IRENE MARRONE


 

 

 Irene Marrone agosto, 2026. Militante Juventud Socialista.

 

Memoria de la militancia anti dictatorial. 1972- 1983

 Me cuesta recordar mi experiencia militante ya que empezó hace mucho tiempo a principios de los años 70’, cuando cursaba 4rto año del colegio normal Alejandro Carbó, en Córdoba. Hoy, a pedido de mi hermana Laura escribo esta memoria ya con 71 años. Como profesora de Historia, se bien que la memoria es una arcilla que se moldea siempre desde el presente. En este caso, voy a  recordar una etapa de mi vida militante, relacionada con mi paso por establecimientos educativos, entre 1971 y 1983.

Todo empezó como militancia anti autoritaria y antimilitar. Podría decir que tanto en mi casa, como en la escuela, y en la calle, enfrentaba las formas del régimen del Gral. Onganía. Aunque

mi rebelión se expresara en pequeñas cosas como usar el pelo suelto y largo, ponerme minifalda. Fumaba a escondidas, en el baño en los recreos con un grupo de revoltosas, con las que desafiábamos a profesores aburridos tomándoles el pelo, me escapaba por la ventana para irme un ratito a bailar a los de mis amigos vecinos. En fin, a mis 15 pintaba un mundo que no me dejaban vivir, y me acostumbré a intentarlo por izquierda. Sin embargo me gustaba mucho estudiar, era una buena alumna aunque un poco nerd y muy contrera. 

En la escuela comencé a reunirme con un grupo de chicas  en oposición a una reforma educativa inconsulta y a un Decreto (de la Torre) que impedía la organización de centros de estudiantes. Las reuniones se hacían clandestinamente en el teatrino de la ciudad universitaria, Allí hablábamos y hacíamos volantes contra la reforma educativa y por una revolución, planificábamos actos relámpagos contra el gobierno, en los que yo era la primera en correr para salvarme. Recuerdo una vez que salimos del colegio de mujeres y fuimos a cambiarle el nombre al colegio de varones Deán Funes tachando su nombre en la escuela con aerosol rojo y negro, y cambiándolo por el de Che Guevara, porque allí había estudiado. En estos actos, llegaba la policía y corríamos a escondernos con guardapolvo y útiles de colegio en los bares cercanos donde alguna gente nos acogía de buena gana. Había bronca contra los militares, ya había habido levantamientos como el Cordobazo y el viborazo.

Una de las rebeliones que organizamos en el colegio fue el llamado ‘pantalonazo’. Es que en ese tiempo  estaba prohibido ir vestido con pantalones a la escuela. Debíamos concurrir con guardapolvo, medias de nylon, y pollera larga que tapara las rodillas. Y hasta bombachudo negro debajo de ese pollerón largo. Decidimos entonces correr la bola en forma de rumor que en el segundo recreo nadie debía volver al aula, y pararnos en la escalera de salida. Llegó el día y el momento, y todxs nos siguieron, aunque ninguna de las que andábamos en esto se animó a hablar, cuando la Vice rectora nos enfrento preguntando porque estábamos insubordinadas. Luego de una gran tensión, se oyó la voz de mi hermana mas chica que resonó entre las 2000 alumnas, ‘ queremos ponernos pantalones’. Al unísono, saltamos como tropel todas bajando las escaleras, casi pasándole por encima a esta mujer que nos identificó y llamó a nuestra madre increpándola por nuestra mala conducta. A lo que mi madre, que también era profesora en esa escuela contestó que le parecía una idea genial la nuestra,  porque hacía mucho frío y porque ya las chicas de la noche lo tenían permitido. Dias después se autorizó su uso en escuelas de la mañana y de la tarde. Ese año, luego de ese logro, varias veces logramos sacar de ese modo a las chicas por distintos motivos, como por ejemplo en otra jornada que se conoció como el ‘pulgazo’.

En el barrio también había amigos que estaban en la misma. Al principio, nos reuníamos secretamente en un jardín de infantes los fines de semana para programar actos relámpagos en el centro de Córdoba. Nuestros padres y la dueña del jardín desconocían lo que hacíamos, nos habían dado la llave para regar las plantas. Varios meses hablamos de quién llevaría el aserrín, como hacer las molotov, de sincronizar los relojes para irrumpir todos juntos a las cinco en punto en Colon y Gral Paz. Y cuando comenzó la batalla, los escuché cantar con pasión “PERON- PERON”. Ahí me enteré que mis vecinos habían empezado a militar en el grupo peronista Integralismo. Nunca lo habían dicho. Me aparté entonces y me fui pensando que yo no estaba ahí por eso y fui acercándome a otros grupos que además de antimilitaristas y antiautoritarios eran de izquierda.

Entendí un poco más cuando empecé a asistir a las asambleas de una Coordinadora de Estudiantes Secundarios que empezó a reunirse en aulas de la ciudad Universitaria y en el comedor estudiantil invitada por mi primer novio que presidía ese encuentro y también por algunas charlas con mi hermana Laura, que se había ido de mi casa, y ya estaba militando en el PST. Me importa recalcar que hasta ahí, por formación familiar era muy anticomunista, pero en cosa de meses terminé cantando la Internacional.

Dos o tres cosas me acercaron a la izquierda. Por un lado, el clima social de protesta, ya que en todos lados resonaban voces revolucionarias. Voces amigas de una familia cuyo padre trabajaba en Hidráulica, participaban juntosen los actos relámpagos contra el gobierno y los militares. En gran parte también por influencia de la música que en mi vida ha sido siempre mi gran compañera.  Cantar a Guarany  ‘si se calla el cantor’ ‘Gracias a la vida´ a Mercedes Sosa, ‘Para la libertad’ a Joan Manuel Serrat, las canciones de la guerra civil española a Paco Ivañez, todas voces anti autoritarias. En un abrir y cerrar de ojos, mis hermanos y yo dejamos atrás al Club del clan para escuchar canciones de protesta en el winco y a cantarlas con la guitarra.

 

1972

En ese año luego de un curso sobre las tesis de Fewerbach, dejamos de creer en Dios, cuando el negro Cesar Robles nos dijo que Dios no había creado al hombre, sino al revés y nos invitó a militar en el PST. Todavía hoy escucho hablar de estas tesis. Eramos varios en ese curso, pero nos hicimos de la juventud socialista  tres amigas del barrio que íbamos al Carbó y ese novio que ya dije que tenía. En mi caso, pesó que este grupo además de socialista no era guerrillero ni peronista. Pesaba en mí el corto tiempo pasado con las chicas del LAR, el miedo que empecé a sentir por grupos que no consultaban a nadie para sus actos que se volvían cada vez más violentos, y mi formación familiar que veía al peronismo como autoritario. El socialismo era para mí, una continuidad con lo que había mamado en mi casa y con grupos católicos a los que concurría porque hacían unos campamentos hermosos, en los que empezábamos cantando ‘gloria Dios en las alturas’ con el cura Quinto Cargnelutti, para continuar cantando ‘dame tu mano hermano, y a ‘desalambrar’, todo casi sin darnos cuenta.

La música, la poesía, la gente cantando y luchando en esa Córdoba tan insurrecta, fue dándole sentido a mi vida. Sin embargo, hoy me encuentro con muchos amigos y vecinos y entiendo que fuimos unos pocos, una vanguardia, los que elegimos ese camino.  Dejamos atrás poco a poco, lo planeado para nosotros por nuestros padres y por el sistema, Nos volvimos creyentes en ese nuevo mundo que pensábamos que cambiaríamos. Y dejamos mucho por y para ir a contramano. En mi caso al menos, no fue sin miedo.

 

1973

  El 73 fue un parte aguas, tanto como después fue también para m´el 83.

Milité todo el verano del 73 en una campaña que por primera vez tendría candidatos obreros y socialistas: Coral y Paez.  Pasamos todo ese verano yendo a la casa del famoso obrero petizo Paez, de la fabrica FIAT, dirigente del SITRAC SITRAM, del clasismo cordobés. Fue una experiencia muy rica para una ‘pequebu’, como yo (así nos decían chicaneándonos). Paez nos recibía a las  tres nuevas de las juventud socialista y a otros tantos, invadíamos haciendo de su casa un primer comité del Polo socialista con sus vecinos, todas familias obreras militando por el socialismo. No voy a contar demasiado sobre esta etapa, feliz muy feliz, porque aquí me han pedido que cuente sobre la militancia en tiempos dictatoriales. Pero fue un momento glorioso, con muchas esperanzas de cambio.

En ese año entré a la carrera de Historia de UNC, y militamos armando una lista para las elecciones del centro de estudiantes. Eramos solo 3 o 4 compañeras y como necesitábamos tener 15 en una lista, le pedimos la libreta de estudiantes a nuestras compañeras de estudios, que no sabían ni para qué nos presentábamos y así pudimos hacernos escuchar con bastante debilidad. Era difícil porque la vanguardia se identificaba con la consigna ´ni golpe ni elección, REVOLUCIÓN’ y nosotras hablábamos de candidaturas obreras para las elecciones. Nos silbaban y echaban de muchos lados tildándonos de reformistas. Pero fuimos ganando respeto, y formando un equipo de militantes universitarios del PST. En ese momento, el partido nos pidió a varios que nos fuéramos de la universidad y trabajáramos con los colegios secundarios, porque allí veían que se acercaba una vanguardia de jóvenes que no estaba tan influida por la guerrilla y que se podría lograr mayor influencia que en la universidad.

Al poco tiempo de ganar las elecciones provinciales, Obregón Cano y Atilio Lopez representando a la tendencia revolucionaria dentro del peronismo, fueron destituidos primero por un golpe policial que luego ratificó Perón nombrando en su lugar a un gobernador de origen militar. La situación entonces se tornó caótica. La guerrilla pasó a la clandestinidad, y empezó la represión legal e ilegal. Allanaban locales sindicales y políticos, como el del PST de la torre de Humberto Primo, del cual se llevaron detenidos a un numeroso grupo de militantes que luego buscaron nuevamente en marzo del 76.

El terrorismo de estado había empezado de la mano de un gobierno democráticamente elegido y esperado durante 17 años consecutivos. El Perón que esperaban era un enigma y eso los confundía bastante a los militantes peronistas de la tendencia que añoraban a un Perón que no estaba resultando peronista. El mismo PST mantenía cierta dualidad legalista y clandestina a la vez. Empezamos a tener que irnos de nuestra casa, y dormir en casa de amigos o familiares para que no nos encontraran. Muchos nos fuimos de nuestros barrios, de nuestra casa, de nuestra escuela. Mataron a compañeros del PST, y fue muy doloroso y trágico el asesinato de un compañero de Córdoba, César Robles, dirección de la regional, que había viajado a Buenos Aires al funeral de varios compañeros asesinados.

 

 

1975

            Para enero de 1975 arreciaban las operaciones represivas ilegales, secuestrando, asesinando, volando locales partidarios, sindicales, y hasta cualquier manifestación cultural con alguna crítica En Córdoba, era temible el accionar del Comando Libertadores de América, organización para militar, versión vernácula de las TRES A.

El PST denunciaba este accionar bajo el gobierno de Isabel Perón, y realizábamos acciones tendientes a comprometer la ayuda especialmente financiera que podía darnos nuestra periferia amiga. Recuerdo que un compañero de Arquitectura riojano nos invitó a realizar una campaña financiera y militante a La Rioja, para solventar los gastos por las pérdidas ocurridas por la represión. Nos invitó a su casa y nos alcanzó un padrón con nombres de personas a quienes visitar en su nombre y en el del PST. Cuando llegamos a La Rioja, la compañera que dirigía el grupo, propuso ir a la casa de gobierno a ver a Carlos Menem para avisarle que haríamos la campaña, de modo de testear si no íbamos a ser recibidas a balazos x su gobierno. Así fue que el susodicho, sentado en una oficina forrada en pana roja y sentado en un sillón que parecía de la realeza, nos autorizó sin problemas. Varios días estuvimos yendo y viniendo, conociendo a gran cantidad de gente que colaboraba muy amigablemente. La campaña fue un éxito, y cuando el 6 de enero nos despertamos, vimos en nuestros zapatos que varios de estos nuevos contactos habían venido a dejarnos sus regalos, cartas, poemas, dibujos y hasta caramelos, en agradecimiento!!!  Se sentían muy comprometidos y valoraban que gente de Córdoba y Buenos Aires del PST fuera a pedirles personalmente su compromiso en tiempos tan duros.  Algo anecdótico, fue que se me ocurriera ir a pedirle a Menem su colaboración en dinero cuando ya nos íbamos, porque suponía que lo haría para congraciarse con una de nuestras compañeras a la que le echaba el ojo en la charla y a quien descaradamente invitaba a volverse con él a Córdoba en su avioneta particular. La sorpresa fue que nos dejó un sobre con mucho más de lo que habíamos juntado en Chilecito.  Así era este pintoresco y vario pinto este personaje del peronismo que asumió en La Rioja vestido como Facundo Quiroga, enarbolando consignas de la Juventud peronista y Montoneros, para concluir gobernando para la derecha peronista y en connivencia con los militares. Nuestra picardía estuvo en aprovecharnos de sus características, y así militar sin que nos pasara nada en un tiempo en el que era moneda corriente el accionar represivo desde el gobierno peronista.

Ese borde que tendíamos a desafiar, algunas veces corriendo riesgos grandes, fue una constante en la vida militante de esos tiempos, y se fue deteriorando y ya para mediados del 75 fuimos entrando de hecho en la clandestinidad. Todo ese año nos reuníamos en las aulas de una iglesia de los salesianos, que gentilmente nos prestaron durante años sin saber bien para que nos juntábamos. Allí estudiamos con un nutrido grupo de estudiantes secundarios la Introducción al libro El capital de Marx, armamos campamentos, y eso se extendió un tiempo más durante el año 76 sin que nunca se destapara la olla de quienes eramos.

Es raro, pero a pesar de la represión se fue juntando un grupo lindo de pibes de escuelas técnicas que habíamos conocido piqueteando en la puerta de las escuelas. Varias veces nos llevaron detenidos, pero en mi caso, me soltaron inmediatamente y no dejaron prontuario. Esto ocurría mucho. Podían detenerte, y hasta matarte, pero también ocurría que caías en una comisaría menos jodida, y te largaban y hasta te pedían que te portes bien.

 

1976

 Desde mediados del 75’, viví medio  escapada en varias casas (5). Todas cayeron y en todas me salvé por un pelito. Una vez, terminé durmiendo en una escribanía sentada, a la que entraba de noche, gracias a una llave trucha que me había hecho el sobrino de la dueña. A veces iba a lo de una tía y su hija, a quienes estaré agradecida porque nunca me cerraron la puerta, y hasta dormí en el jardín del Palacio Municipal. Un día, escondida allí entre los árboles, ya que no tenía a donde ir, porque los amigos con miedo no te recibían, vi pasar a un compañero de Ingeniería, en su moto, quien desobedeciendo las órdenes de no des tabicarnos, me llevo a lo de otro compañero a quien también le doy las gracias siempre que lo veo, porque fue la última casa en la que viví en Córdoba en paz.

Durante el 76, llegue a vender revistas La Chispa, en Kioskos y en colegios secundarios ya que el PST no creía que fuera peligroso, y hasta hicimos un campamento con estudiantes secundarios que leían La Chispa. A mi entender de hoy, teníamos bastante desconocimiento de la situación real de campos de concentración y genocidio que se fue destapando después. A fines de ese año, casi todos los compañeros que vivieron conmigo habían caído o se habían ido, y yo había quedado a cargo de pibes que se habían tenido que ir de sus casas y como yo, no tenían donde guardarse. Las casas que alquilábamos estaban ya quemadas por la guerrilla.  Recuerdo el caso del alquiler de una casa que había pertenecido a una guerrillera famosa, los militares cortaron las luces en la cuadra y se presentaron en patota, pero no estábamos, la buscaban a ella, zafamos x minutos, pero al cabo de un rato volvieron a buscarnos a nosotros que habíamos sido avisados por su familia. Otra casa, tenía debajo de nuestra habitación una cárcel del pueblo, cosa que supe cuando fui a levantarla al saber que estaba detenida la compañera que allí vivía y nos lo contaron los dueños. Podría escribir un libro con los inconvenientes que teníamos para vivir los que como yo quedamos en Córdoba. No me acuerdo cuando se fueron los dirigentes que habían liderado unos años antes al sector juvenil.

En mi casa familiar, el miedo y la desconfianza hacia mí porque seguía militando, era total. Mi madre temía por mis hermanos más chicos y era tal su angustia, ya que habían tenido que dejar sus trabajos echados por los militares, cuando siempre habían tenido una vida cómoda y tranquila y ahora ni los saludaban los vecinos...hoy me pregunto si sería por miedo que nos trataban así, o simplemente porque apoyaban el nuevo régimen dictatorial. Tanta era la desconfianza que no pude ni ir a estar con ellos en navidad. Tenía 22 años y era una paria. Había tenido que dejar la facultad, me había separado de mi pareja, no podía ir a mi casa familiar, ni a mi barrio de infancia, no podía ni saludar a otros militantes si me los encontraba en la calle, ni que hablar de reunirnos en una fiesta. Sin embargo, seguía trabajando en la Municipalidad de Córdoba, lugar totalmente quemado. Medio mundo sabía que yo trabajaba allí desde el 73. Y los militares en uno de los allanamientos de las casas en las que viví me habían robado los documentos y mis recibos salariales que guardaba año a año. Pero, si me iba de allí no tendría para comer, y si me quedaba me podían detener. Nadie del PST se percataba de ese error. Cada día, esperaba que me llevaran presa y por eso empecé a pedirle a la dirección del PST, que se hicieran cargo de los militantes que estaban a mi cargo para poder irme a Bs As. Finalmente en abril del 77 logré irme. Siempre me va a quedar el dolor de no saber que paso después que me fui con los militantes secundarios, los recuerdo siempre con mucho cariño…a Claudio W, Diógenes, Coki. Jesús, Esteban o Cacho ! eran muy buenos pibes!

            Algo importante, fue que en marzo de 1976 cayó presa mi hermana Laura. Siempre ha sido para mí como una madre en el mejor sentido de la palabra. Por eso fue un golpe grande para mí y para mi familia su detención. Primero estuvo detenida en la cárcel del Buen Pastor, ella en su testimonio recordará ese tiempo. Pero desde afuera, con una hermana más chica, preparábamos jabones y tortas donde incrustábamos mensajes para ella que entregábamos a las monjas, ya que esa cárcel estaba intervenida por los militares, pero algunas monjas se encariñaban con las chicas y les entregaban las cosas que nosotras le llevábamos. Ellas a su vez nos entregaban pulloveres que Laura tejía con lana que le acercábamos. A fines del 76 la trasladan a Buenos Aires a la cárcel de Devoto, donde concurrí por primera vez en febrero del 77. Como no tenía donde parar, cuando la visité, el PST me consiguió un lugar para ir a dormir en una pensión en Chacarita donde vivía una novia de la infancia del petizo Páez. Era una mujer tan gorda como generosa, no tenía más que una pieza y nos bañábamos en la cocina. Ella era una bruja de verdad. Tenía mucho éxito al punto tal que hacían cola en la puerta para atenderse con ella, que ayudaba con buenos consejos a gente que le llevaba ropa de un enfermo para que los curara, o para que les leyera en una bola blanca (supongo que era una bomba de luz robada de algún lado) el futuro. Ella nos ayudaba por amor al petizo, y era muy gaucha y buena compañera. Fui 3 o 4 veces a quedarme en su pensión cuando venía a Bs.As. a visitar a Laura. Una vez le pregunté si ella creía en todo lo que decía, y se largó a reír a carcajadas. Mis visitas a Devoto fueron muy bizarras, ya que allí en la puerta de Devoto, un policía encargado de la puerta, nos amenazaba gritándonos para que hiciéramos dos filas, una para los subversivos y otro para los delincuentes. Un día que ya no estaba, pregunté por Quintana, y por lo bajo, familiares de presos comunes me contaron que le habían dado una paliza tremenda que no le permitiría volver por un buen tiempo.

 

1977

 Al venirme a vivir a Buenos Aires, visitaba a Laura cada jueves y tenía que presentar un certificado de domicilio, lo cual era una odisea. El PST me había pedido que no diera mi dirección de domicilio real en la cárcel por temor a que me buscaran allí alguna vez. Y ese certificado debía entregármelo en el domicilio la policía de la comisaria más cercana.

Ir  a Devoto era un riesgo para gente joven, y yo llevaba noticias a las compañeras presas, noticias que algunas veces me eran entregadas por Nora Sciapone y Reynaldo o por el Dr. Broquen,  o por Virginia su secretaria. Hice locuras increíbles para conseguir esos certificados. Yo no era de Buenos Aires, no tenía amigos y nadie del PST podía darme su dirección. Una vez encontré a una conocida del bar Emilio de mi barrio de infancia que me dio su dirección sabiendo para que era. Resultado, se la llevaron presa porque ella llevo a dormir a su casa a un policía, taquero le decía, que reviso sus cosas y le encontró mis periódicos que guardaba en su casa. Otras veces me tomaba un tren, bajaba en Lomas, identificaba una casa cerca de una comisaría. Iba a esa comisaria y les daba esa dirección y me sentaba en la puerta de esa casa a esperar que me llevaran el certificado, haciendo como que era casualidad que yo estuviera esperando afuera.

En mi trabajo que era un banco, mentía todos los jueves diciendo que tenía que ir a un kinesiólogo para poder llegar tarde fuera de horario luego de visitar a mi hermana en Devoto. En ese tiempo yo era una máquina de mentir, para todo. Nadie sabía la verdad de donde vivía ni con quien ni porque estaba sola en Buenos Aires. Me había acostumbrado tanto a mentir!!! Tampoco le contaba a casi nadie de mi militancia, porque desconfiaba de todos.

En 1978 entre a la carrera de Historia de nuevo, ahora en la Fac. de Filosofía y me encontré con un lindo grupo de compañeros del PST, y pudimos juntar plata y ropa para los presos, hacer fiestitas de grupos pequeños y me hice amigos nuevos, entre los cuales estaba Luis Zamora. El ya era abogado y estudiaba francés y filosofía.  Por pedido de Laura yo andaba buscando un abogado para una chica chilena del MIR a quien ningún abogado quería defender, ni siquiera el Dr. Broquen. Existía el temor de que vincularan a los militantes del PST con la guerrilla, ya que ellos muchas veces les mentían a los militares diciéndoles que eran del PST. Se me ocurrió pedirle a Luis que la defendiera, y contarle lo que ocurría en Devoto y también le conté que había campos de concentración. Su reacción fue tan solidaria que unos días después se presentó en Devoto para llevar su caso. Luego se incorporó al CELS y también al PST. siempre me conmovió su valentía, y saber que fue quien abrió la ESMA, solo su alma con un escribano, luego de tanto horror. Nadie se animó a acompañarlo en ese momento.

 

1980

 Mi vida en esos años cambió mucho. Dejé Filo y entré al Profesorado Joaquin V.Gonzalez. Había examen de ingreso y curso eliminatorio, al que no concurrí pero entre igual porque no era muy difícil, Ese año entré un tropel de alumnos al Joaquín. No cabíamos en las aulas. Para mí fue una segunda oportunidad en la vida. Sentir que era un ser normal, esa fue mi casa, allí sentía que no había represión, como en la facultad, donde había desaparecido mi compañera de banco, militante reciente del PCML de apenas  18 años y su hermano menor.

En el Joaquín hablábamos casi a calzón quitado. Estudiábamos en grupo, en patota de 8 y hasta 10 juntos y cada fin de semana me iba a la casa de alguno de ellos. Pibes que no sabían de mi pasado ni de mi presente tampoco.  Eran unos 6 años menores que yo, recién salían a la vida política y con ellos fue poder volver a vivir en una polis...opinar de política!!! Aire fresco!!!

Había habido un centro estudiantil y sabíamos que hasta tenían un desaparecido, Pasik, pero el clima que se vivía era como si eso hubiera ocurrido en otro lado. El interventor del Joaquín, un profe de geografía hablaba de instalar antenas parabólicas, y amenazaba a veces con sanciones que nunca ocurrieron, era mas bien un hazme reir.

A lo sumo nos trataba como a chiquilines, no nos daba permiso para andar por los cursos que no eran los nuestros. Pero, la mayoría de los profes trabajaban tranquilos, hacían lo que les parecía porque no existía casi control. Eran bastante heterogéneos, radicales, liberales, no recuerdo ni un peronista, y hasta partidarios de la dictadura como el profesor Chiapella. En el PST, al principio solo estaba yo y había algunos simpatizantes, como después fueron José y Leonardo, sin embargo nunca armamos un equipo con reuniones, solo actuábamos espontáneamente. Yo en ese tiempo militaba en bancarios.

             Entre algunos empezamos a hablar de organizar un centro de estudiantes, haciendo algunas reuniones y fiestas donde nadie decía de que organización política era, por precaución, aunque ya en forma personal los de Historia teníamos algún conocimiento de quien era quien allí.

 

1981

 En 1981 el PST caracterizaba que la situación política había empezado a cambiar, el gobierno de Viola hablaba de conversar con los partidos políticos, y fue cuando se impulsó que nos presentáramos abiertamente como representantes del PST frente a nuestros compañeros de modo público.  Así fue que empezamos a decir soy del PST, no quiero esconderme más, hay que pelear nuestro derecho a pertenecer a un partido políticos, y cosas así. Pero muchos lo veían riesgoso, especialmente los compas del centro o pro centro de estudiantes.

Este grupo de estudiantes del Joaquin que trabajaron muchísimo organizando a los estudiantes, estaban muy temerosos, habían tenido algunos episodios de persecución y se enojaron mucho conmigo porque hablaba como miembro del PST sintiendo que los ponía en peligro. Y fue tal el enojo que terminaron pidiendo que no fuera más a las reuniones.  Creo que mi actitud, impulsada por el PST de querer hablar como militantes políticos me alejo de ellos. Algo que revisaría si volviera a vivirlo, porque la mayoría de ellos eran militantes muy luchadores, fueron el semillero de militancia gremial docente cuando se recibieron. Se convirtieron en dirigentes sindicales de los sindicatos y luchas que surgieron en los 80 y 90.

 

1982

 El 30 de marzo de 1982, el profesorado Joaquin V.Gonzalez que aún residia  en Rivadavia y San José, era un hervidero. La CGT había decretado un paro general y muchísima gente marchó hacia el Congreso, encabezados x Ubaldini y Pérez Esquivel. Los estudiantes del profesorado nos juntábamos a participar en el Bar de Osvaldo, quien con su familia era nuestro amigo y aliado para todas las cosas, luchas, fiestas y amoríos que ocurrían en el Joaquín. Y desde allí salíamos a la calle a reclamar hasta que los carros hidrantes nos perseguían y nos refugiábamos de nuevo en el mítico bar de Osvaldo. Entrábamos y salíamos peleando contra los camiones hidrantes. Esa noche nos refugiamos 10 cros, en un dept.. cercano que era de José.  A la madrugada me fui de allí, convencida que se los iban a llevar, pero ninguno me creyó. Me equivoqué, ya  que si bien seguramente nos habían seguido, la línea del gobierno era otra. Al día siguiente liberaron a los presos del 30 de marzo, entre ellos a Pérez Esquivel y a Ubaldini...a partir de allí la suerte nuestra cambió y nos empezamos a mover con mucha libertad.  El 2 de abril los militares tomaron Malvinas y disminuyó la represión. En esos días ya nadie estudiaba, nos pasábamos la tardeen los pasillos pintando carteles, haciendo pancartas, reunidos en asamblea hablando de MALVINAS. La gran mayoría era solidaria con los soldados, había una fuerte conciencia antiimperialista en el profesorado de Historia. Se notaba muy movilizados a los estudiantes de Historia y de Castellano, menos en el de Inglés, pero para Malvinas estábamos casi todos. Sin embargo,  hubo un grupito de militantes del centro de estudiantes que consideró  equivocado el apoyo a nuestro bando argentino contra los ingleses, porque estaba dirigido por los militares.

Muchos fuimos varias veces a plaza de mayo entre abril y junio, una de las veces con un cartel que decía APOYAMOS A NUESTROS SOLDADOS, ABAJO LA DICTADURA.  Cuando Galtieri anunció en plaza de Mayo la rendición, fuimos en patota a voltearlo, y se desató una gran represión. Recuerdo que prendimos fogatas en la calle para menguar el efecto de los gases lacrimógenos. Toda esa lucha fue muy importante para derribar la dictadura dentro de las aulas, de las calles, y de nuestras vidas. Porque si bien fue el bando inglés quien los derrotó militarmente, el pueblo creció en conciencia y salió a exigir. La consigna más cantada en la calle fue en adelante saber que paso en Malvinas, con los desaparecidos y con la deuda externa. Durante esos meses y los que siguieron a la derrota, impulsamos petitorios, hubo rebeliones en las aulas ante situaciones de injusticias, y hasta se irrumpió en dirección exigiendo cuentas al rector Lopez Raffo  para poder pasar por las aulas en apoyo a los soldados y porque no había cumplido con el cometido de conseguir un edificio propio. Tener un edificio para el Joaquín fue nuestra principal reivindicación durante años, sobre todo desde que ya no estábamos más en la calle San José, y nos habíamos mudado a la planta alta del colegio Mariano Moreno, donde nos sentíamos casi okupas.

 

1983

 El gran cambio que provocó Malvinas, dejó a los estudiantes muy empoderados. Recuerdo que empezó un gran debate para cambiar el Estatuto o Reglamento General. El país entero salía a la calle, recuerdo marchas donde me sentaba en una heladería de Corrientes a gente marchar horas. Diría que fue el momento de institucionalización de los cambios que veníamos conquistando especialmente desde Malvinas. El patio central del colegio Moreno fue tomado como foro donde la participación fue mayúscula. Los estudiantes venían con el estatuto estudiado y discutían punto x punto buscando democratizar hasta el último detalle. En ese contexto surgieron nuevos dirigentes, pibes que nunca habían militado en nada, y que le ponían todo corazón a este cambio que buscaba democratizar todo. Recuerdo que el PST lo caracterizó como REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA. En ese contexto, se habilito a los partidos a participar en elecciones y nosotros decidimos volcarnos a los barrios a abrir locales y presentar candidatos socialistas. A partir de ese momento, toda mi fuerza militante la volqué a abrir un local en un barrio de la pcia. De Buenos Aires y ya no participe casi en el Joaquín. Fue en ese contexto, que un grupo del centro de estudiantes, llamado grupo INICIATIVA, quienes venían desde el 81 tratando de armar el centro de estudiantes, ganaron a esa vanguardia.

 


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