IRENE MARRONE
Irene
Marrone agosto, 2026. Militante Juventud Socialista.
Memoria de la militancia anti dictatorial. 1972-
1983
Todo empezó como militancia anti autoritaria y antimilitar. Podría decir
que tanto en mi casa, como en la escuela, y en la calle, enfrentaba las formas
del régimen del Gral. Onganía. Aunque
mi rebelión se
expresara en pequeñas cosas como usar el pelo suelto y largo, ponerme minifalda.
Fumaba a escondidas, en el baño en los recreos con un grupo de revoltosas, con las
que desafiábamos a profesores aburridos tomándoles el pelo, me escapaba por la
ventana para irme un ratito a bailar a los de mis amigos vecinos. En fin, a mis
15 pintaba un mundo que no me dejaban vivir, y me acostumbré a intentarlo por
izquierda. Sin embargo me gustaba mucho estudiar, era una buena alumna aunque
un poco nerd y muy contrera.
En la escuela comencé a reunirme con un grupo de chicas en oposición a una reforma educativa
inconsulta y a un Decreto (de la Torre) que impedía la organización de centros
de estudiantes. Las reuniones se hacían clandestinamente en el teatrino de la
ciudad universitaria, Allí hablábamos y hacíamos volantes contra la reforma
educativa y por una revolución, planificábamos actos relámpagos contra el
gobierno, en los que yo era la primera en correr para salvarme. Recuerdo una
vez que salimos del colegio de mujeres y fuimos a cambiarle el nombre al
colegio de varones Deán Funes tachando su nombre en la escuela con aerosol rojo
y negro, y cambiándolo por el de Che Guevara, porque allí había estudiado. En
estos actos, llegaba la policía y corríamos a escondernos con guardapolvo y
útiles de colegio en los bares cercanos donde alguna gente nos acogía de buena
gana. Había bronca contra los militares, ya había habido levantamientos como el
Cordobazo y el viborazo.
Una de las rebeliones que organizamos en el colegio fue el llamado
‘pantalonazo’. Es que en ese tiempo estaba prohibido ir vestido con pantalones a
la escuela. Debíamos concurrir con guardapolvo, medias de nylon, y pollera
larga que tapara las rodillas. Y hasta bombachudo negro debajo de ese pollerón
largo. Decidimos entonces correr la bola en forma de rumor que en el segundo
recreo nadie debía volver al aula, y pararnos en la escalera de salida. Llegó
el día y el momento, y todxs nos siguieron, aunque ninguna de las que andábamos
en esto se animó a hablar, cuando la Vice rectora nos enfrento preguntando
porque estábamos insubordinadas. Luego de una gran tensión, se oyó la voz de mi
hermana mas chica que resonó entre las 2000 alumnas, ‘ queremos ponernos
pantalones’. Al unísono, saltamos como tropel todas bajando las escaleras, casi
pasándole por encima a esta mujer que nos identificó y llamó a nuestra madre
increpándola por nuestra mala conducta. A lo que mi madre, que también era
profesora en esa escuela contestó que le parecía una idea genial la nuestra, porque hacía mucho frío y porque ya las chicas
de la noche lo tenían permitido. Dias después se autorizó su uso en escuelas de
la mañana y de la tarde. Ese año, luego de ese logro, varias veces logramos sacar
de ese modo a las chicas por distintos motivos, como por ejemplo en otra
jornada que se conoció como el ‘pulgazo’.
En el barrio también había amigos que estaban en la misma. Al principio, nos
reuníamos secretamente en un jardín de infantes los fines de semana para
programar actos relámpagos en el centro de Córdoba. Nuestros padres y la dueña
del jardín desconocían lo que hacíamos, nos habían dado la llave para regar las
plantas. Varios meses hablamos de quién llevaría el aserrín, como hacer las molotov,
de sincronizar los relojes para irrumpir todos juntos a las cinco en punto en
Colon y Gral Paz. Y cuando comenzó la batalla, los escuché cantar con pasión “PERON-
PERON”. Ahí me enteré que mis vecinos habían empezado a militar en el grupo peronista
Integralismo. Nunca lo habían dicho. Me aparté entonces y me fui pensando que
yo no estaba ahí por eso y fui acercándome a otros grupos que además de
antimilitaristas y antiautoritarios eran de izquierda.
Entendí un poco más cuando empecé a asistir a las asambleas de una Coordinadora
de Estudiantes Secundarios que empezó a reunirse en aulas de la ciudad
Universitaria y en el comedor estudiantil invitada por mi primer novio que
presidía ese encuentro y también por algunas charlas con mi hermana Laura, que
se había ido de mi casa, y ya estaba militando en el PST. Me importa recalcar
que hasta ahí, por formación familiar era muy anticomunista, pero en cosa de
meses terminé cantando la Internacional.
Dos o tres cosas me acercaron a la izquierda. Por un lado, el clima social
de protesta, ya que en todos lados resonaban voces revolucionarias. Voces
amigas de una familia cuyo padre trabajaba en Hidráulica, participaban juntosen
los actos relámpagos contra el gobierno y los militares. En gran parte también
por influencia de la música que en mi vida ha sido siempre mi gran compañera. Cantar a Guarany ‘si se calla el cantor’ ‘Gracias a la vida´ a Mercedes
Sosa, ‘Para la libertad’ a Joan Manuel Serrat, las canciones de la guerra civil
española a Paco Ivañez, todas voces anti autoritarias. En un abrir y cerrar de
ojos, mis hermanos y yo dejamos atrás al Club del clan para escuchar canciones de
protesta en el winco y a cantarlas con la guitarra.
1972
En ese año luego de un curso sobre las tesis de Fewerbach, dejamos de creer en Dios, cuando el negro Cesar Robles nos dijo que Dios no había creado al hombre, sino al revés y nos invitó a militar en el PST. Todavía hoy escucho hablar de estas tesis. Eramos varios en ese curso, pero nos hicimos de la juventud socialista tres amigas del barrio que íbamos al Carbó y ese novio que ya dije que tenía. En mi caso, pesó que este grupo además de socialista no era guerrillero ni peronista. Pesaba en mí el corto tiempo pasado con las chicas del LAR, el miedo que empecé a sentir por grupos que no consultaban a nadie para sus actos que se volvían cada vez más violentos, y mi formación familiar que veía al peronismo como autoritario. El socialismo era para mí, una continuidad con lo que había mamado en mi casa y con grupos católicos a los que concurría porque hacían unos campamentos hermosos, en los que empezábamos cantando ‘gloria Dios en las alturas’ con el cura Quinto Cargnelutti, para continuar cantando ‘dame tu mano hermano, y a ‘desalambrar’, todo casi sin darnos cuenta.
La música, la poesía, la gente cantando y luchando en esa Córdoba tan
insurrecta, fue dándole sentido a mi vida. Sin embargo, hoy me encuentro con
muchos amigos y vecinos y entiendo que fuimos unos pocos, una vanguardia, los
que elegimos ese camino. Dejamos atrás
poco a poco, lo planeado para nosotros por nuestros padres y por el sistema, Nos
volvimos creyentes en ese nuevo mundo que pensábamos que cambiaríamos. Y
dejamos mucho por y para ir a contramano. En mi caso al menos, no fue sin
miedo.
1973
Milité todo el
verano del 73 en una campaña que por primera vez tendría candidatos obreros y
socialistas: Coral y Paez. Pasamos todo
ese verano yendo a la casa del famoso obrero petizo Paez, de la fabrica FIAT,
dirigente del SITRAC SITRAM, del clasismo cordobés. Fue una experiencia muy
rica para una ‘pequebu’, como yo (así nos decían chicaneándonos). Paez nos
recibía a las tres nuevas de las
juventud socialista y a otros tantos, invadíamos haciendo de su casa un primer
comité del Polo socialista con sus vecinos, todas familias obreras militando
por el socialismo. No voy a contar demasiado sobre esta etapa, feliz muy feliz,
porque aquí me han pedido que cuente sobre la militancia en tiempos
dictatoriales. Pero fue un momento glorioso, con muchas esperanzas de cambio.
En ese año entré a la carrera de Historia de UNC, y militamos armando una
lista para las elecciones del centro de estudiantes. Eramos solo 3 o 4
compañeras y como necesitábamos tener 15 en una lista, le pedimos la libreta de
estudiantes a nuestras compañeras de estudios, que no sabían ni para qué nos
presentábamos y así pudimos hacernos escuchar con bastante debilidad. Era
difícil porque la vanguardia se identificaba con la consigna ´ni golpe ni
elección, REVOLUCIÓN’ y nosotras hablábamos de candidaturas obreras para las
elecciones. Nos silbaban y echaban de muchos lados tildándonos de reformistas.
Pero fuimos ganando respeto, y formando un equipo de militantes universitarios
del PST. En ese momento, el partido nos pidió a varios que nos fuéramos de la
universidad y trabajáramos con los colegios secundarios, porque allí veían que
se acercaba una vanguardia de jóvenes que no estaba tan influida por la
guerrilla y que se podría lograr mayor influencia que en la universidad.
Al poco tiempo de ganar las elecciones provinciales, Obregón Cano y Atilio
Lopez representando a la tendencia revolucionaria dentro del peronismo, fueron
destituidos primero por un golpe policial que luego ratificó Perón nombrando en
su lugar a un gobernador de origen militar. La situación entonces se tornó
caótica. La guerrilla pasó a la clandestinidad, y empezó la represión legal e
ilegal. Allanaban locales sindicales y políticos, como el del PST de la torre
de Humberto Primo, del cual se llevaron detenidos a un numeroso grupo de
militantes que luego buscaron nuevamente en marzo del 76.
El terrorismo de estado había empezado de la mano de un gobierno
democráticamente elegido y esperado durante 17 años consecutivos. El Perón que
esperaban era un enigma y eso los confundía bastante a los militantes
peronistas de la tendencia que añoraban a un Perón que no estaba resultando
peronista. El mismo PST mantenía cierta dualidad legalista y clandestina a la
vez. Empezamos a tener que irnos de nuestra casa, y dormir en casa de amigos o
familiares para que no nos encontraran. Muchos nos fuimos de nuestros barrios,
de nuestra casa, de nuestra escuela. Mataron a compañeros del PST, y fue muy
doloroso y trágico el asesinato de un compañero de Córdoba, César Robles,
dirección de la regional, que había viajado a Buenos Aires al funeral de varios
compañeros asesinados.
1975
Para enero de 1975 arreciaban las operaciones represivas ilegales, secuestrando, asesinando, volando locales partidarios, sindicales, y hasta cualquier manifestación cultural con alguna crítica En Córdoba, era temible el accionar del Comando Libertadores de América, organización para militar, versión vernácula de las TRES A.
El PST denunciaba este accionar bajo el gobierno de Isabel Perón, y realizábamos
acciones tendientes a comprometer la ayuda especialmente financiera que podía
darnos nuestra periferia amiga. Recuerdo que un compañero de Arquitectura
riojano nos invitó a realizar una campaña financiera y militante a La Rioja,
para solventar los gastos por las pérdidas ocurridas por la represión. Nos
invitó a su casa y nos alcanzó un padrón con nombres de personas a quienes
visitar en su nombre y en el del PST. Cuando llegamos a La Rioja, la compañera
que dirigía el grupo, propuso ir a la casa de gobierno a ver a Carlos Menem para
avisarle que haríamos la campaña, de modo de testear si no íbamos a ser recibidas
a balazos x su gobierno. Así fue que el susodicho, sentado en una oficina
forrada en pana roja y sentado en un sillón que parecía de la realeza, nos
autorizó sin problemas. Varios días estuvimos yendo y viniendo, conociendo a
gran cantidad de gente que colaboraba muy amigablemente. La campaña fue un éxito,
y cuando el 6 de enero nos despertamos, vimos en nuestros zapatos que varios de
estos nuevos contactos habían venido a dejarnos sus regalos, cartas, poemas,
dibujos y hasta caramelos, en agradecimiento!!! Se sentían muy comprometidos y valoraban que
gente de Córdoba y Buenos Aires del PST fuera a pedirles personalmente su
compromiso en tiempos tan duros. Algo
anecdótico, fue que se me ocurriera ir a pedirle a Menem su colaboración en
dinero cuando ya nos íbamos, porque suponía que lo haría para congraciarse con
una de nuestras compañeras a la que le echaba el ojo en la charla y a quien
descaradamente invitaba a volverse con él a Córdoba en su avioneta particular.
La sorpresa fue que nos dejó un sobre con mucho más de lo que habíamos juntado
en Chilecito. Así era este pintoresco y
vario pinto este personaje del peronismo que asumió en La Rioja vestido como
Facundo Quiroga, enarbolando consignas de la Juventud peronista y Montoneros,
para concluir gobernando para la derecha peronista y en connivencia con los
militares. Nuestra picardía estuvo en aprovecharnos de sus características, y
así militar sin que nos pasara nada en un tiempo en el que era moneda corriente
el accionar represivo desde el gobierno peronista.
Ese borde que tendíamos a desafiar, algunas veces corriendo riesgos
grandes, fue una constante en la vida militante de esos tiempos, y se fue deteriorando
y ya para mediados del 75 fuimos entrando de hecho en la clandestinidad. Todo
ese año nos reuníamos en las aulas de una iglesia de los salesianos, que
gentilmente nos prestaron durante años sin saber bien para que nos juntábamos.
Allí estudiamos con un nutrido grupo de estudiantes secundarios la Introducción
al libro El capital de Marx, armamos campamentos, y eso se extendió un tiempo
más durante el año 76 sin que nunca se destapara la olla de quienes eramos.
Es raro, pero a pesar de la represión se fue juntando un grupo lindo de
pibes de escuelas técnicas que habíamos conocido piqueteando en la puerta de
las escuelas. Varias veces nos llevaron detenidos, pero en mi caso, me soltaron
inmediatamente y no dejaron prontuario. Esto ocurría mucho. Podían detenerte, y
hasta matarte, pero también ocurría que caías en una comisaría menos jodida, y
te largaban y hasta te pedían que te portes bien.
1976
Durante el 76, llegue a vender revistas La Chispa, en Kioskos y en colegios
secundarios ya que el PST no creía que fuera peligroso, y hasta hicimos un
campamento con estudiantes secundarios que leían La Chispa. A mi entender de
hoy, teníamos bastante desconocimiento de la situación real de campos de
concentración y genocidio que se fue destapando después. A fines de ese año,
casi todos los compañeros que vivieron conmigo habían caído o se habían ido, y
yo había quedado a cargo de pibes que se habían tenido que ir de sus casas y
como yo, no tenían donde guardarse. Las casas que alquilábamos estaban ya
quemadas por la guerrilla. Recuerdo el
caso del alquiler de una casa que había pertenecido a una guerrillera famosa,
los militares cortaron las luces en la cuadra y se presentaron en patota, pero
no estábamos, la buscaban a ella, zafamos x minutos, pero al cabo de un rato
volvieron a buscarnos a nosotros que habíamos sido avisados por su familia. Otra
casa, tenía debajo de nuestra habitación una cárcel del pueblo, cosa que supe
cuando fui a levantarla al saber que estaba detenida la compañera que allí
vivía y nos lo contaron los dueños. Podría escribir un libro con los
inconvenientes que teníamos para vivir los que como yo quedamos en Córdoba. No
me acuerdo cuando se fueron los dirigentes que habían liderado unos años antes
al sector juvenil.
En mi casa familiar, el miedo y la desconfianza hacia mí porque seguía
militando, era total. Mi madre temía por mis hermanos más chicos y era tal su
angustia, ya que habían tenido que dejar sus trabajos echados por los
militares, cuando siempre habían tenido una vida cómoda y tranquila y ahora ni
los saludaban los vecinos...hoy me pregunto si sería por miedo que nos trataban
así, o simplemente porque apoyaban el nuevo régimen dictatorial. Tanta era la
desconfianza que no pude ni ir a estar con ellos en navidad. Tenía 22 años y
era una paria. Había tenido que dejar la facultad, me había separado de mi
pareja, no podía ir a mi casa familiar, ni a mi barrio de infancia, no podía ni
saludar a otros militantes si me los encontraba en la calle, ni que hablar de
reunirnos en una fiesta. Sin embargo, seguía trabajando en la Municipalidad de
Córdoba, lugar totalmente quemado. Medio mundo sabía que yo trabajaba allí
desde el 73. Y los militares en uno de los allanamientos de las casas en las
que viví me habían robado los documentos y mis recibos salariales que guardaba
año a año. Pero, si me iba de allí no tendría para comer, y si me quedaba me
podían detener. Nadie del PST se percataba de ese error. Cada día, esperaba que
me llevaran presa y por eso empecé a pedirle a la dirección del PST, que se
hicieran cargo de los militantes que estaban a mi cargo para poder irme a Bs
As. Finalmente en abril del 77 logré irme. Siempre me va a quedar el dolor de
no saber que paso después que me fui con los militantes secundarios, los
recuerdo siempre con mucho cariño…a Claudio W, Diógenes, Coki. Jesús, Esteban o
Cacho ! eran muy buenos pibes!
Algo
importante, fue que en marzo de 1976 cayó presa mi hermana Laura. Siempre ha
sido para mí como una madre en el mejor sentido de la palabra. Por eso fue un
golpe grande para mí y para mi familia su detención. Primero estuvo detenida en
la cárcel del Buen Pastor, ella en su testimonio recordará ese tiempo. Pero
desde afuera, con una hermana más chica, preparábamos jabones y tortas donde
incrustábamos mensajes para ella que entregábamos a las monjas, ya que esa
cárcel estaba intervenida por los militares, pero algunas monjas se encariñaban
con las chicas y les entregaban las cosas que nosotras le llevábamos. Ellas a
su vez nos entregaban pulloveres que Laura tejía con lana que le acercábamos. A
fines del 76 la trasladan a Buenos Aires a la cárcel de Devoto, donde concurrí
por primera vez en febrero del 77. Como no tenía donde parar, cuando la visité,
el PST me consiguió un lugar para ir a dormir en una pensión en Chacarita donde
vivía una novia de la infancia del petizo Páez. Era una mujer tan gorda como
generosa, no tenía más que una pieza y nos bañábamos en la cocina. Ella era una
bruja de verdad. Tenía mucho éxito al punto tal que hacían cola en la puerta
para atenderse con ella, que ayudaba con buenos consejos a gente que le llevaba
ropa de un enfermo para que los curara, o para que les leyera en una bola
blanca (supongo que era una bomba de luz robada de algún lado) el futuro. Ella
nos ayudaba por amor al petizo, y era muy gaucha y buena compañera. Fui 3 o 4
veces a quedarme en su pensión cuando venía a Bs.As. a visitar a Laura. Una vez
le pregunté si ella creía en todo lo que decía, y se largó a reír a carcajadas.
Mis visitas a Devoto fueron muy bizarras, ya que allí en la puerta de Devoto,
un policía encargado de la puerta, nos amenazaba gritándonos para que
hiciéramos dos filas, una para los subversivos y otro para los delincuentes. Un
día que ya no estaba, pregunté por Quintana, y por lo bajo, familiares de
presos comunes me contaron que le habían dado una paliza tremenda que no le
permitiría volver por un buen tiempo.
1977
Ir a Devoto era un riesgo para gente
joven, y yo llevaba noticias a las compañeras presas, noticias que algunas veces
me eran entregadas por Nora Sciapone y Reynaldo o por el Dr. Broquen, o por Virginia su secretaria. Hice locuras increíbles
para conseguir esos certificados. Yo no era de Buenos Aires, no tenía amigos y
nadie del PST podía darme su dirección. Una vez encontré a una conocida del bar
Emilio de mi barrio de infancia que me dio su dirección sabiendo para que era.
Resultado, se la llevaron presa porque ella llevo a dormir a su casa a un
policía, taquero le decía, que reviso sus cosas y le encontró mis periódicos
que guardaba en su casa. Otras veces me tomaba un tren, bajaba en Lomas,
identificaba una casa cerca de una comisaría. Iba a esa comisaria y les daba
esa dirección y me sentaba en la puerta de esa casa a esperar que me llevaran
el certificado, haciendo como que era casualidad que yo estuviera esperando
afuera.
En mi trabajo que era un banco, mentía todos los jueves diciendo que tenía
que ir a un kinesiólogo para poder llegar tarde fuera de horario luego de visitar
a mi hermana en Devoto. En ese tiempo yo era una máquina de mentir, para todo.
Nadie sabía la verdad de donde vivía ni con quien ni porque estaba sola en Buenos
Aires. Me había acostumbrado tanto a mentir!!! Tampoco le contaba a casi nadie
de mi militancia, porque desconfiaba de todos.
En 1978 entre a la carrera de Historia de nuevo, ahora en la Fac. de Filosofía
y me encontré con un lindo grupo de compañeros del PST, y pudimos juntar plata
y ropa para los presos, hacer fiestitas de grupos pequeños y me hice amigos
nuevos, entre los cuales estaba Luis Zamora. El ya era abogado y estudiaba
francés y filosofía. Por pedido de Laura
yo andaba buscando un abogado para una chica chilena del MIR a quien ningún
abogado quería defender, ni siquiera el Dr. Broquen. Existía el temor de que
vincularan a los militantes del PST con la guerrilla, ya que ellos muchas veces
les mentían a los militares diciéndoles que eran del PST. Se me ocurrió pedirle
a Luis que la defendiera, y contarle lo que ocurría en Devoto y también le
conté que había campos de concentración. Su reacción fue tan solidaria que unos
días después se presentó en Devoto para llevar su caso. Luego se incorporó al
CELS y también al PST. siempre me conmovió su valentía, y saber que fue quien
abrió la ESMA, solo su alma con un escribano, luego de tanto horror. Nadie se
animó a acompañarlo en ese momento.
1980
En el Joaquín hablábamos casi a calzón quitado. Estudiábamos en grupo, en
patota de 8 y hasta 10 juntos y cada fin de semana me iba a la casa de alguno
de ellos. Pibes que no sabían de mi pasado ni de mi presente tampoco. Eran unos 6 años menores que yo, recién
salían a la vida política y con ellos fue poder volver a vivir en una
polis...opinar de política!!! Aire fresco!!!
Había habido un centro estudiantil y sabíamos que hasta tenían un
desaparecido, Pasik, pero el clima que se vivía era como si eso hubiera
ocurrido en otro lado. El interventor del Joaquín, un profe de geografía
hablaba de instalar antenas parabólicas, y amenazaba a veces con sanciones que
nunca ocurrieron, era mas bien un hazme reir.
A lo sumo nos
trataba como a chiquilines, no nos daba permiso para andar por los cursos que
no eran los nuestros. Pero, la mayoría de los profes trabajaban tranquilos,
hacían lo que les parecía porque no existía casi control. Eran bastante
heterogéneos, radicales, liberales, no recuerdo ni un peronista, y hasta
partidarios de la dictadura como el profesor Chiapella. En el PST, al principio
solo estaba yo y había algunos simpatizantes, como después fueron José y
Leonardo, sin embargo nunca armamos un equipo con reuniones, solo actuábamos
espontáneamente. Yo en ese tiempo militaba en bancarios.
Entre algunos empezamos a hablar de organizar
un centro de estudiantes, haciendo algunas reuniones y fiestas donde nadie
decía de que organización política era, por precaución, aunque ya en forma
personal los de Historia teníamos algún conocimiento de quien era quien allí.
1981
Este grupo de estudiantes del Joaquin que trabajaron muchísimo organizando
a los estudiantes, estaban muy temerosos, habían tenido algunos episodios de
persecución y se enojaron mucho conmigo porque hablaba como miembro del PST
sintiendo que los ponía en peligro. Y fue tal el enojo que terminaron pidiendo
que no fuera más a las reuniones. Creo
que mi actitud, impulsada por el PST de querer hablar como militantes políticos
me alejo de ellos. Algo que revisaría si volviera a vivirlo, porque la mayoría
de ellos eran militantes muy luchadores, fueron el semillero de militancia gremial
docente cuando se recibieron. Se convirtieron en dirigentes sindicales de los
sindicatos y luchas que surgieron en los 80 y 90.
1982
Muchos fuimos varias veces a plaza de mayo entre abril y junio, una de las
veces con un cartel que decía APOYAMOS A NUESTROS SOLDADOS, ABAJO LA
DICTADURA. Cuando Galtieri anunció en
plaza de Mayo la rendición, fuimos en patota a voltearlo, y se desató una gran
represión. Recuerdo que prendimos fogatas en la calle para menguar el efecto de
los gases lacrimógenos. Toda esa lucha fue muy importante para derribar la
dictadura dentro de las aulas, de las calles, y de nuestras vidas. Porque si
bien fue el bando inglés quien los derrotó militarmente, el pueblo creció en
conciencia y salió a exigir. La consigna más cantada en la calle fue en
adelante saber que paso en Malvinas, con los desaparecidos y con la deuda
externa. Durante esos meses y los que siguieron a la derrota, impulsamos
petitorios, hubo rebeliones en las aulas ante situaciones de injusticias, y
hasta se irrumpió en dirección exigiendo cuentas al rector Lopez Raffo para poder pasar por las aulas en apoyo a los
soldados y porque no había cumplido con el cometido de conseguir un edificio
propio. Tener un edificio para el Joaquín fue nuestra principal reivindicación
durante años, sobre todo desde que ya no estábamos más en la calle San José, y
nos habíamos mudado a la planta alta del colegio Mariano Moreno, donde nos
sentíamos casi okupas.
1983

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