido se movió
muchísimo. Juntábamos ropa, juntábamos qué sé yo, todas las cosas. Yo en ese
momento estaba en Córdoba, en zona sur. Campaña barrial hacía. Trabajaba en una
zapatería, e íbamos en la medida de que podíamos hacer cosas, íbamos,
trabajando en los barrios, íbamos haciendo la militancia política. O sea,
hacíamos las dos cosas: la solidaridad con los soldados y el trabajo político para
ganar, para el partido.
La reacción que hubo en
Córdoba fue muy buena. Me acuerdo que inclusive mis hijas, que eran chiquitas,
llevaban chocolate a los colegios. Las maestras hacían las fiestas para juntar
cosas. Era una movilización impresionante. Las maestras del barrio hacían que
los chicos llevaran, pero también hacían festivales para juntar cosas. En la
fábrica no fue tanto. Era más un fenómeno de tipo barrial, la solidaridad.
Antes de Malvinas, antes del
2 de abril hay un paro, el 30 de marzo. Lo que más recuerdo de eso es de lo que
pasó acá, en Buenos Aires aunque yo estaba en Córdoba. Inclusive creo que
reprimieron y murió un pibe, no me acuerdo cómo se llamaba... cerca de Plaza de
Mayo. Los organismos de derechos humanos en Córdoba tuvieron un reflejo tardío
de lo que empezó a pasar en Buenos Aires. Sí se recordaba mucho porque en los
barrios siempre hubo gente que fue dirigente o en la fábrica o lo que sea,
siempre estuvo presente lo de los derechos humanos. Pero no tuvo, quizás, la
organización y la militancia como en Buenos Aires. Creo que después se reflejó,
más tarde y creo que una de las grandes compañeras que estuvieron al frente de
eso fue Sonia Torres, que murió hace poco, hace dos años. Y también siempre
pendientes de todo lo que se discutía alrededor de La Perla, muchas veces... No
tengo muchas experiencias con derechos humanos allá. No, porque yo a lo que me
dedicaba únicamente era al trabajo fabril y a las barriadas.
En Córdoba fui candidato a diputado nacional
para las elecciones del MAS en 1983. Luego me trasladé a Buenos Aires. Me
estructuré en el Ferrocarril Roca en el año 87. Luché contra la burocracia de
Señaleros de La Plata y barrimos a la burocracia que estaba instalada hacia 20
años. Allí fui elegido secretario del gremio y participé en la huelga de 45
días en los años 90 ..Luego Menem me despidió.
Y yo creo que, como siempre
digo… Si yo pudiera volver para atrás: haría lo mismo. ¿Por qué? Porque el
partido no solamente me enseñó a ser lo que soy, sino también a ser un socialista,
revolucionario, a ser internacionalista. A comprender que lo que pasa hoy acá
pasa en cualquier país del mundo, a cualquier persona como yo en otro país. Y
hacerlos sentir... El partido los va a hacer sentir a los compañeros que no
solamente somos parte de esta vida, sino que somos los que queremos cambiarla.
Queremos que sea otra cosa para nosotros, para nuestros hijos, para nuestros
nietos. Y entonces, por eso, la única salida que hay es el socialismo, que los
trabajadores gobiernen junto al pueblo.

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